La Selectividad en el camino de los sueños

Para qué castigarse: la Selectividad, ahora EBAU, es un trago que hay que pasar si quieres estudiar una carrera. Esta cita anual de comprobar el saber acumulado por los estudiantes es pasto de críticas, principalmente por ser diferente según autonomía. Importa más en cambio que los aspirantes sientan que su esfuerzo tendrá recompensa futura, porque consigan un puesto de trabajo que les facilite ganarse la vida.  

El antes y el después de la Selectividad, ahora EBAU, verdaderamente se aprecia, trabajando en lo que has estudiado y teniendo unas condiciones laborales dignas, que ahora no existen para los jóvenes. Cada año se convierte en una gran cita educativa, pero por motivos diferentes. Lo principal es lo que está en juego para los estudiantes, que han decidido cursar estudios superiores y el corte de nota que les exigen para determinadas carreras. La mente del aspirante antes del día y la hora H se debate en un mar de nervios, ansiedades, junto a constantes subidas y bajadas de moral y optimismo. Creer más en uno mismo, confiar en tus posibilidades, lo puedes encontrar ya dentro de la carrera, pero, desde luego, en el bachillerato y luego la Selectividad, no.

La EBAU es cada año como una diana contra la que lanzar dardos porque en cada comunidad autónoma se hace de una manera, los contenidos de los exámenes son diferentes y, también, las exigencias. Puedes leer que han quedado muy contentos los alumnos de Canarias por lo que les ha caído en la Selectividad, y que los de Valencia están muy disgustados con la prueba de matemáticas, pensándose incluso crear grupo propio de afectados ante semejante afrenta. Una vez la pasas, y apruebas, no te vuelves a acordar de ella en la puñetera vida. Es algo que mantengo por experiencia propia y porque también he preguntado a otros que la superaron, pero que jamás han vuelto a tener la más mínima conversación sobre la materia.

“Confiar en tus posibilidades, lo puedes encontrar ya dentro de la carrera,  pero en el bachillerato y luego la Selectividad, no”

No cuestiono la existencia de una Selectividad, que es como la voy a seguir llamando, porque en esto estriba el problema esencial de la educación en España. Lo voy a resumir de la siguiente manera. Cada poco tiempo cambian las cosas, y casi siempre es para ir a peor. Es el embolado nacional por excelencia. Llega un nuevo Gobierno y cambia todo lo del anterior, aunque hubiera cosas o aspectos que funcionaban o rendían bien. ¿Que por qué se hace? Pues supongo que por un protagonismo mal planteado, ya que se piensa más en lo individual que en lo general, y así nos va, al menos en lo que a educación se refiere. No hace falta ser un lince para llegar a semejante conclusión, ya que son los propios profesores de la educación española, precisamente a quienes más se debiera escuchar, los que se han quedado afónicos de tanto repetir que hay que salvaguardar y unificar las excelencias de nuestro sistema educativo, y dejar de lado el partidismo que ha provocado que seamos uno de los países europeos que más leyes educativas ha aprobado en el tiempo que llevamos dentro de la Unión Europea.

Hablando de la UE. Soy totalmente pesimista con su mantenimiento en el futuro, no ya por el Brexit, los populismos y los nacionalismos. Lo que más me preocupa, lo que más echo en falta, es una educación común en los 28 países actuales. En Italia es así, en Eslovenia asao, en Dinamarca tiene nombre alegre: Folkeskole, y no digamos lo de Inglaterra y sus tradiciones escolares, protagonistas de tantísimas películas. Europa no se encuentra ni se encontrará mientras no tenga una Constitución y educación comunes. Actualmente, es muy difícil coger ya este camino, porque manda la economía y todo lo consustancial a ella, como la perversa balanza entre invertir o recortar más.

No es que me haya desviado con la educación en Europa a la hora de hablar de la Selectividad. Es que esta última tiene muy poca o nula credibilidad con lo que le espera después a los alumnos en las diferentes carreras, y no digamos a la hora de emplearte en lo que has venido estudiando durante cuatro años, más el master posterior. Habría que exigir seriedad en todos los procesos. A alguien que se le exige una EBAU, tras un bachillerato duro, y con lo que cuesta estudiar en este país, se le debieran de otorgar  garantías respecto a lo que va a encontrar el día de mañana en materia laboral. Desde que te hagan becario para trabajar en un puesto de responsabilidad no remunerado, conocer la precariedad laboral de que te contraten solo por horas, hasta llegar a lo que te van a pagar que, para no tener que profundizar, lo zanjo con señalar que no te da ni para respirar. De mis palabras se puede deducir la sensación de que defraudamos a nuestros estudiantes. Afirmativo.  

“Los profesores se han quedado afónicos de repetir que hay que salvaguardar y unificar las excelencias de nuestro sistema educativo”

Dejar un comentario

Una falta de privacidad que mata

El derecho a la intimidad de las personas, reconocido en la propia Constitución, ha quedado muy tocado con el teléfono móvil y todo lo que es capaz de propagar. Una mujer se acaba de quitar la vida por un vídeo que se reenvió por la fábrica en la que trabajaba. Las acusaciones se cruzan, pero todos somos rebaño de esta sociedad actual, tan apoyada en el cotilleo y la difusión de rumores e intimidades ajenas.

El suicidio de una trabajadora de Iveco (voy a omitir su nombre en todo momento) es un caso más, no el último, dentro de todo el desorden mental que en la sociedad actual mantenemos respecto al mal uso de las nuevas tecnologías que derivan de ese Gran Hermano en que se ha convertido el teléfono móvil. Un vídeo privado, personal, que empieza a circular, que genera comentarios, chismorreos, críticas dañinas, ganas de ver de cerca a su protagonista, hasta que ésta decide quitarse la vida. La noticia toma una gran dimensión, los medios la retuercen de manera insoportable, especialmente para la familia de la difunta, y nadie parece ser consciente del daño infringido antes, durante y después del grave suceso.

La privacidad, en este caso la falta de ella, mata. Las acusaciones se dirigen a todas partes, desde la ex pareja, compañeros, la propia empresa y los sindicatos que han de velar por la integridad laboral y personal de los trabajadores. Pero en realidad todos tenemos la culpa de que ocurran dramas como el de esta joven mujer que toma la drástica decisión de suicidarse, al sentirse completamente ultrajada en su intimidad. En este país somos dados a buscar pronto culpables, nos gusta señalar con el dedo, reenviar a otros el vídeo o la foto que protagoniza una determinada persona, sin que haya dado autorización alguna para que ese momento, solo suyo, de su vida, sea de conocimiento público.  

“Somos dados a reenviar el vídeo o la foto que protagoniza una persona, sin que haya dado autorización  para que sea de conocimiento público” 

Cobra protagonismo en las redes sociales el que más insulta o polemiza, muchos jóvenes quieren ser influencers, Internet es ya un desbarajuste, porque unos acceden mejor, otros no, y ya no podemos sentirnos satisfechos con solo decir que es la autopista más amplia hacia el conocimiento jamás conocida. No, porque a través de Internet también se propaga como un virus maligno todo aquello más necesariamente combatible como el odio, el racismo, la xenofobia o la intolerancia ideológica o religiosa. En este nuevo contexto, la privacidad, como la de la trabajadora de Iveco, se está convirtiendo en uno de los bienes más preciados. Estamos secuestrados por debates abiertos como el acoso escolar, el laboral, por supuesto el machismo, y como nexo común de cada uno de estos problemas sociales está el no respeto a la intimidad de los demás.

Si la legislación no se cumple, como en mucho de lo relacionado con protección de datos, y el sistema educativo se ve superado por problemas donde aparecen vídeos, fotografías, tuits o wasaps, el día a día, aunque se trate de una multinacional que fabrica vehículos comerciales, no va a ser diferente de las nuevas costumbres que hemos adquirido de cotillear a través del móvil. Debería desaparecer de Internet cualquier referencia a esta mujer cuyo nombre, insisto, no voy a reproducir y todo lo que ha sucedido. Sería un claro pronunciamiento sobre que estamos dispuestos a cambiar las cosas, a no repetir errores que desembocan en hechos tan escalofriantes como que una joven trabajadora se quite la vida porque entre sus compañeros circula un vídeo en el que ella aparece, y nadie ha respetado su derecho a que no trascienda, porque lo quiere así, y punto.

No barajo confianza alguna de que del arrepentimiento inicial de los muchos que pudieron ver este vídeo, surja el efecto en ellos de no reincidir en el mal comportamiento de no respetar, sencillamente respetar. Su compañera de trabajo se vio sola ante el acoso terrible al que estaba siendo sometida. Nadie debería sufrir ansiedad tan espantosa, pero ella fue rehén de lo que prima en estos tiempos: el cotilleo, la intromisión en la vidas ajenas y las noticias que muchas veces tienen más que ver con la estupidez que con la seriedad de unos hechos noticiables. Sobra decir que donde más vemos este panorama es por televisión y sus muchos realitys en los que millones de personas estarían gustosas de participar. Aunque pocas se habrán hecho la pregunta de ¿para qué?

“Debería desaparecer de Internet cualquier referencia a esta mujer cuyo nombre no voy a reproducir y todo lo que ha sucedido”

Dejar un comentario

Joven trabajador recibe su primer sueldo

J

Esperemos que tras estos años aciagos por la crisis, la insolidaridad nacionalista y la confrontación política, se retorne al discurso de las mejoras sociales. En la primera hoja de la agenda económica se debe anotar que nuestros jóvenes cobren un sueldo digno por el trabajo que desempeñan. Porque ahora resulta insoportable que, tras la dificultad de encontrar un empleo, te añadan como insulto al esfuerzo lo poco que te van a pagar.  

Los libros de historia me aclaran que salario viene del latín salarium, que significa pago en sal o por sal. Y es que en el antiguo Imperio Romano,  muchas veces se compensaba a los soldados con sal, valiosísima entonces, dado que con ella se conservaba la carne, poniéndola en salazón. Así se fue pasando la pelota a la moneda, el billete, las malas y buenas condiciones laborales, los derechos legales, los sindicatos, el paro y las prestaciones por desempleo, hasta llegar a la Reforma Laboral en España, una de tantas, pero en este caso la del año 2012, en plena crisis económica.

Si en este país tenemos hoy en día un agujero social deplorable, por supuesto incluso por delante de todos los asuntos políticos, al frente de los cuales está Cataluña, son las nóminas que se pagan a los jóvenes trabajadores, cuando tienen la suerte, que esa es otra, de acceder a su primer empleo. A tiempo, es surrealista someter a quienes buscan un trabajo a todo tipo de exigencias, entre formalizar solicitudes, entregar brillantes curriculums, hacer pruebas y entrevistas, a la espera de un sí definitivo que va acompañado de la noticia de que vas percibir mensualmente entre 300 y 400 euros

“Es surrealista someter a quienes buscan un trabajo a todo tipo de  pruebas y entrevistas, para percibir mensualmente entre 300 y 400 euros” 

Esta nueva legislatura política acaba de arrancar pero urge un gran acuerdo para regresar a situaciones anteriores a la gran crisis económica, y las condiciones laborales, los sueldos y las oportunidades de los jóvenes dentro de las empresas deben estar en el punto primero de este acuerdo nacional. Desde este 2019, y como un Decreto Ley de Protección Social, se ha introducido en todas las empresas el denominado registro obligatorio del horario. Esta medida supone en la práctica que todos los trabajadores fichen al entrar y salir del trabajo. Pero es una auténtica contradicción calificar este hecho como de protección social, cuando lo que realmente esperan los trabajadores es disponer de unas buenas condiciones laborales que les permitan afrontar sus gastos y llegar a final de mes. Ahora, con los sueldos actuales de quienes comienzan, ni una cosa ni la otra. En abril de este año, el comisario de asuntos económicos y financieros de la Unión Europea, Pierre Moscovici, fue tajante a la hora de ofrecer un titular claro a un periódico español: “Tras los grandes sacrificios en España, llega la hora de subir los salarios”.

Está claro, al menos yo lo veo así, que España no ha tenido demasiado tiempo en los dos últimos años para afrontar los deberes más perentorios. Hemos perdido mucho tiempo con lo de Cataluña (seguimos en ello), las elecciones se han sucedido, el Brexit ha descolocado a toda la UE, y la llegada de nuevos líderes a la política, caso de Donald Trump, está resituando bloques, acuerdos, tratados e intereses comerciales. Donde antes reinaba la paz y los beneficios, ahora ya no es tanto. Esto tiene un nombre que no es otro que incertidumbre. Aunque todo lo que esperamos para el futuro de nuestros hijos hay que reconstruirlo desde ahora. No podemos soltarles cada dos por tres el soflama de que el mundo es suyo, de que son ellos y ellas los que tienen que cambiar las cosas y solucionar los viejos problemas del planeta, y darles el trato presente actual, en relación a sus estudios y esfuerzo personal, que lógicamente han de ser recompensados con empleos dignos y bien remunerados.

Puede que no sea políticamente correcto decir que el empleo actual que se crea en nuestro país es malo, precario y abusivo para lo que al final se paga. Pero, estimados lectores, es lo que hay. Desde luego, la Unión Europea y los Estados que la conforman, no pueden sentirse hoy por hoy orgullosos de las diferentes clases de trabajadores que estamos creando, que es lo que sigue a cuando un país acomete una nueva reforma laboral. La consecuencia es que se va a peor. Puede que haya muchos temas de actualidad, muchas batallas que librar en lo político y lo social, pero la economía de los jóvenes trabajadores requiere de toda la atención reivindicativa por parte de todos los sectores sociales, con los medios de comunicación al frente. Y es que cuando un joven trabajador recibe su primera nómina, en la mayoría de los casos, el hecho merece todo un reportaje de denuncia.

“Puede que no sea políticamente correcto decir que el empleo que se crea en nuestro país es malo y abusivo para lo que se paga, pero es lo que hay”

Dejar un comentario

El medio rural, cuando interesa

De repente, se habla de la España vacía como si fuera una novedad. Aquí sí que el CIS tendría que hacer una macroencuesta para preguntar a los habitantes de muchos pueblos sobre el secular abandono de ciertos territorios, lo que desemboca en la marcha de los vecinos y la despoblación porque no nacen niños. A la espera de propuestas que den la vuelta a la situación, habría que empezar por asumir el concepto de que, como las ciudades, los pueblos tienen el mismo derecho al desarrollo.

Debido a semejante periodo electoral tan prolongado en el tiempo, ahora se habla mucho de la España vacía. Es una manera nada acertada de buscar nueva denominación, acorde al mundo global, de lo que siempre hemos conocido como los pueblos, el campo o las zonas rurales, como más les guste. Creo haber leído lo suficiente respecto a proyectos planteados para el mantenimiento y desarrollo de los pueblos de España, no sé si se ha preguntado a los propios afectados, pero lo que sí tengo muy claro es que la despoblación rural en nuestro país va unida a la crisis y a que cada vez se les suprimen más servicios, como puede ser el caso de no contar con una simple oficina bancaria.

Asumir sin más que muchos habitantes de pueblos tengan que esperar un tiempo a que recale por el lugar el cajero rodante de un banco determinado, no sé cómo lo llamarán a eso ustedes, pero yo lo he conocido toda mi vida como retraso en vez de avance. En las ciudades escuchamos estas noticias y nos da igual. Pero los que sienten de verdad el abandono son los habitantes de tantos y tantos pequeños municipios, que tienen los mismos derechos que el resto de ciudadanos, y he aquí la gran cuestión que se dilucida a la hora de hablar, como simple propaganda, del avance rural, para luego no hacer lo que muchas personas esperan de las promesas.

“La despoblación rural va unida a la crisis y a que cada vez se les suprimen más servicios, como contar con una simple oficina bancaria”

El ejemplo de las oficinas bancarias se puede extender a empresas, negocios, servicios educativos y sanitarios y, por supuesto, al normal funcionamiento de la luz, el agua, el gas o la señal de la televisión, la telefonía móvil o Internet. Hemos asimilado sin más la frase hecha de que los jóvenes se van de los pueblos por falta de oportunidades. ¡Cómo no! Es la misma cantinela desde antes de la Transición y la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea. Muchos piensan que las gentes del campo viven de las subvenciones europeas, y con eso ya lo tienen todo dicho. Donde quede el trabajo, el esfuerzo, el sufrimiento, el bajo pago de precios a su madrugadora labor, de todo esto se habla menos. Así llegamos a la auténtica realidad que no es otra que solo quienes viven en el medio rural saben lo que hay, y también lo que pueden esperar de las promesas que han escuchado a lo largo de su vida, primero sus bisabuelos, después sus abuelos, siguiendo con sus padres y, ahora, ellos. Por eso también les entran tantas dudas del camino que les gustaría que siguieran sus hijos, quizás no tan esforzado como el que agricultores y ganaderos llevan a cabo a destajo.  

Desde hace tantos años que ni sé, en España solo se habla de infraestructuras para las ciudades y nada para los pueblos. Partiendo de esta premisa, realmente hay poco que esperar de cara al futuro. O cambia la mentalidad dentro de las instituciones del poder y el reparto justo del presupuesto (los votos), o el declive del medio rural seguirá el mismo camino que lleva hoy en día. En las grandes ciudades disfrutamos de los alimentos que en gran medida se cultivan y producen en el campo, pero no basta ver las cosas con tan gran simplicidad de miras, sino somos capaces de mejorar las condiciones de millones de ciudadanos que quieren continuar haciendo sus vidas en los pueblos en que han nacido. Vivir y trabajar donde uno es oriundo se ha convertido en España en un anhelo poco más que imposible. No debiera ser así y por eso el desarrollo y la prosperidad de que se habla habitualmente depende mucho de quien cuente la historia. Todo se instala en las grandes ciudades, y los pueblos quedan muy bonitos para que los urbanitas vayan a visitarlos los fines de semana y de paso comer en algunos de sus restaurantes. Por eso el municipalismo ha sido siempre tan importante, porque los vecinos quieren ver que sus problemas cercanos son acometidos y solucionados. Los grandes ayuntamientos reciben quejas y sugerencias y existe garantía de ver las cosas cambiadas a mejor. Pero no olvidemos que en los pueblos también se pagan impuestos, y algunos llevan con reivindicaciones a cuestas desde el siglo XIX. De ahí que no me tomo tan en serio oír hablar de una España vacía que, en realidad, siempre ha estado así.   

“Desde hace tantos años que ni sé, en España solo se habla de  infraestructuras para las ciudades y nada para los pueblos”

Dejar un comentario

No ensuciéis la memoria de Mauthausen

Pisar suelo de Mauthausen, el campo de exterminio nazi, y en el uso de la palabra en un acto por parte de una representante de la Generalitat de Cataluña, hablar de presos políticos en España, es una de las actitudes más indecentes que me ha tocado leer dentro de la actualidad cotidiana. Evidentemente, vivimos en todas partes tiempos confusos, que pretenden anteponer las inmoralidades al respeto, la memoria y el recuerdo a los auténticos mártires de las atrocidades, como el Holocausto, cometidas por esto que llamamos humanidad.

Yad Washem significa en hebreo “memoria y nombre”. Pero Yad Washem es también el Museo del Holocausto de Jerusalén. Se fundó en 1950, con una misión clara: difundir el genocidio nazi de más de 6 millones de asesinados, y que su memoria permanezca siempre viva para que jamás se repita algo así. En el año 2011, el museo ya contaba con 130.000 instantáneas para el recuerdo, fotografías que pueden ser consultadas en su web. 56 fueron los campos de exterminio donde se perpetraron todos estos asesinatos. Algunos de estos nombres nos suenan más que otros, como es el caso de de Auschwitz, Mauthausen, Dachau, Buchenwald o Treblinka. Yo contaba con quince o dieciséis años cuando leí la historia del campo de Treblinka que recoge su nombre de una aldea polaca. Nunca he olvidado el contenido de aquel espeluznante relato y hasta qué punto fue capaz de llegar la raza humana con las cámaras de gas y los hornos crematorios.

Todo lo contrario de los no leídos, capaces de pronunciar las mayores afrentas, sin que parezca importarles nada ni nadie. Esto pasó precisamente el domingo 5 de mayo de 2019. Se celebraba en Mauthausen un homenaje a los republicanos españoles que fueron deportados a este campo austriaco. En el conocido como muro de las lamentaciones tomó la palabra la directora general de Memoria Democrática de la Consejería de Justicia de la Generalitat, Gemma Doménech. Y habló en estelugar de los políticos catalanes que están siendo juzgados por el Tribunal Supremo, a los que se refirió como “presos políticos”, y queriendo como engarzar el pasado con el presente.

“Se celebra en Mauthausen un homenaje a los españoles deportados y la directora de Memoria de la Generalitat habla de políticos presos”

Uno puede ser y pensar lo que quiera, dar la brasa hasta la saciedad como hacen los separatistas catalanes, pero nunca se debe perder de vista que para muchas personas existe una historia de mucho sufrimiento, como fue todo lo acontecido en la II Guerra Mundial y, en concreto, el nazismo y el fascismo. Provocar permanentemente a la sana ciudadanía española tiene límites claros que hace tiempo se han sobrepasado, y como muestra clara esto sucedido en Mauthausen. Hizo bien la ministra de Justicia del Gobierno de España en abandonar el acto, tras escuchar esa comparación que quiso hacer la representante de la Generalitat (¿aún está en el cargo?) con lo que ocurrió allí y lo que sucede en la España actual. Con todo, los máximos representantes del Estado español no deben abandonar escenarios, y sí controlar mediante la diplomacia que no vuelva a suceder algo como lo de  Mauthausen.

Como persona viajada, no exagero nada si digo que España es uno de los países más democráticos que existen en el mundo. Gracias a ello, puede haber personas como esta directora general de Memoria Democrática de la Consejería de Justicia de la Generalitat. Pero no se puede mentir impunemente, de manera reiterada, te llames Pep Guardiola, Lluís Llach, Gerard Piqué o Gemma Doménech.

En su agenda política, social y económica, el nuevo Gobierno tiene mucho trabajo por delante, pero algunas cuestiones son más urgentes que otras. En el caso de la situación de Cataluña, es imperioso que acaben las falsedades, provocaciones y fake news constantes que funcionan muy bien en el exterior y que perjudican la reputación de España. Toda esta propaganda que se hace desde el Gobierno catalán poniendo en solfa al resto del país se paga con dinero de todos los contribuyentes. No pierden oportunidad dentro y fuera de hablar mal de España, pero que no falte el dinero que se inyecta periódicamente desde el Ministerio de Hacienda para mantener a flote las maltrechas finanzas de la Generalitat. Es una deslealtad institucional dañina, permanente y sin escrúpulos. La comedia protagonizada en Mauthausen debe suponer ya, para el Gobierno de España y también para el de la Generalitat, el final de tanta patraña que no va a ningún sitio, salvo porque se cabrea a demasiados colectivos, como ha sido el caso de las Comunidades Judías de España, que han cargado contra el Govern por “banalizar el Holocausto”. Y es que así ha sido, ni más ni menos.

“En el caso de Cataluña es imperioso acabar con las falsedades y provocaciones que funcionan muy bien en el exterior”

Dejar un comentario