0271_col_pro_720x448_col_eur

Momento para ponerse de acuerdo

1

Todo atentado terrorista da paso a declaraciones, intenciones y también expresar barbaridades. Lo que hay de cierto es que esta vez le ha tocado a Barcelona, nuevamente en Europa, como antes ha sido Londres, Paris o Bruselas. No podemos conformarnos con decir que no hay seguridad total, porque es como renunciar al valor esencial que es vivir en paz y convivencia. En España, pero esencialmente en todo el territorio europeo, es ya momento de ponerse de acuerdo en lo que podemos aún hacer.

Agosto de 2017. Antes del verano asistíamos atónitos a un debate estéril entre quienes creen desde la política que el espíritu de la Transición española de 1978 está vivo y otras nuevas formaciones que opinan lo contrario.  Siempre he sido un tanto voltairiano al pensar como el célebre filósofo francés que hay que amar a nuestro país aunque nos trate injustamente (paro, corrupción, desahucios o sueldos escuálidos). Viene a cuento porque en los meses anteriores al actual se ha hablado mucho de la nación de naciones que debe ser España, hasta llegar a leer que en Las Baleares se impulsa que sus islas sean mini estados. Pues bien: el atentado terrorista en la Rambla de Barcelona nos ha expulsado de cuajo de este loco contexto y nos devuelve a la realidad diaria de querer seguridad, que se vive en Inglaterra, Francia, Bélgica o Alemania, donde coexisten una larga lista de atentados con cientos de muertos y heridos.

Hasta ahora hemos vivido con la paradoja de ser un país con una gran experiencia antiterrorista, por los años de lucha contra ETA, hasta verla borrada del mapa. Esto es ya historia, porque los muertos y heridos de Barcelona y Cambrils, sumando también los de los trenes de Atocha en 2004, nos sitúan en un nuevo y desconocido escenario del terror, que requiere de prioridades absolutas dentro de la política nacional y también comunitaria en pro de esa necesaria seguridad. Es cierto que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado llevan a cabo una labor encomiable. Hay que ponerlo de manifiesto en el decisivo papel de los Mossos d´Escuadra catalanes en el último atentado yihadista en España y Europa.  Pero estando unidos es como más seguros nos sentimos los ciudadanos. Esa unión la da una vigilancia e investigación común. No vale con decir que la seguridad absoluta no existe. Tampoco con denominarla una guerra no declarada. Son valoraciones que a los ciudadanos nos hartan. Indignan igualmente los tuits de Trump (la insensatez no descansa siquiera en momentos tan dolorosos) sobre lo que hay que hacer con los terroristas nada más atraparlos. Lo que urge hacer, pasando de las promesas vacías a los hechos reales, es la creación de una macro seguridad europea, porque este nuevo escenario supera a las policías nacionales y no digamos a las locales.

 “A los ciudadanos se nos harta con decir que la seguridad absoluta no existe o que es una guerra no declarada”

Estos atentados trastocan significativamente nuestra convivencia. Este año, en el Día Nacional de Francia, Niza ya no ha disfrutado de sus famosos fuegos artificiales en su majestuoso paseo marítimo. ¿Qué pasará ahora en la Rambla? Ya tenemos las ciudades llenas de bolardos, aunque aquí lo que está en cuestión es ir a trabajar, a estudiar o a pasear y no ser disparados o atropellados a bocajarro. Es duro expresarlo así, pero no deja de ser el pensamiento normal de cualquier ciudadano de a pie, en la idea de que Barcelona somos todos. Por lo pronto, vamos a centrarnos en cuáles son nuestros problemas principales para desde el consenso general poder actuar cada día más y mejor contra los terroristas. Es más que seguro que  nuestro turismo va a sufrir un pinchazo internacional, como le ha pasado a Francia, Turquía, Túnez o Egipto. Antes del atentado, donde ha habido muertos y heridos pertenecientes a 35 nacionalidades, solo nosotros somos capaces de enredarnos en lo que se ha venido en llamar turismofobia. Más que nunca, hay que poner a trabajar a la Marca España y sus Comunidades Autónomas en el exterior. Pese a lo sucedido, pocos países hay en el mundo más seguros que España. Hay que recordarlo y hacerlo valer en todas partes. Cataluña va a sufrir especialmente un retroceso en lo que, como para el resto de España, es su principal recurso de hacer caja con el dinero que gastan sus visitantes y turistas.

En la recuperación de esta confianza es en lo que va a tener que trabajar hasta la extenuación el Gobierno catalán con la ayuda imprescindible del Gobierno del Estado. Sin seguridad, nadie somos libres ni independientes. Como no podía ser de otra manera, hemos recibido la solidaridad de los principales líderes mundiales. No podemos acostumbrarnos ni mucho menos conformarnos con repetir el mismo relato cada vez que hay un nuevo atentado. Europa, si de verdad está viva, debe liderar las decisiones a tomar. Porque es el momento de ponerse de acuerdo tanto dentro como fuera de España en actuaciones en bloque. Un buen ejemplo ha sido hablar con una misma voz dentro y fuera de Cataluña, porque podría no haber sido así dado el proceso independentista en el que está inmersa la Generalitat. España, para el resto de Europa, es un ejemplo también en esto, y no se trata de sacar pecho en medio de la tragedia y el drama de muchas familias. Tan preocupados como estamos los ciudadanos por nuestra seguridad personal, la palabra que espanta a tanto desasosiego es unidad.

  “Hay que hacer valer en todas partes que pocos países hay en el mundo tan seguros como España”

Dejar un comentario

Turismo que estresa

Benidorm-1

La gallina de los huevos de oro que es el turismo para España atraviesa un momento de shock traumático debido a la avaricia. Ser potencia mundial en un sector que genera tantos ingresos requiere cuidarlo, y ahora se hace mal. No son tan solo esas campañas que invitan a los visitantes a irse. También está alquilarlo todo en lo que supone una proliferación desmesurada de los pisos turísticos, sin respetar la normal y tranquila convivencia entre vecinos que termina por crear estrés.

Casi todos los programas electorales para ocupar un sillón de alcalde o concejal coinciden a la hora de prometer una ciudad o un pueblo más saludables. La promesa se hace efímera cuando la población habitual de habitantes de un determinado lugar se duplica debido al turismo. Para comprender lo que está sucediendo en Barcelona, Mallorca o Ibiza, de entrada, hay que vivirlo. El superavit turístico mantiene económicamente a  España, y nos las prometíamos felices un verano más cuando, repentinamente, hemos entrado en el debate de que ya no cabe un alfiler en muchas de los destinos mayormente elegidos por los visitantes nacionales y, especialmente, extranjeros. España es un país inclinado a dispararse al pie en cada decisión que toma. Si a esto le añadimos la poca previsión, que la industria hace tiempo que se ha ido al garete, y que en la partida económica lo tenemos todo apostado al sector turístico, resulta que el momento shock lo estamos viviendo ya. Llevamos años apelando a la necesidad de tener un plan b, aunque ha sido como clamar en el desierto, porque cada año eran más los millones de turistas y más también los ingresos que oxigenan en gran medida a las maltrechas cuentas públicas.

Para sustituir paulatinamente al turismo, un día nos levantamos haciendo parques tecnológicos que se utilizan para más edificios públicos que otra cosa, y al día siguiente queremos convertirnos en la reserva eólica de Europa, sino en el brazo extendido de Las Vegas con la implantación de macro casinos. Los planes estratégicos para nuestra economía son como una novela inacabada. Se ha estado hablando de ellos, a diez años vista, a veinte, incluso a treinta… pero entre tanto humo lo que hay de verdad es el turismo. Cualquier cuestión de trascendencia económica, y más en los tiempos que corren, hay que dilucidarla con una sola voz; aquí hay un coro de voces y cada una va por un lado distinto. Es cierto que hay que arreglar muchas cuestiones relativas al turismo masificado, pero eso no se hace destrozando autobuses y asustando a sus pasajeros, ni tampoco estampando pegatinas en los coches que alquilan los ingleses, alemanes, franceses y rusos, invitándoles a que se vayan.

 “Hay que arreglar el turismo masificado pero no se hace destrozando autobuses ni invitándoles a que se vayan”

Los cupos al número de visitantes puede ser una alternativa, pero sería deseable tomar esta y otras iniciativas desde el consenso general, porque ya lo que nos faltaba es que a una autonomía pueda entrar todo el que quiera y en otra no. Si los que toman estas decisiones creen que salvaguardan la opinión mayoritaria de los ciudadanos, lo primero que deberían de tener en cuenta es que tras el turismo nacional hay miles de puestos de trabajo en juego. Esto es lo que realmente debería preocupar, sin negar que son muchos los problemas aplazados que requieren ya de actuación. Está ese turismo barato de fin de semana que aterriza en vuelos charter, y que no deja nada salvo bullas y borracheras. Están esas playas en verano con tantas sombrillas plantadas que es imposible moverse entre la arena o llegar a la orilla del mar para mojarse los pies. Si eramos pocos, al problema se han sumado los pisos turísticos incontrolados que amenazan a las tranquilas comunidades de propietarios. Hoy se alquila de todo, y quizás tanta avaricia lleva implícita la penitencia.

Queda claro que España debe reconducir su turismo, para mejorarlo, no para destruirlo. Lo que nosotros perdamos, por nuestra propia incompetencia, lo aprovecharán otros países deseosos de mejorar sus cifras de visitantes. Hay que librarse del turismo que no suma, y que solo crea problemas. Existe porque alguien lo impulsa, da todo tipo de facilidades y se lucra a costa de perjudicar la convivencia en ciudades y destinos costeros. Nos debería preocupar que se empiece a hablar mal de la España turística en el exterior, y habrá competencia que quiera y sepa exprimir este momento para desacreditarnos. Solo hay que ver lo que ha tardado la primera tour operadora mundial (TUI) en dar excesiva publicidad a que España está abarrotada de turistas. Nuestra fuerza está en el potencial que tenemos, en la experiencia y en una geografía única, de norte a sur y de este a oeste. Estropearlo no debería estar jamás en el guión de cómo hacer país, porque las ciudades saludables sin ciudadanos satisfechos son menos ciudades.

 “Proliferan los pisos turísticos incontrolados, se alquila todo, y tanta avaricia lleva implícita la penitencia”

 

 

Dejar un comentario

222 millones por Neymar y la indecencia

Paris Saint-Germain F.C. - Neymar Jr Press Conference

En ligas galácticas del fútbol se acometen con total naturalidad fichajes de cifras astronómicas. Acaba de pasar con Neymar, jugador por el que se han pagado 222 millones. Ya sabemos que manda don dinero, pero resulta indecente dar apariencia de normalidad a números tan desorbitados, que ahondan en la promesa reiteradamente incumplida de exigir nuevos códigos de conducta financiera que eviten los vicios y desmanes que llevan a las crisis.

Definitivamente, nos hemos vueltos locos: ¡Pagar 222 millones por un jugador de fútbol, aunque se llame Neymar da Silva Santos Júnior! Porque lo padeció en sus propias carnes, va a tener razón Nietzsche cuando concluyó que “la demencia en el individuo es algo raro mientras que en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla”. Este filósofo de referencia nació en 1844 y estuvo demasiado enfrascado en la critica a Dios y la religión, dejando de lado la historia del fútbol que comenzaría casi veinte años después de él nacer en 1863. Al juego de once contra once moviendo un balón habría que haberlo metido también en esta lista nietzscheana sobre demencias y dementes. Todos los días hay apelaciones a la cordura y todos los días, mayormente en el fútbol, se perpetra algún acto deleznable (en este articulo no voy a hablar para nada de Donald  Trump, aunque sí pongo su nombre destacado en negrita).

En las cosas del balompié esta por un lado el “Fair Play” o juego limpio en el campo y luego está el otro “Fair Play”, el financiero, que se juega en los despachos directivos, y que pretende que los clubs de fútbol no se agredan entre sí y tampoco gasten en jugadores más de lo que pueden pagar. Por si acaso, están las altas cláusulas de rescisión de contratos, y la de Neymar valía 222 millones de euros, que el Paris Saint-Germain ha pagado religiosamente. Desde ahora, ni “Fair Play” ni nada; ha saltado todo por los aires. ¿Se pueden pagar 222 millones por un jugador? Sí, se acaba de hacer, pero es indecente. Semejantes negocios liquidan la auténtica construcción social, justa y racional, más los necesarios códigos de conducta, especialmente en cuestiones financieras. Saliendo de una crisis que ha masacrado a millones de trabajadores y familias, estas son las respuestas de los que dirigen todo el cotarro, y mienten como bellacos cuando apelan a la necesidad de volver a las reglas que conlleven una paulatina recuperación de confianza en el sistema económico que nos hemos otorgado. Casi siempre, cuando comparas la riqueza con la pobreza, cuando hablas de listillos y los atajos que se les proporciona para conseguir sus pelotazos, algún tonto útil habla o escribe que se hace demagogia con estas comparaciones. Hoy se crean empleos de pan para hoy y hambre para mañana, porque los contratos son de horas, días o meses. Los sueldos son ridículos y dan para pagar las facturas y poco más. Con este rácano panorama se habla de recuperación, del acabose de la crisis, y de que vamos nuevamente a velocidad de crucero hacia la plena economía.

“Semejantes negocios liquidan la auténtica construcción social, justa y racional, más los códigos de conducta financiera”

Hemos dado la mejor preparación posible a una nueva generación que tarda en encontrar trabajo, mayormente no lo hace en su tierra de origen, y tienen que seguir siendo ayudados por sus padres, porque cobran un sueldo míerdoso que oscila entre los 500 y 800 euros mensuales. Se nos llena la boca con decir que no van a vivir como lo hemos hecho nosotros, pero no hacemos nada para que la Administración (tiene que hacerse mirar su aplicación de la Transparencia y el acceso público a “todas” las decisiones que se toman) y las empresas sean justas y regresen a la senda de lo que deben ser unos sueldos dignos en relación al alto coste de la vida y precios siempre al alza. Y en esto Neymar quiere dejar de jugar en el Barça para hacerlo en el PSG, y la jugada táctica se llama un 222. Quieren hacernos creer que es normal, que el brasileño lo vale, y que el club francés recuperará a corto plazo la altísima inversión desembolsada ahora. Pero no es esta la cuestión. La cuestión es que es un hecho grave más que habla de lo mal que vamos, lo mal que lo hacemos, y que seguimos incrementando las desigualdades sociales en todos los campos de la vida, desde el acceso a la comida, la educación, sanidad o jugar al fútbol.

Vean por qué: Luego no queremos que los padres no se vuelvan locos en los partidos de sus hijos, en los que terminan pegándose unos con otros por una falta o un penalti mal pitados. Les críamos para hacerles a imagen y semejanza de Messi, Cristiano o Neymar, que es desde ya, por el dinero, la gran referencia a seguir. Todo vale para ganar, y que los ojeadores de los clubes se fijen en los jóvenes jugadores. El honor, el compañerismo y el apoyo mutuo quedan pisoteados como si formaran ya parte de la historia pasada de lo que rodea al balón. Padres e hijos del fútbol aspiran solo a jugar en los grandes clubes, ser dentro de ellos los mejores jugadores y especialmente hacerse ricos y famosos. Y cuanto más se habla de la necesidad de actuar en todo con juego limpio, desde la política a eliminar las malas praxis laborales, una noticia indecente, mejor dicho, 222 millones, lo echan todo a peder.

 “Padres e hijos del fútbol aspiran a jugar en los grandes clubes, ser los mejores, y hacerse ricos y famosos”

 

 

Dejar un comentario

Hartos del culto al yo

egocentrismo-pixabay

La Unión Europea, por citar un ejemplo echado a perder, fue el mejor invento contra el individualismo y personalismo de regímenes y dictadores que nos llevaron al desastre. Las formas actuales de gobernar y gestionar hibernan los problemas y trasladan a un segundo plano lo que realmente desea el ciudadano respecto a su futuro. Prevalece más el  culto al yo, del que estamos hartos, porque provoca no pocas fricciones entre naciones y dentro de las propias naciones, como España.

Los millones de selfies que gentes de todo el mundo se hacen cada día es la demostración más clara de que el culto al yo ha resurgido como la tarjeta de presentación habitual en estos tiempos. Tan mal como se nos da en este país el estudio del idioma inglés, entender un poquito la filosofía o disfrutar de la historia de la literatura leyéndola, quién le iba a decir a los que idearon el Romanticismo que ahondar en el yo como una forma de comprender mejor nuestro interior iba a derivar en semejante egocentrismo a lo largo de la posterior historia. De esta manera nacen desde salvadores de la patria hasta hombres y mujeres que a diario pasan olímpicamente de la máxima de Salomón sobre que sea otro quien te alabe, y no tu propia boca. Y es que España está llena de personajes encantados de haberse conocido. Pasa en la política; sucede con los tertulianos de la tele y la radio; y llega a ocurrir lo mismo a poco que le das alas a alguien que entrevistas para un medio de comunicación. Siempre hay excepciones, como cuando Borges imaginó en vida no estar seguro de que él existiera: “Soy todos los autores que he leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado, todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados…” ¡Que bien estuvo aquí el genial argentino!

Si viviera esta época de tanta mediocridad, es posible que Jorge Luis Borges dedicara más tiempo a dar estacazos en los periódicos que a escribir poemas. Como futuro que es, hacia dónde nos llevan quienes dirigen el timón es una incógnita en la que da vértigo pensar. No nos queda otra que tener esperanza. Cada siglo es diferente y no se gana nada con explicar por qué este nos lo ameniza y amenaza Donald Trump y su Administración, o qué males hicimos para que nuestros abuelos y padres sufrieran en el XX a dictadores y genocidas que tanta secuela histórica y personal han dejado para siempre. Lo mismo cabe decir sobre el origen de tanto personalismo e individualismo como hay, del que puede que estén contentos sus protagonistas, pero no así los ciudadanos en espera un futuro, un empleo estable y decentemente pagado, y, por supuesto, quedarse a vivir en la tierra en que se nace sin necesidad de emigrar por falta de oportunidades.

¿Qué propicia estar mal y, en cambio, asegurar que todo va bien? La eterna propaganda y un creciente inmovilismo social, que alarma más en la medida en que se es joven y a esta edad lo que toca es comerse el mundo. Una juventud solo tecnologizada, que no sabe ni le importa quién fue Borges, es una masa aborregada que lo mismo le da decir sí o que no, aunque pasar palabra sea ahora lo más habitual. Por eso los listillos cogen ventaja entre tanto pasotismo; esto, y que hemos comprado de todo a nuestros hijos, que sin esfuerzo no valoran los problemas reales y renuncian también a ser protagonistas de una regeneración de las muchas y feas costumbres inherentes a nuestro sistema de convivencia política, social y económica. Pongamos un ejemplo real: los refugiados. Si no hay lideres que defiendan la justicia que supone ayudarnos los unos a los otros, ¿cómo demonios vamos a pedir conciencia y solidaridad ciudadana hacia quienes lo han perdido todo?

 “Estar mal y asegurar que todo va bien lo propicia la eterna propaganda y un creciente inmovilismo social”

Hay una falta de valores tremenda y lo que más sobra es el “yo esto” y el “yo lo otro”, que desemboca a partes iguales en narcisismo y egocentrismo. La surrealista realidad que vivimos a diario por la televisión pone el resto, que no es poco. Ya no vale con decir que hay que buscar distracción y chorradas, ¡que bastantes problemas tenemos ya con llegar a fin de mes y superar cada obstáculo que pueda aparecer en la vida! La respuesta siempre llega tarde cuando las soluciones se aplazan una y otra vez. Es ni más ni menos que lo que pasa hoy en Europa. Predomina el inútil culto al yo de los líderes de las naciones, pero no hay ideas para evitar más crisis económicas, para crear empleos dignos y duraderos, para solucionar viejos conflictos territoriales y nacionalismos trasnochados. Abunda el egoísmo, impera el odio político y el pacto y el dialogo parecen haber muerto. Se está a la cuchillada verbal, a la descalificación por la descalificación y a la mentira si es precisa al servicio de intereses concretos. A fin de cuentas, el culto al yo lo protagonizan mejor todos aquellos que están encantados de haberse conocido, y les va bien, aunque los resultados de su gestión no se vean por ningún lado.

“Hay una falta de valores tremenda y lo que más sobra es el yo esto y el yo lo otro”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dejar un comentario

De cabestros y sexismo

educnosexistaentreamigoslgbtorg

Ha estado muy bien el gran altavoz que han supuesto los Sanfermines de 2017 contra el sexismo. Hay que mantener por eso esta llama todo el año, con la misma implicación de la sociedad civil, estamentos oficiales y medios de comunicación. Porque el problema crece, más entre la juventud, y es difícil hablar de igualdad cuando no hay semana en que no se produzca la muerte de otra mujer a manos de los cabestros que generan tanta violencia de género.

 El talento consiste en cómo uno vive la vida. Lo dijo Ernest Hemingway, quien escribiera “Por quién doblan las campanas”, un libro que tendrían que leer todos nuestros bachilleres para tener claro como la intolerancia puede desembocar en una guerra civil como la española, imborrable para  generaciones y generaciones. Hemingway es más venerado en cambio como el Premio Nobel de Literatura que puso a Pamplona y los Sanfermines en el mapa mundial de la fama y con ello la atracción masiva cada año de más visitantes, incluidos los cabestros de dos pies, de los que puede albergar la capital navarra. El gran escritor norteamericano llegó por vez primera a los encierros de San Fermín en 1923. En 2016, cinco jóvenes conocidos como “La Manada”, sin talento alguno para vivir la vida, llegaron para violar a una chica de 18 años, y provocar una indignación nacional, que ya no ha parado hasta hacer de los Sanfermines de  este año un encuentro festivo libre de agresiones sexistas.

Las televisiones daban cuenta cada día de los mozos corriendo delante de los toros, los heridos llevados al hospital, y al tiempo se hacían eco de que no se había producido agresión sexual alguna o cualquier tipo de incidente que supusiera vejación para una mujer. Habían tenido que pasar demasiados años y  demasiadas agresiones, en toda España, para ver finalmente a una sociedad concienciada de que la igualdad empieza por este elemental respeto. Los Sanfermines acaban con “El Pobre de mí”, pero no ocurre lo mismo con el gran mensaje lanzado por la consecución de una sociedad que no permita discriminación o agresión alguna hacia las mujeres. Supone también una primera piedra para alcanzar algún día el rechazo total hacia la violencia de género, y poder contar que la lista anual de mujeres asesinadas ha descendido drásticamente. La suma de una fiesta tan internacional y  visualizar millones de personas tan claro mensaje antimachista, ha sido suficiente argumento para acorralar a estos otros cabestros.

  “Los Sanfermines han lanzado un gran mensaje de no permitir agresión alguna hacia las mujeres”

La movilización social no puede ir por delante de una mayor legislación que ahonde en la igualdad y contra el sexismo. Estamos pendientes de un gran pacto nacional contra la violencia de género, que sustituya a las declaraciones individualizadas cada vez que se produce un nuevo asesinato a manos de un machista. Tales manifestaciones públicas están bien, pero no alcanzan suficiente eco. Las mujeres que sufren violencia deben sentirse totalmente protegidas por un sistema de tolerancia cero hacia estos casos. Quedan lagunas en nuestras leyes que se ponen de manifiesto en las denuncias que se interponen por un miedo o temor real, y que no impide que finalmente las amenazas de muerte se cumplan. Es difícil saber lo que hemos avanzado en igualdad, cuando la violencia es constante y no hay semana o mes que los sucesos no hablen de otra mujer maltratada, herida gravemente o acuchillada hasta su muerte. Es de agradecer también la mayor implicación de los medios de comunicación en todo lo concerniente a la violencia sexista, pero creo sinceramente que pueden hacer aún mucho más en dedicar  tiempo y espacio para extirpar este problema que incumbe a todos.

Lo acabamos de ver con los Sanfermines y las abundantes informaciones sobre la buena marcha de la fiesta sin nuevas violaciones. Pues lo mismo cabe hacer el resto del año hasta llegar a saturar si es preciso, porque la causa bien lo vale. Empecemos por aquí y el rechazo será cada día mayor, implicando especialmente a una juventud que no deja de preocuparnos por el incremento entre sus filas del machismo, la tolerancia de las jóvenes y, por lo tanto, de las agresiones. Tenemos que centrarnos en el mensaje, los receptores, y las más altas penas carcelarias que parten precisamente del repudio total hacia el sexismo. Lograrlo no es tarea fácil, ya lo vemos de continuo, pero está claro que no debe disminuir un ápice la tensión de ir contra de los violentos y sus actos. Hagamos por ello que el clamor vivido en los Sanfermines del 2017 no tengan nunca como final “El Pobre de mi” sufrido por una mujer.

 “Es difícil saber lo que hemos avanzado en igualdad, cuando no hay semana en que otra mujer ha sido acuchillada”

 

 

 

 

Dejar un comentario