“Bye bye” al Ferry Santander-Irlanda que se queda Bilbao

Lejos de entrar en polémicas dentro de Cantabria, yo entonaría un “tomamos nota”, a la marcha a Bilbao del Ferry entre Santander e Irlanda. Tampoco voy a reparar en culpas, salvo las que tenemos nosotros mismos, por ser tan poco ruidosos. Lo veremos en el dinero que recibamos de los próximos Presupuestos del Estado, de cara a construir las infraestructuras que necesitamos, para no perder ni ferris ni nada.

Nací en un año en que un joven político se hacía con las riendas del que conocemos como país más poderoso de la tierra. Mitineaba ya entonces acerca de que  los problemas del mundo no pueden ser resueltos por escépticos o cínicos, cuyos horizontes están limitados por las realidades obvias. Hablaba asimismo que necesitamos de personas que puedan “soñar con cosas que nunca fueron”. Pero igualmente alertaba, un siglo atrás, de que con demasiada frecuencia disfrutamos de la comodidad de la opinión, sin la incomodidad del pensamiento. John Fizgerald Kennedy (JFK), el autor de todas estas frases, nunca estuvo en Cantabria, él se lo perdió, aunque sus reflexiones valen para cualquier momento y lugar del mundo, máxime cuando se trata de despertar y actuar como es debido ante los problemas cotidianos.

Y es que Cantabria atraviesa por un momento económico y social delicado,  comprometido por los numerosos expedientes de regulación de empleo de algunas de sus empresas punteras. Otro asunto, no menor, es la falta de oportunidades laborales para los jóvenes que emprenden vuelo a otras regiones y países. Igual que la exigencia, siempre actual, de la necesidad imperiosa de nuevas y mejores infraestructuras, que nos ponga al día en carreteras, trenes y puertos, esencialmente el de Santander. Bien, siendo todo ello preocupante, esto último, lo de las infraestructuras, continuamente ha sido la Espada de Damocles de Cantabria, ante su futuro y competitividad, y para no estar en inferioridad de condiciones con regiones limítrofes como son el País Vasco, Asturias o Castilla y León.

En este estado de cosas, aspirando a hacer realidad proyectos que son de justicia y reclamación vieja, nunca comprendida y atendida (somos pocos habitantes para tener un AVE, dicen en Madrid), si algo no se puede permitir Cantabria es perder lo que ya tiene. Acaba de ocurrir con la marcha al Puerto de Bilbao del Ferry Santander-Irlanda, que viene atracando en la bahía santanderina.

“Aspirando a hacer realidad proyectos de justicia y reclamación vieja, si algo no se puede permitir Cantabria es perder lo que ya tiene”

Contando con sus dotaciones, como los ferris a Inglaterra e Irlanda, el Puerto de Santander es la joya de la industria cántabra y, como tal, absolutamente estratégico para el presente y futuro de esta comunidad autónoma. Dicho más alto pero no más claro, sin un puerto en constante renovación, como viene sucediendo con el de Bilbao o Gijón, no tendremos demasiado que hacer a la hora de ser elegidos como enclave de primera, para implantar nuevos proyectos empresariales que generen empleos.

La pérdida de esta línea marítima que gana Bilbao se achaca a diferentes cuestiones, según quien sea el portavoz que las pone en circulación mediática. Unos culpan a la poca seguridad y los muchos polizones que se cuelan en el puerto santanderino. Otros a que las infraestructuras del puerto bilbaíno avanzan a velocidad de rayo, mientras las del santanderino a velocidad de tortuga. Y otra cuestión que he leído es la supuesta ventaja portuaria de Bilbao por encontrarse a las afueras de aquella ciudad, en tanto el de Santander está en el mismo centro urbano de la capital cántabra. No estoy de acuerdo con ninguna de estas excusas, porque la culpa de lo que nos pasa hay que buscarla, simple y llanamente, en nosotros, por la forma de ser que tenemos y lo poco y mal que defendemos lo nuestro. Nada que achacar en este sentido a lo que consiguen vascos, catalanes o gallegos,reivindicativos donde los haya. La importancia que tiene Cantabria en el mapa nacional se va a comprobar en los próximos Presupuestos del Estado, que están ya en redacción para su  aprobación a mitad de año.

Otra cuestión es que los vascos nunca abandonan sus pretensiones, se trate del Puerto de Bilbao, de la Y Vasca o del Guggenheim, que primeramente se nos ofreció aquí y no lo quisimos. Nosotros, como ellos, deberíamos plantear de manera constante que el partido aún no ha concluido, hasta que un día regrese a Santander el Ferry a Irlanda. Tal y como lo veo, España está en claro abandono de la solidaridad entre regiones, para pasar a una competencia durísima, que conlleva apropiarse de las empresas ubicadas en otros lugares, encandilando a sus dueños con las bondades de inmejorables infraestructuras, caso vasco, que otros no tenemos. Por eso tomaría como una lección a no repetir que el Puerto de Bilbao se quede con el Ferry a Irlanda que tenía el Puerto de Santander. Sin que suene amenazante (algo que se hace de habitual desde la política vasca o catalana respecto al Gobierno Central), echo en falta como respuesta a lo ocurrido ese “tomamos nota”. Los votos en el Congreso de los Diputados, con tan estrecho margen para aprobar o rechazar medidas concretas, es el escenario ideal para ponerlo en práctica. Porque, desde luego, el “bye bye” al Ferry Santander-Irlanda que se queda Bilbao, es un navajazo en pleno corazón de la ya de por sí enfermiza economía cántabra.

“La culpa de lo que nos pasa hay que buscarla en nosotros, por la forma de ser que tenemos y lo poco y mal que defendemos lo nuestro”

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