CARRRO DE LA COMPRA CARO

Artículo publicado por Miguel del Río en el Diario Montañés.- 5 de octubre de 2012

Siempre he admirado a esas personas que van al supermercado con la lista de la compra escrita en papel para abastecerse de lo preciso, e incluso con pequeña calculadora para sumar lo que adquieren. Poco conocido es que las ruedas de los carros giran mal para que el carrito tire más para las estanterías de productos que para la puerta de salida. La vida es muy cara, y la comida un disparate. Otro indicio está en que Santander es la décima ciudad española más cara a la hora de echar mano de la cartera para pagar el carro de la compra que, al final, nos lleva siempre al arrepentimiento de haber metido tanto en su interior, porque el papel de la cuenta llega a ser tan largo como una corbata. La carne, el pescado, las frutas y hortalizas están prohibitivos, frase común de las amas de casa a la

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hora de ser preguntadas sobre cómo ven la cesta de la compra. Lo que vale el champú correspondiente a droguería, no se aleja mucho de un buen filete, y, así, sumas y te muerdes los labios. España no se ajusta a su realidad, y el comer y el beber puede echar la casa a perder, como dice el refrán.

3217069277_27a7419b60_oEl Gobierno tendría que atender más la petición popular de controlar los precios acorde a lo mal que están las cosas. Llego a entender como el emprendedor se lo piensa tanto a la hora de abrir un negocio del que comer, pero en cambio la apertura de grandes supermercados es constante, y crea empleo. ¡Por algo será! Porque para no vender nada, no se hacen tan grandes superficies de comestibles. Como contrapartida, antes íbamos al super que mejor nos pillaba. Ahora no. Ahora miramos los precios, los descuentos, el dos pagando uno, y los cupones de regalo para que la próxima vez que acudas los cambies por un secador de pelo. Los consumidores cada día somos más vivos, que no es lo mismo que asegurar que vivimos bien.

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