Con más contagios y cuarentenas, nos dicen que lo veamos normal

Si no fuera porque vivir y salir adelante son asuntos muy serios, se dan episodios en que tienes la sensación de que atravesamos tiempos teñidos de mucho surrealismo. La gran ansiedad: nos piden que convivamos con el Coronavirus, con mucho cuidado, pero hay que hacer de todo. ¡Vale! En realidad, con el verano que nos hemos pegado, no parece demasiada exigencia. Pero los Gobiernos lo han de ser a las duras y a las maduras, y no empezar a mirar hacia otro lado en la solución de los problemas, y mucho menos cuando se trata de una pandemia mundial que contagia y mata.

Hasta el 2030 y más, serán muchos los libros y películas que se lleven a cabo sobre el coronavirus. Los consumiremos porque somos una civilización peligrosa que se regocija en sus propias desgracias y para guión conocido está que siempre incurrimos en los mismos conflictos que nos definen como esa especie perjudicial: guerras, dictaduras, holocaustos, hambrunas y, ahora, virus exterminador.

Los ejemplos anteriores que cito tienen algo primordial en común: todo ello ha ocurrido en algún momento de nuestra historia, y cuando ha sucedido se ha asumido como si tal cosa por los países, gobernantes y habitantes del momento. Cuando terminaba un conflicto bélico, la firma de la paz estaba plagada de citas referidas a no lo volveremos a hacer, nunca ocurrirá de nuevo, aunque no era verdad. Las guerras se han sucedido desde que el mundo es mundo. Primeramente, fueron más violentas, y luego se suplantaron en mayor medida por el poder en el comercio y las exportaciones, de tal manera que había unos países que producían y crecían de manera vertiginosa, y otros que compraban y se las apañaban como mejor podían para que sus economías facilitaran aquello más básico como comida y agua. La educación y la sanidad siempre han marcado la diferencia entre países ricos y pobres. Hasta que llegó el Covid-19.

Así llegamos a 2020. Las grandes naciones, me refiero a las que cuentan con ingentes recursos, agachan las orejas con el coronavirus, porque se ha llevado por delante sus sistemas de salud, y la recuperación económica, social y sanitaria, tras la vacuna, cuando llegue, va a ser tan descomunal, que algunos la asemejan al después de la Segunda Guerra Mundial.

“Las naciones agachan las orejas con el coronavirus, porque se ha llevado sus sistemas sanitarios, y la recuperación va a ser descomunal”

En resumen, que hoy por hoy, los Gobiernos no tienen respuesta al Covid, aunque no lo reconocen, ni lo llegarán a hacer, al menos a medio plazo. Nunca habíamos jugado semejante partida dentro del ajedrez geopolítico internacional; no estábamos preparados para ello, y el resultado está siendo el momento calamitoso que vivimos, con un número de muertos y contagiados que crece de manera desbocada y en todas partes. El lenguaje que se hablaba, rutinario, era economía, producir, consumir y ganar dinero e influencia o  poder. Esto del coronavirus se trataba en alguna que otra película de la fábrica de comer el coco que es Hollywood, pero ni siquiera llegaron a ser éxito de taquilla. No obstante, el guión, casi idéntico, se ha reproducido, y el contagio de un virus  de procedencia desconocida circula de aquí para allá, dejando devastación y falta casi total de respuestas efectivas, y especialmente coordinadas, para pararlo.

Este es el relato,  que continúa con el capítulo de la recomendación oficial de que hay que seguir viviendo con normalidad. No hay vacuna, aumentan vertiginosamente los contagios, estamos a las puertas del desconcertante regreso a las aulas de los alumnos, los trabajadores están mayormente en casa con los ERTE que se van a prorrogar, y han nacido ya las cuarentenas selectivas, como la de Santoña, en Cantabria, mientras nos bombardean con que hay que hacer vida normal, como si nada.  

La gestión política y sanitaria del coronavirus parece como si hubiera llegado a su fin, y ahora somos nosotros, los ciudadanos, los que ya sabemos lo que tenemos enfrente y qué hacer para no contagiarnos o en caso de hacerlo. Ha habido un confinamiento y un veraneo después en el que hemos pasado de  todo. Lo hemos hecho todo mayormente mal, y ahora es tiempo de volver a nuestras ocupaciones habituales, como si no hubiera pandemia alguna, y tampoco estuviéramos inmersos en semejante crisis sanitaria, que parece no tener final. Los meses venideros nos van a traer muchas noticias, la mayoría malas, y ya poco nos podrá distraer (el fútbol y el cabreo de Messi), cuando nos caiga encima todo lo que viene. Son poquitas las voces que se atreven a hablar claramente de futuro. Aunque los acontecimientos no esperan, y así hay que tomarse la rápida fusión entre bancos como Caixabank y Bankia. Habrá más, mucho más. En realidad, dentro de un sistema en el que la política y la economía van de la mano, se abre camino esta sociedad en la que hay que convivir con el bicho. Albergo serias dudas sobre que la prevención domine este nuevo periodo en nuestras vidas.  El regreso a las escuelas hablará por sí solo, dentro de este mal momento que nos hemos buscado solitos. Solo la férrea voluntad puede hacer parar, algún día, la lista de muertos y la lista de contagiados.Desde luego, esa voluntad, aquí y ahora, yo no la veo claramente.  

“No hay vacuna, aumentan contagios, han nacido cuarentenas selectivas como la de Santoña, y nos dicen que hay que hacer vida normal”

Dejar un comentario

Que el país no pare y la escuela enseñe mientras el Covid crece

Superar una pandemia es cuestión de tiempo, aunque el mundo parece no tenerlo y quiere que la vida siga como siempre. Dependiendo del país, número de muertos y contagios, esta opinión no es unánime. También hay muchos mayores y padres de escolares que tienen más miedos que otra cosa. Este es el relato, lleno de incertidumbres, del regreso a las aulas dentro de un escenario endemoniado, en el que toca convivir con el Covid-19, dando apariencia de normalidad en la economía, que es la que marca el paso.

Puede parecer un tanto puñetero este titular que dejo sobre “Que el país no pare y la escuela enseñe mientras el Covid crece”, pero tan solo es la realidad. Se van a producir simultáneamente las tres cuestiones, hacer economía e impartir educación, al tiempo que se intenta doblegar a una pandemia desbocada, para la que aún no hay antídoto. La nueva normalidad ha sido tan efímera, que hemos pasado a convivir diariamente con el coronavirus y la suerte individual, como fase no declarada por los poderes políticos, que se muestran cada vez más extenuados frente al virus.

Durante el verano, España ha tenido ya suficientes traspiés, empezando y acabando con la caída en picado del turismo. De ahí que cerrar escuelas y universidades no sea opción durante esta reconstrucción económico-social que aún no ha empezado, porque lo peor está aún por llegar. En el primer día de colegio, los periódicos abrirán con la noticia de clases empezadas, aunque con la incertidumbre provocada por los contagios de Covid que se puedan dar. Ficticia o no, ofreceremos normalidad, ya que lo habitual en septiembre es el regreso a las aulas. Parece un “o lo tomas o lo dejas”, que no tendría razón alguna de ser, salvo porque la economía y los intereses mandan siempre (solo hay que ver lo que ocurre en el fútbol), y también porque junto al coronavirus ha rebrotado en nosotros un mayor egoísmo que nos hace despreciar irresponsablemente a la pandemia.

Lo que va a pasar en el nuevo curso es predecible. Me explico. Si en verano hemos puesto la mirada en jóvenes y malos comportamientos; si resulta que esos adolescentes son estudiantes que regresan a clase, ¿en qué nos basamos para teorizar que los contagios en las aulas van a ser contados? El trasiego habitual de una ciudad no es nada a cuando abren de nuevo los centros educativos en general. Se nota sobre todo en la circulación de coches, de padres que llevan a sus hijos al colegio o instituto, y lo mismo cabe señalar de familias enteras, abuelos los primeros, involucrados en todo lo que acontezca dentro del nuevo curso escolar. Hay que ir al colegio, sí, pero con un plan blindado. Me temo que muchos padres, ante el inicio del curso escolar, no saben qué pensar.  

“Si en verano hemos puesto la mirada en jóvenes y comportamientos, ¿en qué basamos que los contagios en las aulas van a ser contados?”

La pandemia del Covid-19 ha hecho que muchas de las respuestas a los asuntos cotidianos, qué podemos o no hacer, sean un rompecabezas. Con la educación no iba a ser diferente, pero es que además resulta estratégica para que un país vaya bien, mal o rematadamente mal. Ángela Merkel, la líder mundial más directa y sincera hacia esta crisis sanitaria, económica y social, habla de que lo prioritario es que nuestros niños no sean los perdedores de esta pandemia, y que la escuela no debe dejar a nadie rezagado. Curiosa forma de expresarlo, como si el coronavirus surgiera como nueva causa provocadora del fracaso escolar, pero no hay que tirar por la borda lo que preconiza la experimentada política alemana.

Las mujeres al frente del poder, y ahí están los casos de Alemania, Finlandia, Islandia o Nueva Zelanda, han dado hasta ahora las mejores lecciones de cómo hay que actuar realmente ante este bicho. Los plazos o cuando hay que hacer realmente las cosas es una de las peculiaridades que dominan estas mandatarias, y de las que debieran de tomar ejemplo algunos otros gobernantes masculinos. Voy a poner un ejemplo. Finlandia presentó el 4 de agosto las pautas e instrucciones que serán exigibles a los estudiantes, especialmente los más pequeños. España lo ha hecho el 27 de agosto, aunque lo que se hará en uno y otro país en cuestiones de enseñanza y prevención del Covid va a ser parecido en apartados concretos como menos alumnos por aula y mayor distancia entre ellos, junto a la exigencia de mascarillas y la necesaria y recomendada higiene.

Es pronto para decir si habrá un porcentaje relevante de padres en España que no lleven a sus hijos al colegio. Una educación alternativa en casa, y lo digo por lo sucedido durante el confinamiento, se ha visto inadecuada, porque la brecha digital es demasiado evidente, y con la falta de adaptación de nuestro sistema educativo a las clases y pruebas online resultó un fracaso. Reconocer que hay peligro en nuestras calles es una cosa y que no se pueda hacer nada otra muy distinta. Este verano ha sido la prueba. Pese a los muchos llamamientos a la prevención, una gran mayoría de ciudadanos no se ha privado de nada. Es como hablar de que puede haber problemas de contagio en las empresas donde trabajamos, pero luego resulta que no hay inquietud en irse de vacaciones, de bares, reuniones, y montar todo tipo de saraos dentro y fuera de casa. Si somos coherentes, somos coherentes.

En las escuelas va a existir el mismo peligro que está habiendo ahora con tanto contagio, muchos de ellos producto de hacer las cosas como no se deben. Un ejemplo: no cumplir con las cuarentenas cuando se da positivo. Los colegios deberán ser espejo de coordinación y prevención, y quizás así, desde la educación, dar al resto de la sociedad española la auténtica lección de lo que es prevenir el coronavirus, con mascarilla, mucho lavado de manos y distancia social. Veremos si esto, hasta un niño, lo entiende mejor que muchos mayores. Yo no lo dudo.

“Los colegios deberán ser espejo de coordinación, y desde la educación dar al resto de la sociedad la auténtica lección de prevenir el coronavirus”

Dejar un comentario

Los sanitarios nunca abandonan, aunque seamos insensatos

Sin debate alguno, nuestros profesionales sanitarios son de lo mejorcito que  tenemos en este país. Pudiera parecer un reconocimiento afianzado, pero no es así. Como evidencia están las garrafales imprudencias que, en contra de sus consejos, estamos cometiendo respecto al coronavirus. Preferimos arriesgar en vez de prevenir. Admirable este sistema sanitario nacional, que se ve nuevamente al borde del caos, por culpa de un ejército de insensatos a quienes también trata de contagios masivos por Covid.   

Hay que ser realmente olvidadizos e indisciplinados (por no decir estúpidos), para estar reviviendo todas las penalidades que pasamos en el primer semestre de año, a causa del coronavirus. Aplaudimos a los médicos, hasta que muchos pensaron que se había producido apropiación política del gesto, pero ovacionar es irrelevante al lado de lo que realmente teníamos que cumplir: hacerles caso.

Las cosas de España son una exageración en demasiadas cuestiones. Quiero decir que siempre hemos sido así, ganamos el partido antes de jugarlo. Pero con el sistema sanitario no cabe duda alguna. En el continente, los hospitales y ambulatorios, y en el contenido, sus profesionales. Somos un referente para el mundo, un ejemplo que no se puede perder, abandonar a su suerte, o dejar de lado cuando más nos necesitan, nuevamente ahora, nuestros sanitarios. Sin medios humanos y técnicos, como ocurre, este referente puede irse al traste.

En los actuales rebrotes del Covid, estamos tan mal, porque no hicimos caso de lo que nos decían desde los propios centros asistenciales, desde los colegios de médicos, de enfermería, de farmacéuticos y demás, sobre que una vez superada la primera ola del virus, estuviéramos muy alertas ante episodios futuros que, como vemos a diario, iban a reproducirse sí o sí. Ya no hay duda alguna, y no es solo España la que ha incurrido en su propia soberbia. Nosacompañan también en el deficiente hacer Francia, Alemania y no digamos el Reino Unido. Me atrevo a decir que Europa está atrapada por el Covid-19. Tal y como lo veo, hay una causa mayor: desde el inicio de la pandemia, no se ha actuado de manera coordinada. Se ha dado la apariencia de gestión común, pero la realidad es otra muy distinta.

“Estamos como estamos porque no hicimos caso de los centros asistenciales, colegios de médicos, enfermería, farmacéuticos y demás”

Con esta tarjeta de presentación, toca ahora la vuelta a las aulas. ¿Tiene algo que decir la OMS o la Comisión Europea al respecto? En uno u otro sentido, el mensaje claro está tardando, y los padres, como no puede ser de otra manera, inquietos, nerviosos e impacientes. ¿Volvemos a la improvisación?

En la primera parte de la pandemia reconocimos todo lo hecho por nuestros hospitales, médicos y resto de profesionales de la salud pública, incluyendo por supuesto a las autoridades sanitarias. Nos dieron, siempre, buenas recomendaciones. Como la de “Quédate en casa”. Como la de la mascarilla. Como la de lavarse bien las manos. Como la de la distancia social. Y también nos avisaron: “Hay que hacerlo bien para no volver a colapsar el sistema hospitalario, que queda muy tocado”. Fueron también ejemplo en lo de trabajar sin los medios necesarios, sin apenas levantar la voz. Por nuestra parte, seguir sus consejos, no era mucho pedir. En lo que va de verano lo hemos hecho rematadamente mal, todos además. No  había post pandemia que festejar ni nueva normalidad que aplicar, porque el coronavirus estaba más activo que nunca.

Con inmediatez, habrá que tomar nuevas decisiones. Tendrán que ser duras, porque hay muchos a quienes el mensaje normal no les entra por la cabeza. Por si fuera poco, surgen los negacionistas del virus para no ponerse la pertinente mascarilla. Que cada uno piense lo que quiera es lo razonable dentro de una democracia. De ahí a hacer lo que se quiera, es donde llegamos a no tolerarlo. Al respecto, sucede que hay miles de muertos, miles de contagiados, miles de familias que han experimentado ya un dolor irreparable, y miles de profesionales de la sanidad pública que están desorientados por no decir hartos. Negar todo esto no merece respeto alguno a quienes impulsan semejantes concentraciones, sin aportar alternativa alguna.

El Gobierno de España, los Gobiernos de todo el mundo, harían bien en rodearse de los equipos más expertos, y que todos juntos trabajaran en común. El Covid es un virus que amenaza seriamente nuestra existencia. Uno ya no sabe cómo tomarse las noticias que aparecen sobre vacunas, que si en Rusia, que si  China ya la tiene. Se anuncia, y a continuación el mensaje se diluye. Hay que poner toda la seriedad que requiere al peligroso momento que está viviendo nuestra civilización. Se deberían dejar de lado tantos individualismos, tantos intereses, pese a lo difícil que es explicar esto hoy a los actuales líderes mundiales que tenemos. Aquí, nuestro sistema asistencial, del que tan orgullosos estamos, está de nuevo a las puertas del colapso. Hay que tomar medidas rápidas, drásticas y, sobre todo, comunes, es decir, en todos los sitios igual. Construyendo este frente común, solo así se ganará esta enrevesada batalla contra algo nunca antes visto ni vivido. En esta lucha son esenciales nuestros sanitarios, y lo que indiquen, y lo que pidan y lo que planteen. Esto es lo que siempre han querido, y no solo aplausos que se lleva el viento.

“En esta lucha son esenciales nuestros sanitarios, y lo que planteen. Es lo que siempre han querido, y no solo aplausos que se lleva el viento”

Dejar un comentario

Capítulo II de la tragedia Covid y aprender de nuestros errores

El disfrute vacacional del verano ha resultado horroroso para frenar la expansión del Covid. Con suma urgencia, debemos aprender de nuestros errores, al igual que afrontar lo que queda de año con absoluta disciplina en todo lo que acometamos a diario. Es necesario para ello Implicar a la ciudadanía. Debemos asumir una especie de carta social de compromiso con la salud del país y de sus habitantes.

“La noche me confunde”. Es una de esas frases intrascendentes, que surgen en España de cuando en cuando. Poco importa el origen de la expresión, quién la pronunció primero, pero termina por calar entre la gente, que la hace popular, máxime con la mencionada expresión, por lo nocturnos y divertidos que resultamos los españoles, incluso ahora que el Covid regresa en plan tsunami, como la pandemia mundial, no controlada, que es.

Como ya hicimos tantos a mitad del confinamiento, sobre el coronavirus leo lo que leo, porque la falsedad, manipulación y alteración de hechos está a la orden del día. Pese a todo, me hago eco, por estar muy de acuerdo, con esta noticia: “Los expertos creen que España sufre los efectos del ansia de la desescalada”. No van desencaminados los científicos, a quienes tan poco se ha tenido en cuenta hasta ahora, pero es normal por otra parte salir a la calle con ganas de hacer de todo, cuando has estado casi tres meses enclaustrado entre las cuatro paredes que es un hogar. El problema es que no hubo nada de pedagogía, especialmente con los jóvenes, sobre el después al famoso “Quédate en casa”.

El Covid exige una sociedad casi marcial, que no existe, porque el capítulo II que vivimos respecto a la pandemia sucede en todas partes. Por no haber, ya no quedan tampoco países que den ejemplo, como ocurría con Portugal. Este virus exige una mínima y controlada circulación de personas por el mundo, y era predecible que el verano se erigiría en la peor época, porque es cuando más se viaja a los destinos elegidos, caso de nuestro país. Incluso como mejor prevención hubiera sido necesario no permitir traslados entre regiones españolas, pero ¿cómo se hace esto?

Queda y quedará por tanto la acción individual, que es lo que hacemos cada uno a diario para no incurrir en el contagio del virus. Mantengo que vamos a aprender a la fuerza lo de la mascarilla y la distancia social. Volvemos a los peores datos de la cuarentena, que no se va a repetir porque la economía terminaría por romperse del todo. Aseguramos que las tecnologías como el e-mail o el wasap han dado la puntilla a la carta que se envía por correo. Al Gobierno le falta esta misiva con todos los ciudadanos. Una especie de carta social donde se exprese lo que nos jugamos, más el papel que debemos desempeñar cada uno, ahondando en el uso de la mascarilla, la distancia social y la protección de nuestro sistema sanitario y sus miembros.

“Este virus exige una controlada circulación de personas. Hubiera sido necesario no permitir traslados entre regiones, pero ¿cómo se hace esto?”

O el mensaje contra el Covid es el mismo y en todas partes, como también piden los expertos, o paulatinamente pasaremos de la tranquilidad al desasosiego, generado por muertes, contagios, situación de residencias de mayores, a las puertas como estamos de la vuelta al colegio (¡Menudo problema!). El Covid del marketing debe dejar paso al Covid del compromiso. ¿Qué compromiso es este? Actuar responsablemente frente a un coronavirus que no va a dar tregua. Asumir que la vacuna tardará. Y entender que cada familia, con todos sus miembros, debe garantizar su propia seguridad y la de los demás. Aquí es donde se ha perdido un tiempo precioso. En instruir a los ciudadanos en todo lo que han de hacer, y no sólo poner la mirada en las quedadas de los jóvenes, que tienen unos padres que deberían controlar las salidas de sus hijos, y a qué horas lo hacen, con una hostelería nocturna ya cerrada, por mandato  legal.

En lo que resta de verano, y de cara al otoño e invierno, debemos reiniciarnos en lo relativo al coronavirus. Estando inmersos en el confinamiento no resultó creíble que los seres humanos cambiaríamos ciertas actitudes. Lo que no se puede permitir es que muchos no asuman que determinadas cosas ya no puedan ser iguales, por motivos de salud pública. Una sociedad responsable es la que impone coherencia acerca de lo que es mejor para la mayoría, y de ahí surgen  medidas dolorosas pero necesarias. El turismo, la hostelería y miles de empresas no pasan por su mejor momento, aunque me gustaría destacar su labor de intentar hacerlo  bien, para que los españoles disfrutemos del veraneo, vacaciones o salidas. Mientras, la noche no confunde al Covid, que sigue contagiando, porque las concentraciones multitudinarias son el peor comportamiento, el más insolidario de todos, frente al virus. Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante todo aquello que percibamos se hace mal. Lo de la sociedad española adormecida y paralizada empieza a ser escandaloso, dado el peligro que corremos en la actualidad, además de la demoledora losa que ha caído encima de nuestra economía. La relajación en la prevención contra el coronavirus es algo en lo que no deberíamos haber caído. Ahora más que nunca, los medios de comunicación y las redes sociales deben ser los mayores transmisores de exigir esa responsabilidad. Vale que la cosa se ha puesto nuevamente muy fea, que regresa la emergencia sanitaria y aumentan contagiados y muertos. La lista de culpas y culpables podría llegar a ser interminable. En cambio, hay que tomarlo como una nueva oportunidad de frenar lo que está pasando y actuar todos a una, como es debido.

“Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante lo que se hace mal. Lo de la sociedad española adormecida empieza a ser escandaloso”

Dejar un comentario

El dolor que se oculta termina rebrotando

Pocos parecen tener dudas ya sobre que la información, ante todo visual, acerca de los miles de muertos y contagiados del coronavirus, el dolor de sus familias, no fue en España acertada, ni tampoco útil para que muchos ciudadanos tomaran buen ejemplo para esquivar la pandemia. Demasiados malos comportamientos, con los consiguientes rebrotes, lo demuestran. Pero  esto no habría que reprocharlo ahora, si se hubiera hecho antes como es debido, mediante una comunicación cruda y real de todo lo que nos ha pasado, a las puertas de regresar.     

No sé cuantas veces escribí durante el confinamiento que, sobre todo por las generaciones más jóvenes, había que contar las cosas como son, empezando por mostrar las dolorosas imágenes de los estragos del coronavirus en hospitales, residencias, tanatorios o domicilios. Ahora que pintan bastos por la propagación de los rebrotes del Covid, es opinión afianzada que el Gobierno y los medios de comunicación, en especial las televisiones, debieron de mostrar el dolor, en vez de dulcificar tanto la pandemia como se hizo.

De aquel entonces al momento actual, observamos con especial preocupación el comportamiento de la juventud en sus movidas sociales. Les acusamos de no tener cuidado con el virus al, actuar como si fueran inmunes, pero obviamos lo mal que están informados al respecto desde sus ambientes, sea el educativo y, por supuesto, el familiar. De repente, de un día para otro, les queremos meter en el cuerpo un miedo a los contagios, unido al llamamiento constante a que lleven puestas las mascarillas, y cumplan con la prevención más segura que supone mantener la distancia social.

Cuando hubiera sido más fácil contar ya con una población instruida en las recomendaciones sanitarias, el desmadre ha desembocado en tener que endurecer el mensaje oficial hacia los no cumplidores, con sanciones, hasta llegar a rebajar los horarios del ocio nocturno, poniendo a los negocios de hostelería más al borde del abismo de lo que ya están. El verano pinta tan desastroso, que para otoño y Navidades tendremos, pienso yo, aprendido ya cómo tenemos que ir y actuar por esta nueva sociedad.  Aunque mucho de este 2020 se ha perdido en balde, por la improvisación, primero, y la excesiva confianza, después.

“Para otoño tendremos aprendido cómo actuar por esta nueva sociedad, aunque 2020 se ha perdido por improvisación y excesiva confianza”

En este contexto de nueva normalidad con la intranquilidad en el cuerpo,  el nuevo curso escolar es clave en la respuesta formativa frente al coronavirus.  Las administraciones educativas, seguramente desbordadas por la situación, no fueron claras  sobre el final del curso anterior, cómo realmente se educó a los alumnos en sus hogares y evaluó más tarde su esfuerzo.  En esta nueva ocasión la transparencia debe de ser total, ante el reto de impartir en las aulas una asignatura implícita a la grave situación que vivimos, como es la de la responsabilidad individual en la prevención contra el virus.

Hablamos mucho de los jóvenes, pero son nuestros mayores los que vuelven a preocupar. También en el confinamiento se atisbaba que iban a ser muchos más los miles de muertos, que los mostrados en las cifras oficiales. Solo por esto, creo que es insuficiente el homenaje llevado a cabo en memoria de los fallecidos y de los luchadores de primera línea contra esta pandemia. Cuando uno llega a la autocita, les prometo que no es ir de listo, y sí ejercer de edad, experiencia y madurez. Lo justifico porque no hace tanto escribí, y en estos delicados momentos de aumento de casos Covid quiero insistir en ello, que el mejor homenaje que podemos ofrecer a todas las victimas es evitar precisamente más muertes y contagios, y que este mensaje sea comprendido por la totalidad de la población. Ahora mismo no sucede, y es el problema tan grande que tenemos en España: elpeligro en la calle que volvemos a correr, porque hemos recaído en nuestros propios errores.

Me gustaría asegurar que lo podemos hacer mejor, pero voy a dejarlo solo en un deseo. Desde luego, la información veraz, la comunicación fluida, y la divulgación de los casos de coronavirus, como espejo de a lo que nos enfrentamos y del riesgo, son imprescindibles para que este trabajo de prevención en común nos aleje cada vez más del virus, hasta que llegue la tan cacareada vacuna. Sería aconsejable igualmente tomar buena nota de todo lo que se ha hecho mal, que no ha sido poco. Igual que combatieron al coronavirus los héroes sanitarios, y otros tantos trabajadores de muy diversos sectores estratégicos, los ciudadanos debemos implicarnos y participar de esta primera línea que supone pedir y exigir responsabilidad por parte de todos. Ya no valen paños calientes con nada ni con nadie, y se ha visto en el hecho de que el dolor que se trata de ocultar, tarde o temprano, rebrota. Prueba de lo que digo es lo que pasa de nuevo con el descontrol de tantos contagios.

“Información veraz y divulgación de los casos de coronavirus como espejo del riesgo, imprescindibles hasta que llegue la cacareada vacuna”

Dejar un comentario