Celebración de días mundiales, ¿par qué?

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Los días de celebraciones internacionales establecidos en el calendario son de dos categorías: absurdos e importantes. Eso si, ambos tienen en común que discurren sus 24 horas y, al día siguiente, si te he visto no me acuerdo. Todo sigue igual frente a la falta de decisiones drásticas contra la hambruna, las peores enfermedades, los refugiados, o la mayor agresión posible contra el derecho a la igualdad que es la violencia de género contra las mujeres. ¿Es que todo esto interesa que siga así?

Hay tantos días conmemorativos de algo como casi los 365 días del año. Hasta este artículo, no tenía ni idea de que el 10 de mayo es el día de limpiar tu habitación, el 6 de junio el día del Yoyó, el mismo día, pero de julio, el de los besos, o que en un 12 de diciembre se celebra el día de los pensamientos inconfesables. Aplicándome este último día mundial, voy a eludir la tentación de insultar a nadie y pasar página hacia cuestiones más constructivas. Por eso me dedicaré a enunciar otros días que son muy importantes para millones de personas, los celebran bajo penalidades muy diversas, sin encontrar las respuestas necesarias que buscan y que tan justamente reclaman, no un día, sino todos.

A los estúpidos días del comienzo, se contraponen otros que casi todos conocemos, y de los que casi todos pasamos si no nos afecta directamente.. El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer; el 21 de marzo el de la Discriminación Racial; el 7 de abril se reserva a la Salud; el 12 de junio es de lucha contra el Trabajo Infantil y ocho días después se está a favor de los Refugiados; al 10 de octubre le toca la Salud Mental y al 17 la Erradicación de la Pobreza. Ya en noviembre, el 25, hay una jornada dedicada al Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. De todos los meses del año, diciembre, quizás por la llegada de las Navidades que son el preámbulo de un nuevo año, concentra muchos días y muchas causas: SIDA, Esclavitud, Discapacidad, Corrupción, los Derechos Humanos, el Migrante, para terminar con el Día Internacional de la Solidaridad Humana que se celebra cada 20 de diciembre. Asumo que va a resultar muy contradictorio reivindicar la importancia de estas fechas, para, a renglón seguido, interrogar: ¿Y para qué sirve?. Depende del asunto que se trate, para nada, no sirve para nada. En casi todos los temas de reivindicación humana y social vamos para atrás en vez de avanzar. Y lo mismo sucede con las enfermedades, porque los Estados, que son los que tienen el poder y la pasta, están ensimismados con la tecnología militar y el espacio, en vez de dedicar a la ciencia y a la investigación los recursos necesarios para dar más prontas respuestas a las preocupaciones corrientes que nos invaden, caso del cáncer, que a tantos familiares y amigos se nos lleva al cabo del año, mientras la rabia y la impotencia nos crece por dentro.

 “En casi todos los temas de reivindicación humana y social vamos para atrás en vez de avanzar”

La jornada posterior a cada día internacional es una más. Es cierto que se refleja en los titulares de los medios, pero la conciencia social, especialmente cuando se vive en la opulencia, escasea cada vez más. El periodismo libre tiene aún mucha labor por delante para denunciar todo lo que no se está haciendo, incluida la penosa y deficiente labor que llevan a cabo los importantes organismos internacionales como la ONU, junto a todopoderosas ONGs vinculadas a la riqueza, que tienen más presupuesto que cualquier país de la Asía pobre. Con tanto dinero como se ha dedicado a la pobreza en el mundo, ¿cómo es posible que cada vez haya más? No crean que caigo en la sensiblería típica del momento prenavideño, porque esta y otras muchas preguntas hay que hacérselas durante todo el año, y denunciar la creciente insolidaridad dominante frente a los grandes problemas de la humanidad como el clima, la hambruna, la sanidad, la educación y el desencuentro total entre religiones y culturas, que se da en la actualidad y que lleva a lo que todos sabemos.

Jamás debiéramos de haber entrado en este siglo con la misma mochila cargada de problemas arrastrados durante todo el XX. Estamos como al principio, y la prueba más palpable es que año tras año se repiten los mismos días internacionales contra esto y aquello, dentro de una labor que resulta más mediática que efectiva. Es cuanto menos curioso que cuando un país poderoso quiere resolver un problema, caso del ébola que podía haber llegado a Europa y  Estados Unidos proveniente de África, se resuelve casi de un plumazo. Todo lo demás, que no es poco, parecen Expedientes X sin solución a la vista. Nada nos saldrá gratis cuando dejamos a su suerte a refugiados, hambrientos y enfermos, que muy bien podría ser, todo junto, el titulo de otro día internacional, y establecer para ello una fecha que no esté ya ocupada en el calendario por otra de estas conmemoraciones que no sirvan para casi nada.

 “Con tanto dinero como se ha dedicado a la pobreza en el mundo, ¿cómo es posible que cada vez haya más?”

 

 

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