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Que te graben sin saberlo

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Ahora asistimos al serial por entregas del ex comisario Villarejo, que lo mismo genera quebraderos de cabeza a empresarios que a ministros, aunque en realidad es un chantaje al Estado. Tan pestilente asunto lleva a la conclusión de urgir una investigación sobre tantas grabaciones ilegales, para poder garantizar mejor el quebrado derecho a la intimidad que tiene todo ciudadano, un tanto alarmado de que la tendencia actual sea grabarlo todo con el móvil.   

En los tiempos actuales, a uno no le queda más remedio que plantearse    seriamente lo de tener un carácter abierto y extrovertido, a la hora de hablar distendidamente con conocidos y desconocidos. Los audios del ex comisario José Manuel Villarejo sobre todo quisqui siembran la duda en estos días sobre lo que hablas y con quien lo hablas, no te lo vayan a grabar para después divulgarlo malamente.  El móvil utilizado en modo grabación lleva camino de cargarse las comidas de trabajo o institucionales, donde antes podías compartir ideas, chismes y críticas constructivas o destructivas, para pasar ahora directamente a comentar temas banales como el tiempo reinante o lo bonita que está la ciudad donde tiene lugar el almuerzo, café o cena.

Según como se miren, las nuevas tecnologías han traído cizaña a aquella idea de Carl Rogers, iniciador del lado humanista en la psicología, en concreto al señalar que “cuando miro al mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista”.  Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, porque la pelota está mayormente en ese tejado tan resbaladizo que no quiere distinguir entre lo que es público y lo que es privado. Se empezó por contar las intimidades en los Sálvame televisivos que gozan de audiencias millonarias, y se ha llegado a que tu imagen o tu voz pueda aparecer en los canales internautas, porque Mortadelos y Filemones al estilo TIA tienen como dedicación exclusiva diaria grabar a quien quieran.

 “Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, y no se distingue entre lo que es público y lo que es privado”

La frase de que la información es poder se atribuye a Francis Bacon, pero no creo que imaginara al extremo al que se llegaría con el paso de los siglos. Hoy, extremar la discreción obliga, y la discreción es prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar. Pronto se pondrá de moda que cuando un ciudadano vaya a ver a su alcalde, antes le requieran que deposite su móvil y tablet en la secretaria del político, para que no exista la menor tentación de que la entrevista pueda ser grabada sin el previo consentimiento de las partes.

Es mucho lo que puedes hacer hoy con un teléfono móvil, incluido el daño. No ganamos para disgustos en temas como el acoso escolar, y que todos quieran ser influencers con miles de seguidores, y terminar cobrando de las marcas ante cualquier cosa que recomiendes en tu sitio web, Facebook, Twitter o Instagram. Entontecemos por momentos, al tiempo que creamos una sociedad con muy baja autoestima ética y moral. Con la amplitud inmensa que es y tiene Internet resulta cómodo apelar a la seriedad de los medios de comunicación que gozan de reputación. Que por parte de máximos responsables de un Gobierno se hable de restringir la libertad de expresión, también se las trae a estas alturas de la película. Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo con el consiguiente chantaje a personas e instituciones. Esto sí que requiere de una Comisión de Investigación, porque los españoles queremos saber cómo es posible llegar a semejantes extremos, el por qué, quién está detrás, y con qué fines.

Dudo mucho que los jóvenes que hacen de un Smartphone la parte principal de su ocio sepan lo que son las cloacas del Estado. De lo que no dudo es que los mayores les estamos dando el peor ejemplo posible, lo que les lleva a no creer en casi nada y dudar de todo. Cuando no es un máster, es un doctorado; cuando no es un plagio es un presunto fraude a Hacienda o grabar la sobremesa de una comida entre altos cargos, cuyo contenido jamás tendría que haber llegado a la opinión pública. Cuando el mal ya está hecho es cuando nos rasgamos las vestiduras, y los portavoces encargados de dar explicaciones echan más leña al fuego, porque no hay peor cosa frente a una crisis que encima mantener una mala o pésima comunicación. Verdaderamente, hay días en que en este país es mejor no levantarse de la cama, bien ante una nueva polémica que a buen seguro surgirá en esa jornada, bien ante la prevención de que cualquier panoli te saque una foto o te grabe con su móvil para luego intentar hacerte daño público. Por cierto, al hablar de daño lo mismo me refiero a un colegio, una clase, un instituto, la universidad, en el trabajo o por Whatsapp.

 “Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo”

 

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Dense prisa con las enfermedades

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Solo con oír las palabras cáncer, SIDA o Alzhemier, le cambia a uno el semblante. La solución definitiva a estas enfermedades arrastradas desde el siglo XX es demasiado lenta. La ciencia y la investigación necesitan de total respeto, empezando porque cuenten con los recursos que precisan, dejando atrás recelos tradicionales de los países a la hora de invertir como es debido para erradicar estas y otras enfermedades tan mortales.

Siendo niño, y gracias a verlo en periódicos y revistas cuando daban importancia a la investigación médica, se me quedó grabado el nombre de Christiaan Barnard. El mundo se despertaba un 3 de diciembre de 1967 con la noticia de que este cirujano sudafricano había llevado a cabo el primer trasplante de corazón. Fue a un hombre de 56 años llamado Luis Washakansky. La donante, una joven de 25 años, de nombre Dénise Darvall, que falleció atropellada. Cuando se apuesta de verdad por la ciencia se asientan en el tiempo, generación tras generación, nombres vinculados a grandes descubrimientos, de los que ahora estamos faltos porque los países, con sus crisis a cuestas (más morales que otra cosa), han decidido que el dinero empleado en la investigación no es lo suficientemente productivo a la hora de recoger votos en las urnas.

La lista es más larga, pero tres de las grandes enfermedades que arrastramos y conllevan un terrible sufrimiento para millones de personas en todo el mundo son el cáncer, el SIDA y el Alzheimer. ¿Se hace todo lo que se puede para combatirlas y, voy más lejos, para erradicarlas de una vez por todas? La reciente crisis económica puso de manifiesto la gran fragilidad en que se movía la utilización de recursos presupuestarios públicos dedicados a la investigación y sus resultados, y creo que seguimos en esas mismas circunstancias de escasez de impulso hacia las cuestiones que bien podemos denominar como problemas angustiosos de la humanidad (en unos sitios más que en otros, como el ébola en África).

 “¿Se hace todo lo que se puede para combatir el cáncer, el SIDA y el Alzheimer”

Cuando pienso que la gente habla de tener suerte o perderla ante estas enfermedades, ratifico mi creencia de que se puede hacer mucho más de lo que se lleva a cabo ahora, dentro de un marco mundial que cada vez dedica más dinero a rearmarse y provocar nuevos conflictos bélicos, en vez de asegurar un mayor bienestar social a millones de ciudadanos que tropiezan con estas y otras enfermedades mortales. Dentro de este escenario surgen nuevas preocupaciones como el rebrote de enfermedades de siempre entre los niños como es el caso del asma, las alergias, los virus o la diabetes. El medio ambiente y la alimentación preocupan como nunca antes habían preocupado, y estamos a la espera de nuevos estudios que arrojen luz sobre las incertidumbres que nos acechan. La ciencia, como es el caso de España, debería mantenerse al margen del mero marketing político, para dar un giro radical y servir de auténtica esperanza en el avance y resolución de tantas angustias en forma de enfermedad como vivimos. Cuando más ha interesado, ya que ahora parece que el asunto está olvidado, se ha hablado de una falta de financiación con fines científicos. Me doy cuenta de que esta dejadez no es solo española, es también de la Unión Europea y de las potencias que antaño fueron impulsoras de descubrimientos de todo tipo, aunque quiero subrayar especialmente a los médicos.

Todas estas preguntas se las hacen con más razón las familias que pierden a algunos de sus miembros, víctimas de las enfermedades que más temor producen. Los Estados no pueden escudarse únicamente en una sanidad universal, al frente de la cual se encuentran los grandes hospitales que, ciertamente, son un ejemplo junto a sus profesionales de esta asistencia general. Pero hay que ir más lejos y aquí entra dejar atrás definitivamente las dudas y recelos a cerca de lo que los diferentes países tienen que invertir en innovación de todo tipo para dar respuestas a los desasosiegos más comunes. Como dijo Carl Sagan, uno de mis preferidos por su contribución a la divulgación científica, “en algún lugar, alguna cosa increíble aguarda a ser descubierta”. El problema viene en nuestra forma de actuar muchas veces, algo que en palabras de otro grande como Isaac Newton se escribiría así: “Construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.

 “La ciencia debería mantenerse al margen del marketing político, y servir de auténtica esperanza a tantas angustias en forma de enfermedad”

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La mejor herencia, los estudios (sin máster)

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No cesan las movidas con másters y tesis, a lo que se une algo que me repugna más si cabe como son los plagios. Pronto se olvida el nombre de un cargo público dimitido al verse envuelto en alguna de estas circunstancias. Cosa bien distinta es el daño moral infringido a los esforzados estudiantes, y a la necesidad imperiosa que tienen de creer en lo que hacen y en su legalidad. Todo ello me hace pensar que nuestros universitarios están ahora bastante tocados.

La crisis dejó tiesa la hucha de muchas familias, y empezó a circular la resignada idea de que la mejor herencia que pueden recibir los hijos de sus padres son unos buenos estudios. Que la ilusión mueve montañas es una frase ya del pasado, porque son las formas que emanan de unas buenas prácticas personales y profesionales las que generan confianza en todos los ámbitos de la vida. Me viene a la menta la banca. Sepostula actualmente como muy seria y responsable, pero antes se las hizo pasar canutas a muchos de sus impositores por las trampas de las Preferentes. Sí, la confianza se gana día a día, momento a momento, y no vale con darse autobombo, lo mismo una entidad, una institución pública, una universidad o una personalidad, sino va acompañado de algo tan elemental, como escaso hoy, conocido como ética.

A medida que voy haciendo años me doy más cuenta de que es cierto que, al final, somos nuestras elecciones. Se constata en tanto curriculum falso que termina por hacerse público-polémico, y lo mismo sucede con los másters y tesis doctorales a la carta que forman ya parte de las noticias cotidianas, como si los españoles no tuviéramos otros problemas mas relevantes por resolver, y siempre pongo en cabeza el paro. Ser y actuar bien, sin trampas,mentiras e hipocresías, es todo un reto porque recibimos una educación basada mayormente en anhelar el éxito rápido, y en despejar en un momento dado los inconvenientes echando mano de atajos que al final terminan con muchas carreras políticas y profesionales. Lo he visto muchas veces, y es una de las cuestiones que menos me gustan de mi país, ante la facilidad existente de que el mal ejemplo cunda entre los más jóvenes, con eso tan español del embudo ancho para unos y estrecho para los demás. Las universidades han de ser santuarios de lo ético, porque cuesta mucho llegar a estudiar en ellas, y lo digo tanto en el plano del esfuerzo y superación personal, como a la hora de que las familias abonen las caras matrículas de cada curso.

 “Las universidades han de ser santuarios de lo ético, porque cuesta mucho estudiar, tanto por el esfuerzo como por las caras matrículas”

Los alumnos necesitan creer, ver todo un ejemplo en sus profesores, y comprobar que las calificaciones se ajustan a la valía de lo que hace cada estudiante. Por eso la crisis de los másters en España, que incluso se lleva por delante a toda una ministra, les tiene cabizbajos y frustrados, dando la sensación de que ya no saben qué pensar. No me preocupa tanto el nombre y el cargo de quien se ve afectado por uno de estos casos, como la reiteración de másters y tesis sospechosas, junto a la mayor acusación si cabe de plagios, que tan abundantementeo se han perdonado hasta el basta ya actual. A las incertidumbres sobre su futuro, los estudiantes se preguntan con toda la lógica del mundo sobre la valía de lo que han estudiado, la titulación correspondiente, porque la seriedad resulta primordial en la consecución de un curriculum preparatorio para conseguir luego ese puesto de trabajo directamente relacionado con los estudios cursados. Máster es excelencia, pero semejante término se ha visto comprometido por la reiteración de casos que saltan a los medios de comunicación, a la investigación interna universitaria y, finalmente, a los tribunales. Así es imposible afianzar o reforzar algo tan imprescindible como la preparación mediante unos seguros y adecuados estudios, que sean iguales para todos, sin distinción de ningún tipo.

Para regresar a una senda de confianza, se hace necesario revisar de manera urgente la independencia de nuestras universidades, que en muchos casos dependen de presupuestos públicos y, por lo tanto, de la política. En los últimos años, las dos noticias preferentes en España, si exceptuamos los casos de corrupción y el cambio de Gobierno, han sido la situación de Cataluña y las dimisiones por fraudes cometidos en el desarrollo de másters universitarios. La duración del tiempo a la hora de acabar con un problema no es cuestión baladí, porque puede sumir a muchas personas en la desconfianza más absoluta. Ni más ni menos, es lo que está ocurriendo. Por lo pronto, y de manera urgente, hay que devolver a nuestros estudiantes la firme creencia de que sin dedicación y esfuerzo no es posible la consecución de ninguna titulación. Produce sonrojo leer el título genérico de algunos másters, siendo del todo imposible predecir la utilidad futura que van a tener determinados estudios, como no sea para colgar de la pared un título encabezado por el manoseado y desprestigiado término de máster.

 “En los últimos años, las dos noticias preferentes, han sido Cataluña y las dimisiones por fraudes cometidos en másters universitarios”

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Lo mejor de España, el deporte femenino

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Pasó primero en la larga crisis y ha vuelto a ocurrir en los últimos años. Me refiero al hecho de que las mejores noticias que ha tenido España, a falta de concordia política, trabajo, dinero y perspectivas, ha venido de la mano del éxito del deporte denominado como femenino. ¿Se reconoce el hecho? No, y en este artículo voy a contarles por qué.

Así como el fútbol es el abusón del deporte a la hora de hacer de menos a todas las demás especialidades, utilizar el masculino y el femenino para diferenciar lo que practican hombres y mujeres crea unas diferencias que, como ocurre con los sueldos, beneficia más a los primeros que a las segundas. España vive una época gloriosa con respecto a los éxitos internacionales de la mujer en el deporte, y albergo todas las dudas respecto a que seamos conscientes de ello y estemos dispuestos a reconocerlo y,sobre todo, ponderarlo como el hecho merece. La Transición de la dictadura a la democracia cambió muchos de nuestros tradicionales defectos en casposidades varias, siendo el principal inocular socialmente la práctica deportiva para pasar del fracaso a subir al podium de los ganadores.

Dicho y hecho: la reiterada recogida de trofeos, medallas y diplomas por parte de nuestras deportistas supone a mi juicio la mayor contribución para el afianzamiento de una igualdad que ha de ser visible en todos los aspectos de la vida. Es cierto que los medios de comunicación, en especial los deportivos, son cada vez más afines al seguimiento que hay que hacer al deporte femenino. Cabría esperar en este sentido que tanto cambio de cargos en la radiotelevisión pública española sirva para impulsar la emisión de torneos en los que participan las mujeres. Kierkegaard, considerado el padre del existencialismo, dijo que tenemos que encarar lo que somos, ya que eso es lo que cambia lo que somos. Y aquí entra la mentalidad con la que afrontamos todo aquello que nos pasa a lo largo de nuestra existencia.

 “Tanto cambio de cargos en la radiotelevisión pública debe impulsar la emisión de torneos en los que participan las mujeres”

Las deportistas en general no se cansan de demandar visibilidad hacia todo lo que hacen. La imagen, la foto y la información siempre son necesarias. Pero su mayor anhelo es que la normalidad impere en lo que hacen y de esa naturalidad surja una igualdad que haga desaparecer diferencias, discriminaciones, omisiones y olvidos. Aquí los gestos son esenciales. Este mismo verano saltaba la noticia de que en un viaje en avión de los equipos masculino y femenino de fútbol del Barça, los hombres viajaban delante, en clase business, y las mujeres detrás, en clase turista. El caso tuvo, como debe ser, gran trascendencia, y muchos fueron, yo el primero, los que buscaron un equilibrio entre lo ocurrido y las muchas ocasiones en las que un club como el Barcelona ha sido total ejemplo en el cumplimiento de los valores esenciales, y la igualdad es uno de ellos. Pero estas son las cosas que ocurren aún en España, y que ponen de manifiesto que a las mujeres les cuesta ser reconocidas con respecto a lo mismo que pueda hacer un hombre, como por ejemplo jugar al fútbol.

Aún se recuerda la gran pifiada de la Selección de fútbol de España en el último Mundial de Rusia, pero muy poco o nada se hace hincapié, hasta la saturación si fuera necesario, en que la selección femenina de fútbol ha ganado el Europeo Sub 17, también el Sub 19 y perdió la final de Sub 20 ante Japón. En Holanda,Dinamarca, Suecia o Noruega, esto sería de recibimiento con todos los honores, pero aquí semejantes bienvenidas solo se organizan cuando los campeones son hombres. El desconocimiento de lo que hacen y son nuestras campeonas abarca muchosdeportesdonde lo ganan todo: fútbol, baloncesto, balonmano, rugby, hockey patines, hockey sobre hielo, golf, windsurf, waterpolo, vela, halterofilia o pelotaris. Las ayudas, preferentemente las económicas, tampoco son iguales. Los sponsors crecen, pero la soledad vivida durante mucho tiempo en este terreno deja mella. Con inconvenientes o no, ellas no dejaban de ganarlo todo y, como suele ocurrir también en este país, gozar de un mayor reconocimiento fuera que dentro. Queda mucho trabajo aún por hacer, y para que sea eficaz de verdad hay que iniciarlo desde la base. Los primeros que han de acostumbrarse a tuitear la pasada que son nuestras deportistas en todos los terrenos son los jóvenes de ambos sexos. Y los medios de comunicación hacerlo también mejor y a diario, con total naturalidad, para no dejar una sensación (al menos yo la percibo) de que lo dan porque es políticamente correcto, aunque el convencimiento del logro y la trascendencia de la noticia no llega todo lo que debiera, quizás por mostrar escasa pasión ante una nueva gesta de nuestras deportistas.

 “Los primeros que han de acostumbrarse a tuitear la pasada que son nuestras deportistas son los jóvenes de ambos sexos”

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La sangría económica y emocional de las prejubilaciones

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Concluir la vida laboral cuando alguien está en la mejor edad es una total incongruencia, además de una sangría económica para cualquier país. Con las prejubilaciones, perdemos a diario trabajadores muy cualificados, caso de la banca, sin que el hecho cause alarma alguna. Importar es valorar, reconocer, agradecer, y tratar siempre de motivar al profesional. Me temo que no es actualmente el caso español.

Cuando el griego Hipócrates escribió que “los hombres deberían saber que del cerebro vienen las alegrías, el ocio, las penas y el abatimiento”, aún no existían las prejubilaciones. De hecho, queda mucho aún por avanzar en el laberinto cerebral, y aprovecho para dar las gracias al neurólogo inglés John Hughiling Jackon, quien en 1878 describió el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro como el centro de la facultad de expresión. Con este lado de la cabeza mayormente nos defendemos. En cambio, el hemisferio derecho es más peliagudo, dado que concibe todo o nada, situaciones y pensamientos, dejando muy claro que no estamos hechos para la crisis, el paro, la política actual, la corrupción o ver cómo se le va la mirada a nuestros hijos, interpretando como padres que antes pasaron por lo mismo que su pensamiento busca respuesta a un viejo interrogante: ¿alcanzaré mis metas?

España como país cuenta con dos vicisitudes que tampoco ayudan mucho a esto de mantener una mente sana. Somos en primer lugar muy desagradecidos.Sigue lo olvidadizos que somos de hechos y personas, si exceptuamos la Guerra Civil y Franco. No llegué a escribir un artículo con la marcha de Cristiano Ronaldo del Real Madrid, pero entiendo perfectísimamente que su entorno justificara el traslado del futbolista a Italia, a pesar de ganarlo y tenerlo todo, ante la falta de cariño del club y una parte de la afición. Muchos otros profesionales albergan el mismo sentimiento durante toda su vida laboral, y cuando te enfrentas a una jubilación anticipada, que nunca esperaste, el desconcierto y sufrimiento personal cobran un perturbador protagonismo.

Cuando te enfrentas a una jubilación anticipada, el desconcierto y sufrimiento personal cobran un perturbador protagonismo”

En la asignatura de economía se estudia que la mejor inversión de una empresa se halla en la formación y satisfacción de sus trabajadores, lo que hace que se impliquen totalmente en la productividad y competitividad de la firma o institución en la que desempeñan su labor. Hoy encontramos dentro del sistema productivo español los peores ejemplos en la banca, los medios de comunicación y las Administraciones, donde la edad no significa ya reconocimiento a una buena trayectoria o transmitir a los jóvenes unos valiosos conocimientos al acceder a su primer puesto de trabajo. Mencio, el gran filosofo chino escribió en uno de sus libros algo que viene muy al momento de lo que pasa hoy por la cabeza de muchos trabajadores españoles, sin olvidar las graves consecuencias que ha dejado la última gran crisis económica: “Si lo que haces es en vano, mira siempre en tu interior y hallarás la respuesta”.

Hay que descubrirse ante el coco de Mencio pero no ante el ejemplo que nos pone, algo que se explica claramente con el poco reconocimiento que hay en España hacia los profesionales, su labor y capacidad. Los colegios profesionales lo saben muy bien. La impresentable Reforma Laboral (¡que se mantiene en vigor!) ha puesto el resto: trabajo barato, mal pagado y millones de asalariados que subsisten mensualmente con unos sueldos que nos avergüenzan dentro de la Unión Europea. El otro lado oscuro de esta situación es permitir la drástica reconversión en sectores, como la banca, que deja en casa a miles de personas cuya gran capacidad de gestión se pierde en manos de una sociedad que no lo valora, en absoluto. España como marca busca consolidarse cada vez más en el mundo, aunque la motivación laboral en en propio país sea la que es: nula. Hay que volver a los sueldos dignos, mejorar los que fueron restados en empresas y Administraciones Públicas (en unas más que en otras), y generar en la juventud alicientes y valores profesionales que nos hagan sentir que, verdaderamente, la riqueza se distribuye en base a la igualdad de oportunidades que hay que crear en todos los campos y sectores. Y, ahora, España, no es así.

La impresentable Reforma Laboral que se mantiene en vigor nos avergüenzan dentro de la Unión Europea”

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