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Machismo de pensamiento, palabra, obra y omisión

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En España siempre hay una última declaración machista, que provoca rechazo e indignación, hasta la siguiente vez. Si de verdad somos el país que decimos, no debiera de haber una próxima vez. Frente al deber y la obligación de los poderes públicos en contra del machismo, destaca la labor y el coraje de muchos protagonistas anónimos dentro de las redes sociales. Ponen las cosas en su sitio cada vez que se produce un nuevo exabrupto contra las mujeres.

Mi generación se educó con el retintín de que los niños aprenden todo lo que ven a sus mayores, sea bueno o malo. Hoy es al revés, los mayores nos sorprendemos de lo que pueden llegar a saber los más jóvenes, y aunque algunos se encojan de hombros, nada más tienen que mirar hacia Internet. La democracia y las libertades son los claros aliados de idénticos derechos, y entre éstos debería ocupar la posición más alta la igualdad entre hombres y mujeres. No ocurre así de pensamiento, porque si el machismo no estuviera estacionado permanentemente dentro de la cabeza de tanto macho como anda suelto, no habría que preocuparse por sus consecuencias. La palabra, concreto más, faltar o insultar, es la demostración habitual de los exabruptos machistas, sin olvidar la escrita, porque en este país tenemos como libro de cabecera del machismo el mismísimo Diccionario de la Lengua Española. Siguiendo con el machismo en acción o su obra, es un hecho real que la mujer en el trabajo no goza de las mismas ventajas que el varón, y baste echar una mirada a la nómina mensual de unos y de otras. La omisión en el machismo yo la explico con esa forma de ser tan nuestra de querer atajar todo cuando se produce un nuevo asesinato por violencia de género, pero tras la riada de declaraciones de unos y de otros, ¡si te he visto, no me acuerdo!

El caso es que el machismo da sus coces en muchos y variados ámbitos y escenarios, desde la misma escuela, pasando por la universidad, el trabajo, los medios de comunicación, y también los gobiernos, los congresos y senados. Ningún caso de esta concisa enumeración es asumible, porque una democracia real no debe tolerar el más mínimo atisbo de machismo dentro de sus administraciones, y por parte de sus representantes públicos. ¿Cómo vas a dar ejemplo a los jóvenes, si determinados discursos políticos contienen alusiones machistas? En este país donde hay observatorios para todo, que son aprobados desde los  centros del poder, resulta que no existe un autocontrol que denuncie con total nitidez cualquier exceso que se cometa en machismo de pensamiento, palabra, obra y omisión.

 ¿Cómo vas a dar ejemplo a los jóvenes, si determinados discursos políticos contienen alusiones machistas?

 Al tener ocasión de comprobarlo cada vez que sucede, la última machada de alguien encuentra más crítica y repulsa en las tertulias del trabajo, la calle, un café o quedada de amigos, que donde debe, por ejemplo medios de comunicación tan importantes como la tele o la radio o tribunas de oradores de las muchas que hay y de las que luego dan cuenta de lo hablado periódicos y digitales, sin dejar de apuntar las redes sociales. Se habla de lo malo de Twitter o Facebook, pero es la mejor ofensiva contra el machismo cada vez que se produce un nuevo caso. Nada más iniciar esta opinión, quizás me hubiera dado por decir que este es un país eminentemente machista, pero no sería verdad. Para demostrarlo están las redes sociales y sus protagonistas, poniendo las cosas en su sitio para vergüenza y escarnio público del que ha pronunciado la última tontería sobre una mujer, su trabajo, su relaciones, sus gustos, sus ideas y la forma de expresarlas.

Ahora que tengo ocasión, quiero dar mi opinión sobre la grandes mentiras que hay en torno a la igualdad y sobre el machismo. Antes de la crisis era habitual leer y escuchar, especialmente en los medios, que la irrupción arrolladora de la mujer (no me gusta el término porque la mujer no tiene que aparecer en nada, porque siempre ha estado) en el mundo del trabajo, la universidad y los cargos dentro de las administraciones públicas. Bueno, pues fue aparecer la crisis y sus dramáticas consecuencias, con el paro en primer término, y llegar incluso a escuchar en voz alta que las mujeres debían abandonar su trabajo, volver a casa para cuidar a sus hijos, y dejara así paso a los hombres desempleados. El machismo o pensar que el hombre es por naturaleza superior a la mujer, no admite contemplaciones, porque es consecuencia directa de discriminación, desigualdad y violencia sexista. ¡Basta, hombre!

  “Se habla de lo malo de Twitter o Facebook, pero es la mejor ofensiva contra el machismo”

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Monopatines contra el terror

Todo lo que necesitas es amor

ISIS, Yihad, países que adiestran y pagan a los terroristas… Sólo les venceremos con el ejemplo de los Echevarría del mundo. La convivencia siempre se ha de imponer a la propagación del odio y la muerte indiscriminada. Pero hay tareas pendientes por hacer, como actuar frente al terrorismo con total unidad, y crear una conciencia social desde la base  para que todo asesinato en nombre de una idea, un territorio, una religión o una cultura encuentre siempre el repudio ciudadano. También, los cercanos a Trump le tedrían que decir que disentir en Twitter sobre una masacre añade alas a los que están preparando ahora mismo su próximo atentado.

Cuando a alguien se le inculca el odio desde bien pequeño, se le hace empuñar armas, o se le muestra que la mejor forma de vivir es morir matando a los demás, le hurtas divertirse de muchas maneras y, entre ellas, con un simple monopatín. Es difícil creer que una tarde de sábado con amigos y patín pueda terminar en tragedia, y esto es lo que le ocurrió al joven español Ignacio Echevarría, muerto en el atentado de Londres del 3 de junio de 2017. Se interpuso entre los cuchillos de los asesinos y los inocentes y entregó así su propia vida a la edad de 39 años. He visto muchas esquelas en mi vida, pero como la de este joven español, nunca. Escriben de él que ha sido un “modelo de solidaridad porque volvía con sus amigos de patinar en el parque de Borough Market, cuando a la altura del London Bridge vieron que estaban atacando a un mujer”. Y sigue: “Sin dudarlo, defendió a la mujer con su patinete, pero dos terroristas le atacaron por detrás y murió”. Hoy le conocemos como el “héroe del monopatín”.

En realidad, España ha vivido casi una semana entera esperando la confirmación de que Ignacio Echevarria (Gran Cruz del Mérito Civil) era uno de los 7 fallecidos de este atentado o estaba entre los 48 heridos. Las comadrejas que impulsan el terrorismo se frotan las manos cuando un atentado sirve para matar y al mismo tiempo para dividir a una sociedad. Sucedió antes en España, con ETA, y ahora pasa algo semejante en Francia e Inglaterra. Gran Bretaña está muy perdida por el Brexit y por el terrorismo, y se nota en exceso, para mal, cada vez que sufren un duro golpe. Cabe por tanto ser precavidos con la crítica, lo que no debe impedir alentar a los ingleses a que se pongan las pilas y empiecen a funcionar como exige un país con su historia y tradición democrática. Lo mismo voy a decir respecto a lo que en diferentes puntos del mundo se conoce como la flema inglesa. Busco una traducción entendible y me encuentro con que la flema inglesa consiste en permanecer impasible, no inmutarse ante los sucesos de la vida, ni ante los positivos ni ante los negativos, porque aporta un ahorro de energía emocional muy interesante. Lo veo demasiado exagerado esto de la flema, al igual que la frase que se pronuncia dentro de la película “El discurso del rey”, cuando una anciana inglesa dice eso de que “somos ingleses, sólo mostramos afecto por nuestros perros y caballos”.

 “Gran Bretaña está muy perdida por el Brexit y el terrorismo, y se nota en exceso”

Nada como la unión para conseguir la fuerza necesaria que erradique paulatinamente los actos terroristas. Esto es mejor que las palabras de Donald Trump o Theresa May, en las que propugnan drásticos cambios que ponen en cuestión los derechos democráticos de los ciudadanos, independientemente de su color, raza o religión. Sé perfectamente que lo que voy a decir es imposible con el presidente norteamericano o la primera ministra inglesa, pero los lideres deben poner un cuidado extremo con sus gestos y declaraciones, porque es tremendo lo que está en juego, nada más y nada menos que la paz en el mundo. Todo lo que preconizamos de bien para este siglo nos ha salido rana. No es la misma economía; no es la misma seguridad; no es la misma convivencia (refugiados) y, por no ser, no es la misma Norteamérica, Europa o Rusia. Hasta la diplomacia se ha enrarecido y ahora le toca a Qatar, país rico entre los ricos que lo mismo le llega el dinero para  esponsorizar grandes equipos de fútbol, contar con una de las mejores aerolíneas internacionales o costear también las armas que usa el amplio ejército de terroristas con que cuenta el ISIS. Por parte de unos y de otros, así no se puede seguir, porque los pueblos quieren vivir en paz y nada ni nadie tiene derecho a usurparnos este anhelo. Ya lo hicimos rematadamente mal en el pasado siglo XX, con dos guerras mundiales, y no podemos robar las vidas e ilusiones de tantas y tantas generaciones que no conocieron aquellas penurias que dejaron tocados a millones de hombres y mujeres que ya nunca fueron los mismos, especialmente tras el nazismo. Para nada podemos conformarnos con repetir que no se ha aprendido la lección, y lo mismo cabe decir sobre que los ingleses solo quieren a sus perros y caballos, porque no es más que una frase desafortunada, pronunciada dentro de una película.

 “Todo lo que preconizamos de bien para este siglo nos ha salido rana”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La flema inglesa consiste en permanecer impasible, no inmutarse ante los sucesos de la vida, ni ante los positivos ni ante los negativos, ya que -como estos señores afirman- esto aporta un ahorro de energía emocional que es interesante….. La desventaja es que la persona flemática es fría.

En una película protagonizada por Colin Firth -El discurso del Rey- una señora mayor muy inglesa dice: “Darling -cariño- somos ingleses, sólo mostramos afecto por nuestros perros y caballos”.

¿¿Sera verdad que los ingleses jamás pierden el control ni muestran sus sentimientos??

 

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Populismo también con el clima

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Donal Trump ha sacado a Estados Unidos del acuerdo climático mundial. Es su primer gran desplante global, pero no será el último. El presidente norteamericano no sabe trabajar en grupo, y todo lo pone en cuestión, desde Naciones Unidas, la Unión Europea o la OTAN. El planeta, el clima o la supervivencia del medio ambiente, tampoco suponen nada para este magnate populista que dice amar a los obreros.

 La Tierra está repleta de maravillas naturales pero quienes tenemos la suerte de habitarla no paramos de arrasarla (el Amazonas), y contar al tiempo mentiras sobre el futuro que le espera a las siguientes generaciones que tienen que disfrutar de todas las bondades de un planeta que no merecemos. En vez de conservar, preferimos estar a las predicciones estúpidas. Por ejemplo: Que en 2020 China conectará Beijing a Londres a través de trenes de alta velocidad. Por ejemplo: Que en 2040 un gran asteroide puede amenazar la Tierra. Por ejemplo: Que en 2050 Facebook ya no me preguntará qué estoy pensando, porque lo sabrá. ¡Chorradas! Nos manipulan vilmente con historias de este tipo, cuando quienes dirigen nuestro destino son incapaces de cumplir los acuerdos firmados, como el de la Conferencia de París sobre el Clima de 2015. En aquel entonces, 195 países, Estados Unidos también, firmaron el primer acuerdo mundial vinculante sobre el clima. Cometido principal de lo firmado: Reducir paulatinamente las emisiones de gases contaminantes que están cambiando la fisonomía del planeta y provocando variaciones en las temperaturas que amenazan con destruir y desertizar zonas enteras como puede ser el caso del Polo Norte.

El Cambio Climático ha tenido siempre defensores y detractores, casi a partes iguales. En las filas de los que no ven peligro medio ambiental se encuentran mayormente quienes viven bien y tienen de todo. Nadan en la abundancia, y se muestran contrarios a cualquier decisión que altere su opulenta forma de vida. Del presidente Kennedy es la frase de que la realidad suprema de nuestro planeta es su vulnerabilidad. Donald Trump no opina lo mismo y dice que el acuerdo climático de París “perjudica a EEUU, y deja a los trabajadores estadounidenses, a quienes amo, y a los contribuyentes con los costes en términos de pérdida de empleo, salarios, fábricas cerradas y menos producción económica”. ¡Venga ya!, Trump solo se ama asimismo, y no puede ser más imprudente con un bien tan universal como es el clima. Me espero que el empresario inquilino de la Casa Blanca solo ha hecho que empezar e iremos en todo a peor.

“En las filas de los que no ven peligro medio ambiental se encuentran quienes viven bien y tienen de todo”

La formas del magnate presidente no atienden a razones de lazos entre  países (Naciones Unidas), respeto a los buenos aliados (Unión Europea), una defensa común (la OTAN) o prevalencia de vieja y leal amistad hacia Inglaterra, a quien está dejando con el culo al aire en los atentados de la yihad y las continuas filtraciones sobre la seguridad interna británica. ¿Qué o a quién respeta Donald Trump, si actúa así con el saneamiento obligado de todo un planeta? Al dinero, Trump, su millonaria familia y un Gobierno de potentados como él, respetan solo el dinero. Estados Unidos cuenta con otros multimillonarios que no plantean las mismas barbaridades. Bill Gates que todo lo que se produzca industrialmente ha de ser “limpio, barato y escalable”: Y por eso creó a finales de 2016 un fondo de energías limpias, dotado inicialmente con 1.000 millones de dólares. Le acompañan en esta lucha contra el Cambio Climático otros poderosos empresarios como Jeff Bezos (Amazon) o Richard Branson (Virgin). ¿Tampoco se fija Trump en lo que hacen los grandes industriales norteamericanos, creadores de millones de puestos de trabajo estables, empleos a los que alude con una demagogia que produce vergüenza?  El mandatario está contra la prensa libre, porque dice que todo lo que publica sobre él es mentira. El periodismo persigue lo contrario, la verdad. A los pocos meses de ser presidente, mucho huele a intereses personales y hay opacidad sobre decisiones, esta del clima, que se toman sin debate político alguno dentro de los Estados Unidos. Alguien debería darle este consejo sabio de un anónimo que vaticina que cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero. Parece escrito para el tuiteador número uno de la Casa Blanca, que pasa gran parte de la noche despierto y viendo la televisión.

“Trump  y su Gobierno de magnates como él respetan solo el dinero”

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El derecho de vivir en paz

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Nuestra reacción interior al conocer un nuevo atentado terrorista es pensar en el derecho de todos a vivir en paz. Cómo lograrlo es ya otra canción. Se debería, pero no está en nuestras manos, poner fin a las viejas hostilidades, y acordar que las superpotencias abandonen sus ambiciones geográficas. Porque es un hecho probado que arruina la normal convivencia entre los pueblos, hasta desembocar en conflictos donde no paran de morir inocentes, como los niños y mayores que el 22 de mayo de 2017 asistían a un concierto en el estadio Manchester Arena.

El cantautor chileno Víctor Jara interpretó por vez primera “El derecho de vivir en paz” en 1971. Como cada año hay una guerra, la del 71 fue la indo-pakistaní. Hubo en cambio hitos sociales como que las mujeres pudieran votar en Suiza o que fuera declarado Año Internacional de la Lucha contra el Racismo. En negativo, cabe rememorar que el 3 de enero de 1971 murieron en Glasgow 66 personas al ceder una barandilla del estadio del Celtic. Nacidas en los 70, de aquella Generación X comprometida y preocupada por el mundo, son Alison Howem (45 años) y Lisa Lees (47). Ambas madres murieron en el atentado del Manchester Arena. Todo ocurrió tras un concierto para adolescentes al que asistieron hijos y padres, sin que se cumpliera para 22 personas muertas y 59 heridas el vaticinio que Víctor Jara expresa sobre que una canción es fuego de puro amor, cadena que hace triunfar el derecho a vivir en paz. El terrorista asesino, Salman Abedi, con 22 años, no pensaba así, y el muy miserable ha segado la vida de criaturas que tenían toda una vida por delante.

La guerra del 2017 se llama locos que quieren acabar con todo y con todos. Uno ya no sabe dónde puede encontrarse con la muerte. Lo mismo da una sala de fiestas, un campo de fútbol, un autobús que transporta deportistas o a la salida de un concierto en el que tras cantar y bailar te topas con la tragedia a manos de una bestia controlada supuestamente por la policía, aunque no ha servido de nada. Por traer, Donald Trump ha traído hasta la filtración por parte de sus servicios secretos de las fotos del atentado mandadas por la Policía de Manchester. Los malos se frotan las manos al comprobar la desunión que hay en torno a cómo ofrecer la mejor garantía de seguridad, especialmente con un trabajo conjunto de los servicios secretos de cada país afectado. Una cosa es lo que se dice y otra muy distinta lo que se ve y se percibe, que no es otra cosa que desorganización. En Estados Unidos, más con Trump, van a lo de ellos, Inglaterra quiere seguirles y la prueba es el Brexit, Francia es una incógnita y con Alemania no sabes por dónde te puede salir en un momento dado. Un país asediado por el terrorismo, ya nos pasó a nosotros con ETA, al final siente mucha soledad con cada nuevo atentado. Les está sucediendo igualmente a franceses e ingleses, y los anuncios de actuar conjuntamente de una vez por todas se quedan en eso, anuncios.

 “La guerra del 2017 se llama locos que quieren acabar con todo y con todos”

Desde la irrupción  en nuestras vidas de este oscuro panorama, no hemos visto un solo gesto diplomático trascendente que suponga sentar las bases de un nuevo orden mundial que acarree un renovado respeto de los unos hacia los otros. Las grandes potencias responden al terrorismo con más expansión militar y estratégica que finalmente no van a ninguna parte, porque no disipan el terror de las mochilas bomba en cualquier calle europea. En la película Impacto Profundo (Deep Impact), Norman Freeman interpreta muy bien el papel de presidente de los Estados Unidos, y hay una escena para recordar en los peores momentos, porque habla las opciones que tiene la humanidad. No podemos acostumbrarnos al terror que implica en si mismo pensar cuándo, cómo y dónde ocurrirá la próxima vez. La convivencia está rota y hay que reconstruirla a base de acuerdos internacionales en los que todos participen. De seguir así, el populismo más rancio continuará metiendo miedo en el cuerpo a todo bicho viviente y terminará por quedarse con el poder. Así que, para evitar el racismo, la xenofobia o las expulsiones, no podemos estar a la suerte de que cada nuevas elecciones no terminen por triunfar las ultraderechas de los Le Pen en Francia o los Wilders en Holanda. Vivir en paz es un derecho a garantizar por muy largo plazo, y ahora ese derecho tiene enemigos muy poderosos que quieren exterminarlo. El escenario es más de odio que de paz, y con cada nuevo atentado se repite la pregunta: ¿Por qué? Como esos derechos simbólicos que se recogen en las constituciones (el derecho a la vivienda o a un trabajo digno), y que uno mismo debe alcanzar, vivir en paz no ha sido fácil en ningún tiempo pasado. En esas seguimos en forma de bombardeos, guerras civiles como la de Siria, refugiados sin patria, y jóvenes que se auto inmolan matando indiscriminadamente dentro de una historia de nunca acabar que enfrenta a mundos diferentes dentro de un mismo mundo hecho para que todos lo habitemos con respeto mutuo, ¡qué drama!

  “De seguir así, el populismo más rancio seguirá metiendo miedo en el cuerpo y terminará por quedarse con el poder”

 

 

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ALCOHOL-DROGAS-COCHE-MATAR

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De repente retrocedemos en la seguridad vial por culpa de los atropellos mortales propiciados por conductores descerebrados por el alcohol y las drogas, todo junto. Pienso que hay que volver a las duras campañas visuales preventivas. Duras por las imágenes de imprudencias que muestren, y duras por las familias rotas para siempre por la pérdida de un ser querido en uno de estos accidentes y atropellos, que últimamente se han cebado con los ciclistas.

Un caso, pase… Pero cuando semana tras semana se producen accidentes de tráfico con atropellos fatales a ciclistas, viandantes o policías, y el conductor da positivo en alcohol y drogas, ¡Houston, tenemos un problema! Si en los últimos veinte años se había producido un cambio vertiginoso en la conducción de los españoles, de mal a bien, de repente se aprecia un retroceso de ese buen código al volante. No se puede convertir en cotidiano que un conductor ebrio y drogado atropelle y mate a ciclistas, y la pena consiguiente de cárcel sea tan pírrica como para convertir estos sucesos en tertulia habitual de barra de bar. Tampoco es asumible que la familia del difunto se juramente para que la sentencia sea acorde a la gravedad del delito, que no es otro que la pérdida de un padre, una madre, un hermano, un esposo o un hijo. Ya ocurrió con Farruquito, que atropelló y mató a un peatón, le cayó una sentencia ridícula, pero la viuda no cejó en su lucha hasta ver al famoso bailaor en la cárcel. Hoy por hoy, estamos de nuevo en las declaraciones de intenciones que no valen para nada, y a los flojos planes del Ministerio del Interior del que depende la Dirección General de Tráfico.

Las agresivas campañas publicitarias contra el tabaco o hacer locuras en la conducción resultan muy duras de ver, pero son efectivas. Tráfico debe volver  a lo que le ha sido positivo en el pasado, y la crisis se cargó por falta de dinero para sacar anuncios por la tele que nos recuerden que las imprudencias en la carretera se pagan caras. El problema actual viene de la combinación fatal que supone alcohol, drogas y coches. No tengo datos suficientes para aseverar que las jóvenes generaciones tienen un mayor problema con estas adicciones. Cuesta su tiempo cambiar las costumbres, sobre todo si son malas costumbres. Por si fuera poco, se incorporan otros problemas como tener coches con excesivos botones porque van ya equipados con Internet. Estar a la carretera se ha convertido en un deseo difícil de cumplir, porque la imagen habitual es ver a conductores hablando por el móvil o con el wasap sino es el Twitter.

 “Se retrocede en el buen código al volante y se convierte en cotidiano que un conductor ebrio y drogado atropelle y mate a ciclistas”

Los tiempos cambian y con ellos han llegado multitud de tecnologías,  excesivas en los automóviles para mi gusto, que tenemos en las manos sin dejarlas reposar. Puede que los más jóvenes sean rehenes del Smartphone, pero también los mayores. Las modernidades son un problema a añadir al  alcohol y las drogas que siempre han estado ahí. España es el país de los bares, la nocturnidad y la tolerancia. Si hay que entrar en la comparación de que funcionamos igual al resto de Europa, incluida la productividad laboral, ni nos sonroja contestar que es afirmativo. En lo de coger el coche sí habíamos dejado atrás el sambenito de que España, Portugal y Grecia eran los países en que peor se conducía. La retirada de carné, la pérdida de puntos y las sanciones han hecho su labor, pero han surgido nuevas situaciones como la reincidencia, la permisividad y una adaptación de las penas a la gravedad de los hechos, como atropellar a ciclistas.

A nadie nos gusta que nos exijan más por cosas que creemos sencillas, como conducir un vehículo. El debate está candente al igual que el aumento de muertos cada semana en las carreteras españolas. Debemos seguir fijando nuestra mirada en los países de nuestro entorno en los que más se cuidan estos aspectos. No es nada sorprendente que Holanda sea el país del mundo más satisfactorio a la hora de conducir, según el “Driver Satisfaction Index de Waza”, que es una aplicación de tráfico y navegación basada en la comunidad mundial. Mira tú por dónde le siguen como buenos ciudadanos al volante los de Letonia, Suecia, Estados Unidos y la República Checa. En esta tabla clasificatoria España anda por la parte media, dato que no es bueno. Lo peor que se valora de nosotros son las pocas gasolineras que hay, la falta de aparcamiento y los atascos en las grandes ciudades. Cuando estamos tratando de un incremento de los atropellos mortales por injerir drogas y alcohol, me parece que lo de aparcar deja de importar frente a tantas vidas perdidas y familias destrozadas, a manos de insensatos que deben pagar muy caro su comportamiento incivilizado al volante de un coche.

 “Han surgido nuevas situaciones como la reincidencia, la permisividad y una adaptación de las penas a la gravedad de los hechos”

 

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