¿Entre Greta y Trump?, Greta

A un lado, Donald Trump, en nombre de los poderosos y magnates, defendiendo la tesis de que a la Tierra no le ocurre nada, que está como siempre. Al otro, Greta Thunberg, una joven de 16 años, que representa el cabreo de los jóvenes con la destrucción masiva del planeta. Entre uno y otra, estoy con Greta y su reproche a la cara: “¿Cómo os atrevéis?”.

La ONU se ha quedado obsoleta, aunque periódicamente reúne en su sede neoyorquina a los mandatarios de todo el mundo, que toman la palabra para hablar de lo que más les conviene, menos centrarse en el tema que les convoca, como ha sido esta última gran cita sobre el Cambio Climático. Como suele ocurrir con las asambleas de Naciones Unidas, el resultado final es cero.

Para este encuentro de “inacción climática”, del 23 de septiembre de 2019, había dos protagonistas de excepción, con una diferencia de edad de 57 años:  Donald Trump (73) y Greta Thunberg (16). El primero es el todopoderoso presidente de los Estados Unidos. La segunda es una colegiala sueca, activista la definen, que moviliza a millones de jóvenes en el mundo, en pro de una causa fácilmente asumible, como es que dejemos de aniquilar el Planeta Tierra. Porque es un soberbio y le va la provocación, el norteamericano podría haber prohibido a la europea pisar suelo estadounidense. Pero Trump vive del marketing directo, al instante, a la carta, mediante su arma preferida (además de las pistolas y los rifles), como es Twitter. Ahora que le han presentado el Impeachment o proceso de revocación de su cargo, necesita más fotos y publicidad que nunca.   

“Greta Thunberg es una colegiala sueca, activista la definen, en pro de una causa asumible como es que dejemos de aniquilar el Planeta Tierra”

Por eso de que los niños siempre dicen la verdad, habrá quien encuentre rechazos, pero con su voz quebrada por el enfado y los nervios del momento, Greta dijo en la sede de la ONU verdades como puños, acerca de la destrucción masiva de los ecosistemas que la raza humana está llevando a efecto con el clima, la vegetación, los polos y las especies de esta maravilla llamada tierra. No hay peor ciego que el que el que no quiere ver, porque mientras Greta decía en voz alta que “estamos en el comienzo de una extinción masiva, y todo de lo que podéis hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico”, Bolsonaro, otro populista además de presidente brasileño, aseguraba que el Amazonas no es el pulmón del mundo y su país es uno de los que más protege el medio ambiente.

Ya se lo había dicho con anterioridad Greta a los Bolsonaros que proliferan: “Habéis robado mis sueños y mi infancia con vuestras palabras vacías”. Otra: “Nos estáis fallando pero los jóvenes están empezando a entender vuestra traición”. Una más: “Venís todos a los jóvenes en busca de esperanza. ¿Cómo os atrevéis?” La joven sueca ya se ha doctorado en comprender la política internacional: intereses, interesas y más intereses. A la sombra de ellos, los poderes económicos y los lobbies que financian para defender sus privilegios en todos los foros políticos, económicos y sociales.

En las últimas cumbres del clima hubo ruido antes de celebrarse, bostezos durante su desarrollo, y olvido al clausurar el evento y apagarse las luces. Pero ahora está Greta, mejor dicho, jóvenes de todo el mundo se han alzado pacíficamente para defender lo mejor que tenemos y, en cambio, es lo que maltratamos más: el suelo que pisamos y nos cobija, los mares, las montañas, los icebergs, los animales, muchos de ellos en extinción como ballenas, tigres, rinocerontes y los mismísimos pájaros (“Hacia un mundo sin pájaros”). En realidad, nada se salva, ni bosques, ni playas, ni ríos ni montes, nada de nada.

Por la metamorfosis del clima señalamos casi siempre a la industria y la contaminación en general. Se olvida en cambio, y la propiedad de los medios se nota en este aspecto, que la voracidad urbanística se lleva todo por delante. Ahora ha fijado sus garras en el Amazonas que comparte Brasil y Bolivia, pero antes han sido muchos otros territorios que debieran de tener la categoría de reservas y no lo son. Hablando de reservas naturales. Los países y sus Gobiernos se conforman con defender ciertas zonas de los pisotones humanos, pero esto solo es un pequeño gesto conservacionista ante todo lo que arrasamos. Se podría decir que por un suelo que preservamos, destruimos miles. Nos lo vendan como nos lo vendan, hemos bajado mucho la guardia en materia de medio ambiente, y los poderes nos enseñan muy bien en qué color de contenedor debemos depositar nuestros residuos. ¿Y ya ésta? No, basta de camelos. “Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre vosotros. Y si elegís fallarnos os digo que nunca os perdonaremos”. Firmado: Greta Thunberg, ONU, en nombre de muchos más y en el mío propio.

“Jóvenes de todo el mundo se han alzado para defender lo mejor que tenemos: el suelo que nos cobija, los mares, montañas, los animales…”

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Tanta prejubilación que desmoraliza a los trabajadores

Las prejubilaciones van a más en casi todos los sectores productivos. Enviar a casa a expertos trabajadores de más de cincuenta años es un paso desastroso para la economía. Porque estás en lo mejor de la vida. Porque máquinas sustituyen a personas. Y porque desmoralizas a los trabajadores en su conjunto, que ya no saben lo que pensar de su futuro.

Un nuevo anuncio de Telefónica que afectará a 5.000 de sus empleados sigue haciendo girar la ruleta de las incongruentes prejubilaciones en España. A la cuestión profesional y, por lo tanto, personal, hay que sumar el perjuicio económico y social, aunque no menos importante y trascendente es el agravio comparativo que se genera hacia el conjunto de  trabajadores, que ya no saben qué pensar sobre el presente ni mucho menos sobre su futuro.

Con medio siglo de vida, mucho del cual lo has pasado educándote hasta encontrar una colocación, mandar a un trabajador a casa es la prueba más contundente del fracaso de un capitalismo abducido solo por balances y resultados, que pese a ser beneficiosos no apuestan por el otro capital, el  humano, cada vez más mermado dentro de las robotizadas multinacionales.

“Con medio siglo de vida, mandar a un trabajador a casa es la prueba más contundente del fracaso de un capitalismo abducido solo por balances”

El empleo que se crea hoy es penoso y el de larga duración, al que nos habíamos habituado en el siglo pasado, está sufriendo una mutación a pasos agigantados, siendo la prejubilación su exponente más perverso, aunque el daño total venga de la mano del despido directo. La banca en general, las grandes compañías de telecomunicaciones, como Telefónica, aseguradoras, automovilísticas, químicas o farmacéuticas, entre otras, están plenamente subidas a este carro de adelantar las jubilaciones, pese a las dudas actuales de casi todos los Gobiernos del mundo sobre cómo se van a afrontar y pagar a medio plazo el conjunto de las pensiones  comprometidas.

La incongruencia no es solo española. Cabría poner a pensar a los sabios económicos, cada vez más escasos, sobre horizontes y salidas a los mismos, pero la política está enzarzada en otros asuntos, y los populismos son la prueba más palpable de que se retrocede más que avanza. Las nuevas guerras comerciales, los costes de la transición ecológica, afrontados individualmente, como Alemania, en vez de globalmente, nos sitúan en escenarios económicos impredecibles, en los que el que más pierde es el trabajador. Sería fácil, aunque cierto, señalar con el dedo a la nueva robotización industrial de los desastres que está padeciendo el empleo al uso en fábricas o empresas de diversa índole. No hay debate alguno sobre que las máquinas sustituyan paulatinamente a las personas, como si el problema no tuviera la suficiente envergadura como para tratarlo mensualmente en el Congreso de los Diputados. 

Una prejubilación crea en sí misma la incógnita de si quedará algún tipo de  empleo seguro que proporcione estabilidad duradera. Contestar con un sí o no es materia aún no escrita sobre lo que pueden y deben decir al respecto los ministerios de economía y trabajo, sindicatos y patronales que aglutinan a los empresarios.  Hoy solo hay silencios, acompañados de estos detestables anuncios de miles de prejubilaciones, como ha ocurrido dentro de una banca que ha cerrado sucursales a destajo, sin importar siquiera que pueblos enteros se hayan quedado sin bancos y cajas.

Algo que me molesta mucho de todo este panorama es que se venda como evolución, y que la sociedad en su conjunto trague con semejantes hechos consumados. Sucede lo mismo cuando se tiene la desfachatez de asegurar sin despeinarse que las personas mayores son las más beneficiadas de estas nuevas exigencias de recuperar tu propio dinero solo a través de cajeros automáticos. Otro ejemplo lo encontramos cuando nos hablan de la compra inteligente, porque en vez de atenderte en el hipermercado una persona en caja, puedes hacer directamente el autopago en máquinas dispuestas al efecto. Ya pasó con el carburante y las gasolineras sin empleados, y el ejemplo cunde en todo lo demás, aunque el resultado de que quien paga se lo tenga que hacer todo, sin trabajadores de por medio,no parece ni medio normal. ¿Cómo va a ser normal que las máquinas sustituyan en todo a las personas? Entonces, ¿cómo y de qué viviremos?

“Una prejubilación crea en sí misma la incógnita de si quedará algún tipo de  empleo seguro que proporcione estabilidad duradera”

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Blanca o pasarse con la información de sucesos

Son innecesarias muchas de las cosas que nos cuenta la información de sucesos. Nos estamos especializando en sumar dolor al dolor. Y no lo digo yo: lo denuncian las familias atropelladas por el sensacionalismo instalado en este tipo de noticias, como acaba de apreciarse  nuevamente en la muerte de Blanca Fernández Ochoa.

Ya que España es un caso en sí misma, no es de extrañar que el morbo y el cotilleo tengan hueco tan importante dentro de la información diaria que consumimos los ciudadanos. Avispado y visionario estuvo el periodista Eugenio Suárez Gómez, cuando el 11 de mayo de 1952 fundó El Caso, un seminario especializado en sucesos, que empezó con una tirada de 10.000 ejemplares. Pronto alcanzaría los 100.000, que es lo que tiran hoy los periódicos españoles más vendidos.

El caso (encontrarán muy repetida esta palabra en el artículo) es que los sucesos venden, la televisión e Internet tiran como una locomotora de ellos, y el resto de medios de comunicación entran a saco en todas las noticias de este tipo, que acontecen en este peculiar país al sur de Europa. Incluso cuando el hecho doloso se considera como muy impactante para la sociedad, hay televisiones que acuden a la vestimenta de luto en sus presentadores, para poner así más énfasis lacrimógeno en todo lo que van a narrar ellos y los reporteros, casi siempre de manera reiterativa, y casi siempre de forma excesivamente sensacionalista. Lo denuncian en primer lugar las familias de las personas protagonistas de los sucesos, a quienes no les falta razón al relatar un acoso periodístico innecesario, en la búsqueda de imágenes o declaraciones que no aportan nada al caso.

Ha vuelto a suceder con la muerte de Blanca Fernández Ochoa. Creo que da igual el medio elegido para seguir el suceso. La coincidencia entre todos ellos, a la hora de tratar estos acontecimientos, se llama información innecesaria. Los periodistas somos muy dados a hablar de los excesos ajenos, pero muy escasamente lo hacemos sobre los que cometemos nosotros. La crisis económica noqueó a los medios de comunicación en general, pero no tiene que ver con ello la forma de contar los sucesos en España, que es una mala tradición que va pasando de una generación a otra, porque el público demanda realmente esta cascada de datos sobre el antes y el ahora de Blanca Fernández Ochoa.

“Da igual el medio elegido para seguir el suceso. La coincidencia entre  ellos, a la hora de tratar estos hechos, se llama información innecesaria”

Como hizo la CNN con el directo permanente de la Guerra del Golfo, en España se activa la maquinaria del espectáculo cuando un suceso es valorado como diamante en bruto para las audiencias. Insisto: las televisiones y demás medios ofrecen lo que lectores, televidentes y radioyentes quieren. En este sentido, nada hay que reprochar a la información que, en gran medida, inicia sus pesquisas sobre lo ocurrido atendiendo a esa regla básica que enseñamos a los estudiantes de periodismo, sobre responder siempre dentro de la noticia a las cinco cuestiones básicas como son el qué, quién, dónde, cuándo y por qué.

Ahora bien, cómo enseñas el tacto, la cortesía, ponerse en la piel de quien sufre la desgracia, y cómo vivirán en adelante su profunda e insuperable pena, entre tanta gente que parece que sabe sobre ellos más que ellos mismos.  Y precisamente es esto lo que está pasando con la información de sucesos, a lo que quiero sumar algo que yo denomino como los listos de la bahía y jetas, que quieren protagonismo y aparecer en el Sálvame, a costa de contar cosas que no deben, atribuirse fuertes amistades que no son tanto, o, lo peor, cobrar por montar espectáculos deleznables sobre el dolor ajeno. Ruego porque no les llegue a pasar a ellos lo que han hecho tan mal con los hijos y demás familiares de Blanca Fernández Ochoa.

La información de sucesos en España es la que es y no va a cambiar. En todo caso, irá a peor, en la medida que el morbo ciudadano la respalda. Al decir esto, imposible no señalar con el dedo a las redes sociales, las tonterías que aportan a los sucesos, las mentiras y mierdas que propagan, y el terrible daño que infringen a familiares de fallecidos o desaparecidos. Cuando los focos dirigidos hacia el suceso tratado se apagan, queda un gran desconsuelo para los implicados directos que han sufrido semejante acoso informativo, que suele ir acompañado de borrarse de las redes tras leer  tantas falsedades e invenciones. Así, el periodismo sigue su caída libre porque se resiente más y más, algo que choca frontalmente con la falsa idea que se transmite dentro de las redacciones de que, una vez más, se ha hecho un gran trabajo con la información de servicio facilitada al público. ¡Ya!

“Listos de la bahía quieren protagonismo a costa de contar cosas que no deben, o cobrar por montar espectáculos deleznables con el dolor ajeno”

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La exagerada seguridad de la que se presume

La inseguridad ciudadana que se vive en Barcelona es el mejor ejemplo de que la protección requiere siempre no bajar la guardia. Para ello es imprescindible tener criterios comunes sobre los delitos que se cometen y las penas consiguientes. Y esto, aquí, no ocurre.  

Por razones de economía y especialmente por captar astutamente mayor turismo cada año, España siempre ha exagerado la eficacia de su seguridad, sobre lo que realmente pasa en las calles, con los carteristas o xenófobos en los Metros, drogas, agresiones o con los tirones de  bolso en pleno centro de nuestras ciudades. Contamos con fuerzas y cuerpos de seguridad que se encuentran entre los mejores del mundo, si, es cierto, aunque si las leyes se quedan atrás con respecto al avance de los delitos en general, es entonces cuando la confianza en la seguridad real se resquebraja.

Tal es el caso de Barcelona (Madrid tampoco se queda corta), ahora en la picota nacional y, desgraciadamente, también internacional, porque la delincuencia se ha disparado, y los responsables de mantener segura una de las urbes más pobladas de Europa se muestran impotentes para erradicar los sucesos que acontecen, desde asesinatos, a robos, pasando por peleas callejeras, con una presencia de armas antes desconocida. Cuando los vecinos de muchos barrios llegan incluso a formar grupos de vigilancia y defensa, es motivo suficiente para que se pase de la preocupación al debate político, con un resultado de acomodar nuestro Código Penal a lo que se demanda, no precisamente por capricho.

“Si las leyes se quedan atrás con respecto al avance de los delitos, es entonces cuando la confianza en la seguridad real se resquebraja”

Los españoles mostramos cada vez más en público nuestra incredulidad ante las situaciones surrealistas que se dan, como es el caso de los ocupas, frente a los que se puede hacer poco legalmente, y eso que la vivienda es propiedad del denunciante. Del temor a verse afectado por este y otros sucesos, no se pueden lucrar las empresas de alarmas, que son las que realmente se están beneficiando del aumento de la delincuencia, la ausencia de medidas eficaces, pasando por reconocer, lo primero,  “Houston, tenemos un problema”. En Barcelona ya se reconoce abiertamente, y de manera oficial, que es más difícil aún de ver.  Pero, ¿por qué se ha llegado a esta situación? Pues por un poco de todo. Ya hemos señalado que cuando las sociedades y sus problemas avanzan, en paralelo lo han de hacer las normas que supervisan que el respeto a la convivencia y, por lo tanto a los demás, funciona certeramente.

Hay otra cuestión no menos trascendente respecto a la inseguridad ciudadana. Me voy a referir a la severa discrepancia de opiniones sobre determinados delitos, según la formación política con representación en las instituciones, principalmente Congreso y Senado, de la que se trate. No estoy de acuerdo con algunos aspectos de la Ley de Seguridad Ciudadana, pero tampoco con que los chorizos campen a sus anchas, y sigan libres con tropecientos robos cometidos. Cuando ya se pasa a los crímenes, como está ocurriendo peligrosamente en Barcelona, todas las administraciones implicadas deberían hablar y ponerse de acuerdo sobre las medidas urgentes a aplicar, para que la calma sustituya al temor actual.

Aunque no sirva de nada, cabría recordar que lo que más necesita este país son pactos de Estado en las materias más sensibles, como son la educación, la seguridad, el terrorismo, el desempleo, las pensiones o la dependencia. No solo no hay unidad en torno a estos y otros temas, sino que cada vez nos alejamos más de tener criterios comunes sobre problemas concretos, que en cambio si generan un malestar en  la opinión pública, algo que se aprecia nítidamente por las denuncias que se hacen en los  medios de comunicación. El mensaje de lo que pasa en Barcelona ya ha traspasado nuestras fronteras. Los países compiten en todo, más en seguridad.Cuando estaes poca (más policías), mala o inexistente, se recomienda no viajar a determinados destinos, como se hace de habitual en Estados Unidos, Inglaterra o la propia Unión Europea. Estaría bueno que nuestro potencial turístico, el mayor recurso de ingresos que tenemos, se viera afectado porque no somos capaces de poner orden dentro de nuestra propia casa. Pero es lo que hay.

Los países compiten en seguridad. Cuando esta es poca (más policías), mala o inexistente, se recomienda no viajar a determinados destinos”

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El deporte, un siglo más, medalla de honor

Por algo es que las historias más bonitas a recordar suelen tener que ver con el deporte. Será por sus valores, como la solidaridad, el honor o el  juego limpio que se busca dentro y fuera de los terrenos de juego. El pesar unánime del mundo deportivo con la familia de Luis Enrique, ante la pérdida de su hija, es la demostración de lo que digo. 

Con Hitler en el palco principal representando la locura de la supremacía aria, el atleta negro Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en las Olimpiadas de Berlín de 1936. En un 3 de agosto se colgó al cuello la primera, tras su gran carrera en los 100 metros lisos, y al día siguiente regresó al podio como campeón en el salto de longitud. Owens contaría tiempo después que en la consecución de este segundo oro fue esencial una recomendación técnica que le hizo el atleta alemán Luz Long. Sin duda, fue un gran gesto deportivo en lo que suponía romper las cadenas del odio, racismo y totalitarismo ideológico, que trataba de imponer al resto del mundo el nazismo del Holocausto.

Antes de lo de Berlín, Víctor Boin, un ingenioso deportista belga, estuvo realmente acertado cuando en 1920 escribió el primer juramento olímpico con estas bellas palabras: “Tomaremos parte en la Olimpíada, en leal competencia, respetando las reglas que la gobiernan y el deseo de participar en ella con verdadero espíritu deportivo, por el honor de nuestra patria y por la gloria del deporte”. Cuando muchas veces aseguramos que el deporte y los deportistas representan como nadie valores esenciales, tal que el esfuerzo, el respeto o el compañerismo, acertamos de lleno.

En España acaba de apreciarse ese espíritu deportivo. El ex seleccionador nacional de fútbol, Luis Enrique, sufre el mayor mazazo que puede darte la vida como es la pérdida de un hijo o una hija, y al tiempo que experimentas un sincero pesar por esta familia, lo fundes con el orgullo que proporciona que todo el mundo deportivo, de aquí y de fuera, muestre su dolor y condolencias de manera tan unánime. En los buenos, pero también en los malos momentos, el deporte no distingue  entre especialidades y el fair play (juego limpio) se activa instantáneamente, buscando el apoyo y la solidaridad hacia quien lo necesita dentro y fuera del terreno de juego. Para mi edad, recuerdo gestas deportivas inolvidables, así como a los deportistas que las protagonizaron. También ha habido garbanzos negros, los que menos, que crearon por sus trampas y pésimos comportamientos  gran consternación, además de la crítica por el mal ejemplo que dejan a la juventud.

“Luis Enrique sufre el mayor mazazo como es la pérdida de una hija, y el mundo deportivo, de aquí y de fuera, muestra su dolor unánime”

Y es que los valores que se expresan en la práctica deportiva deberían imitarse en otros campos que nos decepcionan hoy en día, cuando hablamos de malas prácticas dentro de la actividad pública o privada, la economía avariciosa, los negocios de influencia y privilegio, las empresas que hacen con sus productos enfermar o morir a los consumidores, o las políticas de conveniencia capaces de suspender  a todo un Parlamento en su actividad y funciones, como sucede en el Reino Unido, para vergüenza de la democracia que primeramente entonó Aristóteles.

Creo que muchas de las cosas que se hacen ahora representan ambiciones personales, pero no el sentir general que tenemos la mayoría hacia el entendimiento, la prosperidad general, un progreso respetuoso con el medio ambiente y, por supuesto, el compromiso inquebrantable con la paz. Falta espíritu, falta generosidad, y falta unidad, lo que se aprecia actualmente en la ruptura de los tratados comerciales, que aboca a los países más subdesarrollados a no tener futuro alguno. En todo esto, el siglo XXI es un fiasco auténtico, y con las aberraciones que se llevan a cabo, hay pocos ejemplos buenos que destaquen como puede ser el caso del deporte y los deportistas. Está en su ADN, pero como ya ocurrió en el XX, en este nuevo milenio vuelve a ser el deporte el espejo en el que muchos destacados representantes deberían mirarse, en el intento siempre loable de que no todo vale, y que la solidaridad es la medalla de honor que debemos aspirar a colgarnos por actuar siempre mediante comportamientos adecuados. Me lo aplico: Descanse en paz Xana, hija de Luis Enrique Martínez y Elena Cullell, al igual que Anthoine Hubert, piloto de Fórmula 2 que ha perdido la vidaen el circuito belga de Spa.

“Los valores en la práctica deportiva deberían imitarse por políticas capaces de suspender un Parlamento como sucede en el Reino Unido”

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