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No a la guerra, misión cumplida

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Siria acaba de ser atacada por Estados Unidos, Inglaterra y Francia, a pesar de llevar ocho años sumida en una terrible guerra civil que expulsa a sus ciudadanos del país en que nacieron. El ataque ha sido justificado por su bien, ya que no es tolerable el uso de armas químicas contra la población. Como me he quedado sin palabras, recurro a recordar que Siria comparte fronteras con Turquía, Irak, Israel, Jordania y Líbano. Tras citarlos, empeora el concepto que tengo de la guerra.

En los primeros días de la última Guerra del Golfo, CNN Televisión ofrecía en directo los ataques de las tropas norteamericanas al ejército del desaparecido Sadam Husein. Desde la segunda semana de abril de 2018, las redes sociales han sustituido a la retransmisión de la TV vía satélite, para anunciar en Twitter un ataque con misiles a Siria,  felicitarse por ello, y recibir valoraciones (la rusa), además de numerosas opiniones, a favor y en contra, del último acto bélico perpetrado por el bloque militar que conforman Estados Unidos, Inglaterra y Francia. ¿Será esta unión militar el principio de otras cosas?; ¿dónde queda la ONU, la OTAN y, esto es lo que mas extraña, la Unión Europea?; ¿nadie tenía algo que decir, antes de que se apretara el botón rojo de disparar?

 Tras ocho años de cruenta guerra civil en Siria, y con una dejadez absoluta por parte de Occidente hacia los crímenes que se están cometiendo, ahora le preocupa a Donald Trump, Theresa May y Emmanuel Macron el uso de armas químicas contra la población, a manos de un dictador como Bashar al-Ásad. El supuesto arsenal químico sirio, como antes ya ocurrió con el supuesto arsenal químico irakí, ha estado en el centro del último bombardeo de instalaciones bélicas a las afueras de Damasco. Al terminar el ataque, Trump, vía Twitter claro, escribió: “Misión cumplida”. ¿Y ahora qué?

 “Tras ocho años de guerra, y una dejadez absoluta de Occidente, ahora preocupa el arsenal químico sirio”

Creo que fue George Best, apodado como “quinto Beatle”, quien reconoció en cierta ocasión tener un gran don y a veces eso viene con una racha destructiva, como le pasó a él. El genial jugador del Manchester United tuvo una vida ciertamente ajetreada, pero su definición es aplicable al conjunto de una humanidad que no hace otra cosa que autodestruirse, cuando tenemos la suerte de habitar un mundo de extraordinaria belleza, visión empañada por las muchas injusticias que infringimos continuamente, con las guerras en el primer lugar de la lista. Por más vueltas que le dé, no encuentro justificación para esta nueva acción bélica que se acaba de sumar a la desastrosa historia en que hemos sumido a los sirios. Se señala de nuevo al arsenal químico, pero digo yo que seria más aceptable recuperar la paz de una vez por todas para una  población abandonada, que no ve el día en que acabe una guerra que ha masacrado su país y generado millones de refugiados que no son aceptados en Europa, y acaban su diáspora en Turquía. Si lo que le preocupa a estas tres potencias aliadas es que las armas químicas no sean utilizadas contra ciudadanos de a pié, ¿por qué no añaden a su temor lo que provocan en los civiles el uso contra ellos de los aviones, tanques y soldados de una y otra parte, algo en lo que hay que sumar los métodos del Estado Islámico, el ISIS o Daesh?

A fuerza de penalidades, nos han acostumbrado a pensar que siempre hay más cosas detrás de las guerras duraderas. En el caso de Irák estaba el control del petróleo y las reservas para los años venideros de este siglo. El Golfo está en guerra desde el 2 de agosto de 1990. Llevamos camino de treinta años en los que han aflorado intereses de muy diversa índole, desde controlar tan estratégico territorio, mandar en lo militar, a salvaguardar todo el potencial energético que guarda el subsuelo de toda esta amplia zona del mundo.  Las fotos de la cruda realidad que representa toda guerra han vuelto a las portadas de periódicos y digitales, junto a las imágenes grabadas por los corresponsales de las televisiones. Es una nueva razón para decir siempre no a los vagos argumentos que muchas veces se empuñan en nombre de la libertad (de otros), de la democracia (de otros), y de la cultura de los pueblos que, como el sirio, ha quedado atrapado en el túnel del tiempo en que te sumen disparos, ataques, bombas y exterminio que provoca los arsenales imaginables más destructivos. En este panorama de tropezar todas las veces en la misma piedra de la confrontación, aparece Trump en escena. Primero alude en Twitter a misiles nuevecitos,  y tras el ataque jalea esa frase corta pero tan impactante: “Misión cumplida”. Parece sacada de la película “Los Mercenarios”, con guión de Silvestre Stallone. Hace años que no  reflejo en alguno de mis artículos aquella magistral expresión de Groucho Marx sobre que pare el mundo que yo me apeo. Refleja perfectamente lo acontecido en este ataque a Siria por parte de EE.UU, Inglaterra y Francia.

<<La frase de Trump “Misión cumplida” parece sacada de la película Los Mercenarios, con guión de Silvestre Stallone>>

 

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El master de la vida

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Carrera, master, trabajo seguro y bien remunerado. Puede que sea un sueño, pero es el sueño a fin de cuentas de muchos estudiantes que optan por hincar los codos como decidida apuesta hacia su futuro. Yo haría lo mismo, y al igual que ellos me indignaría por lo ocurrido con los masters que saltan a las portadas bajo la sospecha de hacerse mediante la ley del mínimo esfuerzo. Master es especialidad y excelencia, dos cualidades que siempre hay que ganarse con rigor y constancia, abonando antes una cara matricula que no debe dispensar a nadie de sus obligaciones.

La vida sí que es un master, con todo lo que pasa y sin saber, en muchos casos, la solución a los problemas que nos surgen. La gran corresponsal de guerra italiana, Oriana Fallaci, siempre tuvo la ilusión de entrevistar al Papa Benedicto XVI pero, temerosa de lo mucho que sabia el pontífice, se decidió finalmente por una sencilla audiencia, no sin antes exclamar: “es que para entrevistar a alguien así se necesitan diez licenciaturas en Filosofía y once en Teología”. La educación y la cultura, calificada primero con notas, y certificada posteriormente con diplomas, siempre ha estado entre las máximas aspiraciones de las personas. Se explica así mejor lo que supone tener en nuestros días un master, aunque cosa bien diferente sea el esfuerzo que se aplique en la consecución del título en cuestión.

En la elección de masters, ocurre como en botica: hay de todo. Basta con optar por una temática atrayente, y es casi seguro que se encuentra uno de estos cursos consecuencia directa del Proceso de Bolonia, como nueva educación universitaria europea acordada en 1999. Desde Masters del Universo, aquella  película donde el guerrero He-Man salva a la humanidad del terrible Skeletor, ya nada es lo que era con respecto a un término que ha sufrido semejante deterioro. El último caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, sobre si ha cumplido con las normas a la hora de hacer un curso de especialización, viene a demostrarlo aún más. Por eso nunca me ha gustado denominar a los programas televisivos de cocina como Masterchef ni mucho menos Master Junior. Porque metes a los niños en la dinámica de los mayores, y el riesgo que se corre con perder el rumbo y faltar a la ética es muy grande.

“Harto difícil ponerse en la piel de alumnos que afrontan su master, y lo que estarán pensando”

Nunca antes como ahora se ha hablado tanto en España de un master. No solo está el caso de Cifuentes y la documentación por aportar. Es que resulta harto difícil ponerse en la piel de los miles de alumnos que afrontan sus estudios de master, y lo que estarán pensando con los ríos de tinta escritos sobre la titulación académica correspondiente de una representante pública. Este es el auténtico daño de todo lo ocurrido, algo que pone nuevamente de manifiesto la necesidad de reforzar unas reglas que deben ser igual para todos. Hay algo más: si este último caso afecta a alguien de forma demoledora es a la universidad y sus planes de estudios. Los estudiantes acuden a las universidades porque quieren verse reflejados en el espejo de lo que es una buena formación, contar con el mejor profesorado posible, y acceder así a la titulación que han escogido, en la esperanza de que el día de mañana van a lograr un trabajo que les asegura la perfecta instrucción que buscan.

La crisis económica ha dejado poco en pie. Formarse sigue siendo la mejor elección para sortear cualquiera de los obstáculos con los que, es seguro, nos toparemos. De ahí que haya que calificar un master como vía segura para llegar a ser en la vida lo que nos hemos propuesto. Para nada se deben ver como palabras huecas. Si no pensamos así, ¿en qué podemos creer entonces, qué nos queda? La política acaba de asumir una deuda más, que es limpiar el buen nombre de las instituciones universitarias. Las generaciones actuales y venideras deben ser las mayores beneficiadas de una educación ejemplar, que no pierde expedientes académicos, no falsifica firmas, ni dice un día una cosa y al siguiente otra. La consecuencia de actuar así es el embrollo y, por supuesto, el descrédito.

Somos un país muy dado a los atajos, y la critica política ha de ser extensiva a la crítica social. Pese a la existencia de una educación básica universal, estudiar una carrera en este país no resulta nada fácil. El esfuerzo económico que hacen las familias para darle a sus hijos una buena educación resulta brutal. Muchos padres evitan gastar en su propio y merecido ocio, para destinar esos recursos a las matrículas estudiantiles. He aquí otro de los aspectos esenciales de por qué se ha revuelto todo tanto con el caso del master de la presidenta Cifuentes. ¿No es para menos, verdad?

  “Si este último caso afecta a alguien de forma demoledora es a la universidad y sus planes de estudios”

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Gana quien más miente por Internet

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Como el mundo no tiene problemas ya suficientes, ahora sumamos uno nuevo al que han dado nombre en inglés, “fake news”. Las noticias falsas siempre han existido, auque Internet y las redes sociales las difunden a velocidad de fibra óptica. Gobiernos y parlamentos debaten las consecuencias de la difusión masiva de mentiras, pero va a ser difícil ponerle puertas al campo a esta nueva forma de hacer propaganda, y la fama demostrada que ya tiene como potente arma psicológica y desestabilizadora.

 Si en la vida real nos cuesta tanto decir la verdad, Internet y las redes sociales han puesto a nuestro alcance una forma totalmente libre de contar relatos a conveniencia. La ciber réplica es hoy la nueva nota de prensa aclaratoria a muchos hechos que se distorsionan, manipulan, son pura intoxicación y, callado queda dicho, mentiras. Los tiempos lo cambian todo, incluso las maneras, que empeoran con el uso de ordenadores y smartphones. Hay ahora todo un debate sobre como afrontar las “fake news” o noticias falsas, tan emperradas como están en convertirse en la nueva propaganda eficaz, a la que se apuntan desde Gobiernos, servicios secretos, cargos públicos y medios de comunicación de la nueva hornada de los llamados digitales. Esta es la clave, no otra: controlar la propaganda. De vivir Harold Laswell (1902-1978), considerado el padre de la comunicación de masas, tendría mucho que decir sobre los nuevos canales de la propaganda y la guerra psicológica de la que tanto uso se hace en este siglo XXI. La pretensión primera y última de los gurus del indepentismo catalán es hacernos sentirnos mal a todos, y la mejor manera es inundarnos de tuits  sesgados.

Según a quien le corresponda dar explicaciones, las noticias falsas son definidas como un claro intento de desestabilizar el mundo, y se ponen tres ejemplos como son las Elecciones Norteamericanas de 2016, activar el  Brexit por el que Inglaterra abandona la Unión Europea, y lo acontecido en Cataluña desde octubre de 2017. En todos los casos se señala con el dedo índice a Rusia, como país culpable de ataques informáticos masivos, que tienen por objeto la supremacía sobre la información con fines poco definidos aún. ¿Cuál es la verdad? La verdad ya no es una cuestión vital solo para los periodistas y su trabajo, porque las tecnologías mal empleadas amplían la búsqueda de la verdad al conjunto de una sociedad inmersa en una gravísima crisis de valores. Nos enfrentamos  a nuevos conceptos como las “fake news”, la postverdad y una sociedad definida también como postmoderna, pero muy escasa de nuevos movimientos culturales y artísticos, que han sido también abducidos por lo que se dice más rápido en Twitter, Facebook o Instagram, junto a la aparición de los influencers.

 “Los movimientos culturales y artísticos han sido también abducidos por lo que se dice en Twitter y Facebook”

Es lo que Dany-Robert Dufour, un filósofo francés que pisa la calle, denomina como la invasión de los principios amorales en la sociedad contemporánea, cuyo peor exponente ha sido la última gran crisis económica. El pensador va más allá cuando asegura que esta época está marcada por el final de los grandes relatos y la falta de auténticos fundamentos. Y ahí entra todo lo que se dice de muchas cuestiones a través de Internet, con el consiguiente peligro de ser contagiados por lo que transmiten machaconamente en redes sociales determinadas personas, grupos, “lobbies” o Gobiernos. Siempre le daré más valor a una conversación directa, que a interactuar con personas que no conozco, sin saber tampoco lo que hay detrás del credo con el que me invitan a comulgar. El escaparate principal de esta nueva sociedad es que gana quien más miente por Internet. Se empieza por la construcción de un perfil a la medida en el que la foto y los estudios nada tienen que ver con la realidad, para seguidamente dedicarte a la propagación de ideas y comentarios que son directamente dañinos y ofensivos para otros muchos usuarios, algo que da la razón a Dufour sobre la amoralidad en que muchos se han acomodado.

Las “fake news” son mucho más que mentiras, porque atentan contra ideas, sentimientos y democratización de las sociedades que, bien o mal, hemos construido a base de tanto esfuerzo y sufrimientos (guerras). No es fácil acabar con esta nueva manera de hacer propaganda dañina, porque el actual orden mundial, la decadencia de muchas de sus grandes instituciones, y los millones de damnificados que ha dejado la crisis, favorecen este lenguaje electrónico de likes, trending topics y opiniones distorsionadas que se hacen virales. Como no hay mal que por bien no venga, de repente cobra fuerza la ética, como la expresión humana que diferencia más claramente lo que está bien de lo que está mal. Nuestros principales esfuerzos deben dirigirse a los jóvenes que algún día conducirán los destinos de un mundo que, ahora, es para muchos o blanco o negro, y no hay más. Aquí estriba también el germen de las noticias falsas que, en la mayoría de los casos, no es otra cosa que pura intolerancia, fascismo, avaricia y discriminación.

 “Las “fake news” son mucho más que mentiras, porque atentan contra ideas, sentimientos y democratización de las sociedades”

 

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Fútbol y declaraciones machistas

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Pese al avance y éxito imparable del fútbol femenino, el masculino tropieza habitualmente en comentarios y declaraciones machistas, que se producen principalmente en salas de prensa. Ante preguntas de las que se hacen los aficionados, aludir al sexo o la belleza de quien interroga para no mandarla al carajo, forma parte de este machismo rancio que se resiste a desaparecer.

El periodismo y el periodista son los intermediarios entre la información de actualidad y sus receptores, como ocurre mayormente en este país con el fútbol y los futbolistas. Soy de los convencidos de que el machismo tiene a su mejor aliado en el lenguaje cotidiano. La periodista Gloria Steinem, auténtico icono del feminismo y destacada integrante del Nuevo Periodismo que dejó escrito Tom Wolf,  lo explica mucho mejor: “Una vez que nos cansamos de buscar aprobación, nos damos cuenta de que es más fácil ganarse el respeto”. Se den aquí o fuera, últimamente han sido noticia las malas contestaciones salidas de la boca de algún entrenador y futbolista, preguntados por  periodistas que les habían solicitado amablemente su parecer sobre alguna cuestión referida al último partido disputado o el que está aún por jugar. En sala de prensa, vamos con el primer ejemplo de los dos que voy a señalar con una clara tarjeta roja, por machismo en el fútbol. Una periodista italiana le pregunta al entrenador del Nápoles, Mauricio Sarri, tras perder un partido con el Inter de Milán: “¿Soy muy dura si le digo que tras esta noche el Scudetto está muy difícil?”. Recibe por contestación esta: “Eres mujer y eres guapa, por estos dos motivos no te mando a la mierda”.

Se queda corto todo lo que se diga sobre el efecto contagio, con tantos imitadores dispersos. Más cerca, en A Coruña, otro representante futbolístico nos dejaba boquiabiertos el pasado 21 de marzo, cuando una periodista le pregunta sobre la labor que está llevando a cabo su entrenador, Clarens Seedorf, a quien parece que “no le están saliendo bien las cosas”, remacha la informadora. El jugador es Sulley Muntary y su respuesta esta otra: “No te estoy respondiendo mal porque eres una mujer y voy a ser educado”. Y es que, como el mismo Muntary aclaró:  “Me ablandan los niños, las mujeres y los ancianos”. Si tiro de hemeroteca, seguro que me encuentro con más casos y semejantes malos modos, pero prefiero sacar algunas conclusiones sobre estas incidencias acaecidas tras la pasada huelga feminista del 8 de marzo, que resultó todo un éxito.

 “Cuando se habla de tolerancia cero con expresiones machistas, habría que definirlos y recogerlos en un documento acatable”

Opino que cuando se habla de tolerancia cero con actos y expresiones machistas, habría que definirlos y recogerlos en un documento acatable, de conocimiento general, uso adecuado del mismo, y aplicación consiguiente del tipo de rechazo propuesto y aprobado para cada supuesto. Por ejemplo, en los casos expuestos supondría el abandono inmediato de todos los presentes en la rueda de prensa, la crítica unánime hacia el responsable del feo gesto, y que los mandamases de la liga y federación correspondientes adoptaran una sanción ejemplarizante para los autores de machismo tan rancio. Así, tantos años después de pronunciarla, podríamos licenciar otra frase contundente de las manifestadas por Gloria Steinem:” La verdad te hará libre, pero primero te tocará las narices”.

No vivimos buenos tiempos ni para los valores, ni para las reivindicaciones sobre los mismos. Pese a lo que pueda parecer, el machismo y el sexismo avanzan mucho. Aumenta especialmente entre los jóvenes, lo que hace pensar que no hemos estado del todo acertados con los programas educativos, ni tampoco han sido (ni son) suficientes las campañas que, masiva y constantemente, hay que llevar a cabo desde los Estados, Gobiernos y sus Administraciones. Tampoco la Unión Europea anda fina,  como lo hacía de bien a finales del siglo pasado, en favor de la igualdad entre hombres y mujeres, y el más claro ejemplo es la brecha salarial. Entonces, ¿cuál es la herramienta con mayor potencial para excluir al machismo de nuestra convivencia? Los medios de comunicación. Así es: los periódicos en papel, los digitales, la radio, la televisión e Internet. No me atrevo con las redes sociales, porque es lugar de mucho cabestro machista, y este campo merece opinión y medidas aparte, por los continuos linchamientos que se hacen a personas, especialmente a mujeres. He de decir que vistas las noticias sobre el entrenador y futbolista machistas, reconforta comprobar como la profesión periodística está plenamente comprometida con la igualdad. Lo que pasa es que siendo altavoces potentes, el fútbol, como deporte rey, lo es más, y hace más daño. De ahí que contra el machismo no queda otra que parafrasear, por última y definitiva vez, a Gloria Steinem: “We shall overcome” (“¡Venceremos!”).

 “En cuestión de machismo y sexismo, no hemos estado acertados con los programas educativos”

 

 

 

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Un planeta sin Stephen Hawking

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Hablar de Stephen William Hawking (Oxford, 8 de enero de 1942-Cambridge, 14 de marzo de 2018) y del universo, forma ya parte de un binomio. Con la finalidad de contarlo al mundo y hacernos así más felices, al gran científico siempre le deslumbró saber cómo empezó todo y lo que existe más allá de las estrellas. Para poder decir que lo consiguió del todo, tenemos pendiente velar mejor por la Tierra, en vez de anhelar la conquista de otros planetas, que poco ganarían si dejamos en ellos nuestra huella.

Cuando una generación pierde un referente se queda un tanto huérfana dentro de un mundo, tan estudiado por el profesor Stephen Hawking, que cada vez embiste con más indiferencia a los valores solidarios elementales que dan sentido a nuestra existencia. ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cuál es nuestro auténtico cometido…? No hay que ser científico para hacerse estas y otras preguntas, pero les necesitamos para ir conociendo respuestas que utilizar y emplear inteligentemente. El cine y la televisión nos muestran continuamente los avances en que hombres y mujeres de ciencia están enfrascados, temerosos al tiempo de que sus descubrimientos se puedan utilizar con fines militares, para hacer aún más daño a un planeta acostumbrado a esquivar los apocalipsis. Anhelamos comprender si vivimos solos en el universo; lo que hay más allá de las estrellas que divisamos en las noches claras; o si los agujeros negros son más lo primero o lo segundo. Seguramente conocíamos más de la figura tan respetada de Hawking y su difícil vida, que de lo que se traía entre manos con sus reputadas investigaciones sobre el origen de todo.

El Big Bang o la gran explosión de materia y energía que fue la antesala del primer día de vida. La teoría de la relatividad que corresponde al origen de esa materia y esa energía. ¡Apasionante! Y aún no sabemos casi nada. He leído mucho sobre Stephen Hawking, pero creo que lo más valioso que nos lega es precisamente el conocimiento instalado en buenas manos. Nos atrae todo lo desconocido, pero no le damos el suficiente valor a la investigación y a quienes la hacen posible. De los primeros recortes que acarreó la crisis, hubo auténtica saña con los centros investigadores. La situación sigue siendo precaria, porque ha puesto de manifiesto que la mayoría de los países no consideran prioritario dotar de fondos estables a la ciencia. Hawking era una auténtica fuente del saber. Pero conocía igualmente que somos capaces de emplearlo mal, una y otra vez, una y otra vez.

 “Nos atrae todo lo desconocido, pero no le damos el suficiente valor a la investigación y quienes la hacen posible”

Cada época de la historia ha podido disfrutar de grandes descubrimientos que nos han hecho evolucionar, aunque reconozco que progresar y desarrollarnos choca por desgracia con importantes polos negativos que son la contaminación, destruir los mares, el Amazonas, los icebergs, la fauna y la flora. Ya que cito esto, quiero recordar que fue Charles Darwin quien puso el punto sobre la i en el origen de las especies; Leonardo Da Vinci fue todo un padre para la ingeniería como Albert Einstein para la física teórica; nadie como María Curié unió la física con la química, y la medicina no seria tan grande de no haber conocido a Alexander Fleming o Ramón y Cajal.

Así y todo, tenemos mucho pendiente por delante. Stephen Hawking representaba la necesidad de avanzar en las enfermedades raras, postrado en un silla de ruedas debido a una esclerosis lateral amiotrófica, ELA, que se le diagnosticó a la temprana edad de 22 años. Cierto: hemos andado mucho, aunque tenemos la perversa tendencia de mezclar tecnologías con innovaciones, y, al final, todo esto se resume en ordenadores y dispositivos móviles que han generado novedosas comunicaciones y ocio a través de Internet. Por preferir, elijo que la investigación siga su curso, la ciencia con el universo como lo empezó a ver Aristarco de Samos o Galileo Galilei, y la medicina en busca de curas al cáncer o SIDA, sumando conquistas a las ya realizadas con la genética de Gregor Mendel o el descubrimiento de las vacunas a cargo de Edward Jenner. Todos estos nombres han hecho honor a poder llamarnos humanidad. El epitafio de Hawking no puede ser más sencillo de escribir: ya forma parte del universo que tanto le deslumbró a lo largo de una vida que entregó a los demás en forma de asombrosos y reveladores conocimientos.

 “Que la ciencia siga su curso con el universo, al igual que la medicina en busca de curas al cáncer o SIDA”

 

 

 

 

 

 

 

 

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