Capítulo II de la tragedia Covid y aprender de nuestros errores

El disfrute vacacional del verano ha resultado horroroso para frenar la expansión del Covid. Con suma urgencia, debemos aprender de nuestros errores, al igual que afrontar lo que queda de año con absoluta disciplina en todo lo que acometamos a diario. Es necesario para ello Implicar a la ciudadanía. Debemos asumir una especie de carta social de compromiso con la salud del país y de sus habitantes.

“La noche me confunde”. Es una de esas frases intrascendentes, que surgen en España de cuando en cuando. Poco importa el origen de la expresión, quién la pronunció primero, pero termina por calar entre la gente, que la hace popular, máxime con la mencionada expresión, por lo nocturnos y divertidos que resultamos los españoles, incluso ahora que el Covid regresa en plan tsunami, como la pandemia mundial, no controlada, que es.

Como ya hicimos tantos a mitad del confinamiento, sobre el coronavirus leo lo que leo, porque la falsedad, manipulación y alteración de hechos está a la orden del día. Pese a todo, me hago eco, por estar muy de acuerdo, con esta noticia: “Los expertos creen que España sufre los efectos del ansia de la desescalada”. No van desencaminados los científicos, a quienes tan poco se ha tenido en cuenta hasta ahora, pero es normal por otra parte salir a la calle con ganas de hacer de todo, cuando has estado casi tres meses enclaustrado entre las cuatro paredes que es un hogar. El problema es que no hubo nada de pedagogía, especialmente con los jóvenes, sobre el después al famoso “Quédate en casa”.

El Covid exige una sociedad casi marcial, que no existe, porque el capítulo II que vivimos respecto a la pandemia sucede en todas partes. Por no haber, ya no quedan tampoco países que den ejemplo, como ocurría con Portugal. Este virus exige una mínima y controlada circulación de personas por el mundo, y era predecible que el verano se erigiría en la peor época, porque es cuando más se viaja a los destinos elegidos, caso de nuestro país. Incluso como mejor prevención hubiera sido necesario no permitir traslados entre regiones españolas, pero ¿cómo se hace esto?

Queda y quedará por tanto la acción individual, que es lo que hacemos cada uno a diario para no incurrir en el contagio del virus. Mantengo que vamos a aprender a la fuerza lo de la mascarilla y la distancia social. Volvemos a los peores datos de la cuarentena, que no se va a repetir porque la economía terminaría por romperse del todo. Aseguramos que las tecnologías como el e-mail o el wasap han dado la puntilla a la carta que se envía por correo. Al Gobierno le falta esta misiva con todos los ciudadanos. Una especie de carta social donde se exprese lo que nos jugamos, más el papel que debemos desempeñar cada uno, ahondando en el uso de la mascarilla, la distancia social y la protección de nuestro sistema sanitario y sus miembros.

“Este virus exige una controlada circulación de personas. Hubiera sido necesario no permitir traslados entre regiones, pero ¿cómo se hace esto?”

O el mensaje contra el Covid es el mismo y en todas partes, como también piden los expertos, o paulatinamente pasaremos de la tranquilidad al desasosiego, generado por muertes, contagios, situación de residencias de mayores, a las puertas como estamos de la vuelta al colegio (¡Menudo problema!). El Covid del marketing debe dejar paso al Covid del compromiso. ¿Qué compromiso es este? Actuar responsablemente frente a un coronavirus que no va a dar tregua. Asumir que la vacuna tardará. Y entender que cada familia, con todos sus miembros, debe garantizar su propia seguridad y la de los demás. Aquí es donde se ha perdido un tiempo precioso. En instruir a los ciudadanos en todo lo que han de hacer, y no sólo poner la mirada en las quedadas de los jóvenes, que tienen unos padres que deberían controlar las salidas de sus hijos, y a qué horas lo hacen, con una hostelería nocturna ya cerrada, por mandato  legal.

En lo que resta de verano, y de cara al otoño e invierno, debemos reiniciarnos en lo relativo al coronavirus. Estando inmersos en el confinamiento no resultó creíble que los seres humanos cambiaríamos ciertas actitudes. Lo que no se puede permitir es que muchos no asuman que determinadas cosas ya no puedan ser iguales, por motivos de salud pública. Una sociedad responsable es la que impone coherencia acerca de lo que es mejor para la mayoría, y de ahí surgen  medidas dolorosas pero necesarias. El turismo, la hostelería y miles de empresas no pasan por su mejor momento, aunque me gustaría destacar su labor de intentar hacerlo  bien, para que los españoles disfrutemos del veraneo, vacaciones o salidas. Mientras, la noche no confunde al Covid, que sigue contagiando, porque las concentraciones multitudinarias son el peor comportamiento, el más insolidario de todos, frente al virus. Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante todo aquello que percibamos se hace mal. Lo de la sociedad española adormecida y paralizada empieza a ser escandaloso, dado el peligro que corremos en la actualidad, además de la demoledora losa que ha caído encima de nuestra economía. La relajación en la prevención contra el coronavirus es algo en lo que no deberíamos haber caído. Ahora más que nunca, los medios de comunicación y las redes sociales deben ser los mayores transmisores de exigir esa responsabilidad. Vale que la cosa se ha puesto nuevamente muy fea, que regresa la emergencia sanitaria y aumentan contagiados y muertos. La lista de culpas y culpables podría llegar a ser interminable. En cambio, hay que tomarlo como una nueva oportunidad de frenar lo que está pasando y actuar todos a una, como es debido.

“Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante lo que se hace mal. Lo de la sociedad española adormecida empieza a ser escandaloso”

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