Carta a quien decide las recesiones

No dejo de toparme con amigos y conocidos que me inciden en que las cosas no están tan bien como dicen. Se refieren por supuesto a la economía, a dejar atrás del todo la crisis y sus consecuencias, y no entrar en una nueva e inexplicable recesión. Quienes deciden estas recesiones, como el FMI, saben que su principal consecuencia es el empobrecimiento de los trabajadores.

Cada vez que un portavoz autorizado del FMI, el Fondo Monetario Internacional, ofrece datos negativos, sean ciertos o no, sobre la economía mundial, es para ponerse a temblar. Los hombres de negro, como se les bautizó en los perores días de la última gran crisis económica declarada, son los que mandan. La cosa empieza por un mensaje que se propaga (de propaganda), como ocurre en la actualidad. Este mensaje hace que nos preguntemos si la cosa va tan bien como se dice o, muy al contrario, estamos a punto de poner nuevamente la marcha atrás en el crecimiento de los países, que a fin de cuentas son los que hacen visible esa buena o mala situación de sus ciudadanos.

A nada que escuches a algún mediático economista (José María Gay de Liébana, Daniel Lacalle, José Carlos Diez…) se te ponen los pelos como escarpias. España, sin ir más lejos. ¿Cómo entender que vayamos bien, si la deuda está desbocada y hasta para pagar las pensiones de los jubilados el Gobierno de turno tiene que pedir un nuevo crédito para hacerlas frente? Esto, en las economías domésticas, se le conoce como estar tieso, sin posibilidad alguna de remontar vuelo, ya que siempre vas a deber más de lo que ingresas.  

“Nos preguntamos si la cosa va tan bien como se dice o, muy al contrario, estamos a punto de poner la marcha atrás en el crecimiento”

En fin, que el run run de la recesión vuelve a estar en las conversaciones de café y en las sentadas al sol de los mayores en los parques públicos, que son además quienes se las saben todas por la experiencia que da los años vividos. Otra cosa que tienen los tozudos datos económicos es que nadie quiere reconocer nada, dependiendo de la posición social que se ocupe, bien sea dentro de los Gobiernos, las grandes corporaciones industriales y empresariales o los sindicatos encargados de velar porque la economía sea todo lo social posible. Una noche te acuestas con normalidad, y al día siguiente te levantas en recesión. Lo ha decretado el FMI, la Comisión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, a la que se une toda la banca internacional, y no hay más que hablar. Pues sí, debiera de hablarse mucho más, para no perjudicar a los de siempre, como se hizo en la reciente crisis. Pagaron el pato los trabajadores, los autónomos, los empleados en general, con despidos masivos, y con la imposición de una reforma laboral, que avergüenza a quien es sometido a la misma, ya que todo son deberes y escasos los derechos, como antes tuvimos otros. No se habla ni se escribe casi nada de las dramáticas consecuencias que acarrearon todos esos años malos de la economía española, ya que la europea no lo fue tanto, caso de Francia, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Holanda, etcétera. Pagaron el pato los países del sur, porque eran muy gastadores y vividores, se decía desde algún malicioso despacho en Bruselas, sede de las principales instituciones europeas.

¿Qué se dirá esta vez si se produce una nueva recesión?, ¿A qué o a quién se echará la culpa? Nada se dice del auténtico trasfondo generador de estas depresiones económicas. El de abajo cada vez gana menos y el de arriba no para de amasar fortuna. Es así, no crean que me limito tan solo a volver a contar el por qué actual de la riqueza y de la pobreza. Se ha ahondado terriblemente en la brecha de las diferencias. Y aún no se ha tocado fondo.  Baste hacer hincapié en lo que le ofrecen hoy a un joven para contratarle en una empresa. Con la palabra precariedad nos quedamos muy cortos. Nos acercamos más a la verdad con el término explotación. Parece increíble que vivamos tan penosos tiempos laborales, y que desde los despachos de los grandes centros financieros se prepare una nueva vuelta de tuerca que ahonde más en el desequilibrio entre los que tienen dinero y los que no.  Dice el refrán que cuando el rio suena, agua lleva. Veremos. Nadie creímos, yo el primero, que en España se podía quitar la paga extra de Navidad a los funcionarios, y así ocurrió. La carta dirigida a quienes promueven las recesiones, en su propio beneficio, parece no llegar nunca a sus destinatarios. El por qué hay que buscarlo en que quienes realmente puede escribirla, el poder político, lo hace desde la debilidad.

“El de abajo cada vez gana menos y el de arriba no para amasar fortuna. Es así el por qué actual de la riqueza y de la pobreza”

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España en su laberinto y los viejos enemigos exteriores

¿Está sufriendo España ahora más ataques desde el  exterior? ¿Es por el conflicto catalán? ¿Es por la debilidad de nuestra política interior? ¿A qué viene el manifiesto en favor del procés de 41 senadores franceses? ¿Y lo del presidente de México para que España pida perdón por la Conquista de América? Este es el relato de las flechas disparadas, aunque queda por determinar quién o quienes, en la oscuridad, empuñan el arco.

Puede que España se autoflagele más de la cuenta, pero ahora no hay país en el mundo que no esté cuestionándose sus cosas, primero por el avance del populismo y segundo por los cambios constantes que tienen las sociedades. Francia, por ejemplo. Vive con el preocupante problema de los chalecos amarillos en la calle, con graves y constantes disturbios, pero hay 41 senadores galos dedicados a meter baza en el problema de Cataluña. Es un contrasentido, ténganlo muy presente, pero los tiempos actuales han traído consigo que difíciles problemas a solucionar dentro de muchos países, se manipulan y distrae mejor al personal desenterrando fantasmas fuera, de otros, antes que asumir los propios. Idéntica situación vive el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. En vez de plantar cara (creo que para lo que mayormente ha sido elegido) al amigo/enemigo de al lado, Estados Unidos, que quiere hacerle comulgar con que construya un muro separador de ambos países, y lo paguen encima los mejicanos, se acobarda ante el todopoderoso Donald Trump, y le quiere meter el diente de la distracción a España, mediante una carta a Felipe VI, para que pidamos perdón por la Conquista de América y cómo se llevó a efecto. ¡Flipa!, como dicen los jóvenes.

Nuestros dirigentes, todos, no tienen soluciones para los graves problemas actuales, y es por eso que avanza a pasos agigantados un populismo, que trae consigo discursos vacios, banales y, sobre todo, engañosos. Aquella fuerte propaganda que tiño de miseria la mitad del siglo XX, reaparece en esta primara parte de un nuevo siglo que, verdaderamente, nadie sabe hacia dónde va. Uno no tiene respuestas para tanto disparate, pero creo ir sobre seguro si la apuesta la volvemos hacer por la unión y las instituciones fuertes que velan por el bienestar de los ciudadanos. Cuando se habla de más Europa, la música suena muy bien, porque el miedo actual a perder derechos y libertades tiene todo que ver con esas políticas de “América para los americanos”, “Inglaterra para los ingleses” o “Italia para los italianos”. El contagio se extiende junto al  discurso potente de  ultraderecha que encuentra eco y seguidores por doquier, hartos también de los muchos errores que se han cometido desde las atalayas políticas. Y, desgraciadamente, en eso seguimos.

López Obrador no planta cara con el muro a Donald Trump, y solicita que España pida perdón por la Conquista de América. ¡Flipa!”

Cuestionarse ahora en España nuestro ser, nuestra historia o nuestras autonomías, es un desatino en toda regla. Es verdad que no vivimos los mejores tiempos, pero ¿quién los vive? En los últimos cuarenta años de transición y desarrollo democrático hemos avanzado de una manera inequívoca, hasta convertirnos en el país referente que somos, pese a que nos ataquen de manera individual medios y periodistas extranjeros o políticos galos o belgas. ¡Cómo si no tuvieran ellos que callar por su pasado y también presente! Tan solo hay que recalcar su concepto de emigración, refugiados y acogida, para subrayar que nadie puede dar hoy lecciones de democracia a los demás.  Pero el laberinto actual de muchos países, al que no escapa España, viene de la desunión, la avaricia y de la vuelta a un concepto europeo donde intereses concretos quieren hacer prevalecer la fuerza de unos países sobre otros, y de esa fuerza pueden venir imposiciones.

El populismo que desprenden muchos personajes y países concretos cobra actualidad, porque el discurso es antagónico, según la formación política que lo impulse. ¿Tan difícil es hablar en España precisamente de España? Un país, interiormente, no puede ser políticamente correcto en todo. Las cosas hay que decirlas claras y transmitirlas con la seriedad que supone ser de una nacionalidad concreta. De ahí el hartazgo de muchos hacia lo que consideramos medias verdades, cambios de opinión, declaraciones que no vienen a cuento, palabras huecas, y poses que no aportan nada al deseo general de convivir en paz y prosperidad. Tras las tempestades, llega la calma. Pronto lo verá López Obrador, los interesados senadores franceses alineados con el procés catalán, y demás ataques que irán surgiendo fruto del laberinto tan enredado español. Una de las cosas que más me gustan de mi país, es que un día sucede a otro, y de lo que se dijo ayer, hoy ya toca polemizar sobre otra nueva cuestión. ¡Masocas perdidos! Sin duda, es una forma de ser que nos ha situado en el mapa mundi, no para desaparecer, y si para permanecer por los tiempos de los tiempos.

 “Somos un país referente, pese a los ataques de periodistas extranjeros o políticos galos o belgas. Nadie puede dar hoy lecciones de democracia”

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Tensionar hasta el límite la libertad de expresión

La libertad de expresión no pasa por su mejor momento. No es precisamente por prohibiciones, y sí por los excesos que cometemos nosotros mismos. Cada vez son más las personas que se comunican solo por redes sociales. No hay más: ni libros, ni autores, ni debates, ni reflexiones. ¡Pena de comunicación!

Dónde empieza y acaba la libertad de expresión es un gran debate para esta época, en la que a diario nos desayunamos con alguna afrenta. Desde luego, si es verdad esa idea de que mi libertad de expresión acaba donde empieza la de otro, lo estamos haciendo directamente con el culo en vez de con cabeza.

La mayoría de nosotros no está educado en lo que es y supone la libertad de expresión y, claro está, sus límites. Cuando en el año 1997 apareció la primera red social, Six Degrees se llamaba, ofrecía ya lo que hoy es el boom total de crear perfiles de usuarios, muchos falsos, y listas de amigos. Desde entonces, millones de jóvenes en todo el mundo han crecido ya directamente con Twitter, Facebook, Instagram, y nada más. La lectura, y los libros donde están muchas de las ideas que mejor nos enseñan, parece ser ya una gran desconocida por la falta de exigencia de contar con textos obligatorios dentro de la formación que recibimos a lo largo de toda una vida. Nada se salva: ni la escuela, ni los institutos, ni las universidades.

“Millones de jóvenes en todo el mundo han crecido ya directamente con Twitter, Facebook, Instagram, y nada más”

A la conclusión que trato de llegar es que la mayor o menor capacidad para lograr un buen uso de la libertad de expresión está ligada a todos los autores que hayamos leído, y las buenas enseñanzas que gracias a ellos llegamos a adquirir. Si desconocemos a Aristóteles o Platón, ¿qué ética personal podemos exigir a nadie dentro de lo que ha de ser su comportamiento en aquello que haga, y pongamos como ejemplo la política o la empresa?

Hoy estamos inmersos en otra cosa bien distinta a la libertad de expresión, que se llama bronca. Se premia la polémica, el insulto, la confrontación, la riña y la disputa, y los medios de comunicación y sus programas estrellas son las plataformas donde se pone en práctica forma tan pobre de ver la vida. Los más jóvenes no hacen otra cosa que seguir el mal ejemplo de lo que ven, aunque mucho me temo que se quedan solo con ese lado en plan “Gran Hermano” que nos hemos esforzado, unos más que otros, en imponer. El “Sálvame” está ahora en demasiados terrenos donde antes hubiera sido impensable situarlo, casos de la política, el deporte o el interior de los medios de comunicación que siempre tuvimos como serios.

Últimamente abundan las reflexiones de famosos acerca de que vivimos el peor momento conocido para la libertad de expresión. No lo creo en absoluto. Somos diferentes nosotros, y lo que somos capaces de llegar a hacer en busca de metas chuscas, que en la mayoría de las ocasiones tienen casi todo que ver con la rápida fama. Antes los profesionales se dedicaban a hacer su trabajo lo mejor que podían. Hoy nos metemos en todos los fregados posibles, sin tener en cuenta para nada que detrás hay cientos de personas a las que ciertamente se puede agradar, pero también agraviar. Aquí es donde entra de lleno la libertad de expresión y lo que es correcto manifestar en cada momento. Si lleno este articulo de exabruptos, nombres concretos de personas a las que pongo a caer de un burro, unido a tacos e insultos por doquier, puede que mis afirmaciones recalen en las redes sociales, pero desde luego no me llenarían en absoluto por el respeto que me debo a mi mismo. Muchos de los que se ponen delante de los medios de comunicación deberían de buscar la sencillez de ideas y palabras, en vez de grandilocuentes declaraciones que no se ajustan a la verdad. Ni todo es blanco, ni todo negro. Ni el mundo está para tirar cohetes, pero tampoco para el apocalipsis. Aunque, ya ven, es lo que tenemos a diario dentro de una libertad de expresión, que unos, mediante el uso de la educación,  manejan mejor que otros.

“Últimamente abundan reflexiones de famosos sobre que vivimos el peor momento conocido para la libertad de expresión. No lo creo en absoluto”

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Quienes pegan a médicos y enfermeras…

Una sociedad que agrede a sus médicos y demás profesionales sanitarios  es claramente una sociedad que está muy enferma. Falta educación, valores y responsabilidad, mientras sobra prepotencia y chulería, como la de los pacientes que pegan a quienes precisamente velan por su salud. ¿Hay algo más admirable que curar al prójimo? Pues así les pagan cada vez más mequetrefes.

Los hay que de pequeños no recibieron como lección necesaria esa regañina que dan frecuentemente los padres a los hijos sobre el “no se pega”. No se pega en la guardería, no se pega en el colegio, no se pega jugando en la calle y no se pega en el instituto. Las educación es fundamental para parar en seco las agresiones verbales y físicas. No digamos con el acoso en las aulas o en el puesto de trabajo, que son también problemas muy grandes de la sociedad actual. Una sociedad que avanza sin un rumbo preciso sobre lo que son los valores a salvaguardar, como es el respeto a los demás.

Nunca he comprendido que se pueda llegar a cualquiera de estas situaciones, que se producen de habitual en nuestro entorno. Qué puedo añadir sobre que crezcan las agresiones a médicos, enfermeros y enfermeras del sistema sanitario español, y que Cantabria se acabe de colocar en el segundo lugar nacional donde más crece este lamentable hecho. Los datos no pueden ser más preocupantes. El Servicio Cántabro de Salud tiene registradas 154 agresiones a su personal en 2018. Son el doble de las que se dieron en 2017. Al tiempo, el Colegio de Médicos de Cantabria pone  encima de la mesa el dato de que las denuncias que han recibido en el mismo sentido se han incrementado un 50 por ciento en los últimos años.

“El acoso en las aulas o en el puesto de trabajo son también problemas muy grandes de una sociedad que avanza sin  valores”

Leo las noticias al respecto, pero no aparecen en ellas el tipo de personas que agreden a los trabajadores sanitarios y el por qué. Lo segundo me lo puedo imaginar. Las esperas largas en urgencias, la creencia de que tu dolencia es muy grave cuando no es así, y otros pacientes cuya vida sí peligra de verdad deben ser atendidos con la debida prioridad. Contar con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo acarrea al tiempo que nos pensemos que lo aguanta todo, y en cualquier circunstancia. Para nada es así. Pero, erre que erre, acudimos a los centros hospitalarios y ambulatorios por muchas cuestiones menores, de las que oficialmente se habla de cuando en cuando, se dice que se van a hacer campañas de concienciación y tomar medidas, pero luego no se hace nada,  ya que la sanidad es uno de esas cuestiones sagradas a las que se temen en las elecciones que están por celebrarse.

Alguien tendría que explicar qué pasa con los agresores, si se van de rositas, y lo que puede generar esta situación de impotencia en el sector sanitario, ya que crecen las agresiones, aumentan las denuncias colegiales, pero aquí paz y después gloria. El artículo 43 de la Constitución Española reconoce el derecho a la protección a la salud; asimismo, dice que compete a los poderes públicos organizar y tutelar la sanidad pública a través de medidas preventivas, y pone el foco en que la ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto de recibir las bondades de esta asistencia. Queda claro que alguien, los agresores de médicos y enfermeros, están incumpliendo la ley y que corresponde a los Gobiernos hacer algo drástico al respecto.

Los empleados sanitarios tienen todo el derecho a acudir tranquilos a sus puestos de trabajo, y a ejercer sus funciones con las máximas garantías de protección y apoyo. Si crecen las agresiones, es que todo esto que digo no se está produciendo, porque de lo contrario no estaríamos hablando de cifras tan alarmantes de agresiones físicas. Que Cantabria sea de las regiones donde más crece este tipo de violencia que, además se da más hacia las profesionales sanitarias, ¡ya nos vale! Personalmente, nunca he presenciado un problema dentro de unas urgencias. Escuchas quejas, ves a pacientes que protestan las esperas en voz alta, y que se fijan en plan detective por si a alguien que no le toca pasa por delante de ellos. De ahí a las agresiones va un mundo, y todos los usuarios de la sanidad debemos de comprometernos contra los pegones. De nada vale alardear de nuestros hospitales, profesionales y medios, si somos consentidores respecto a personas que hacen un uso prepotente del sistema asistencial. En España ya ocurre hace tiempo, y somos muchos los que esperamos que se tomen cartas en el asunto, como tan claramente queda explicitado en la Constitución, que todos debemos cumplir.

“Que Cantabria sea de las regiones donde más crece esta violencia, que además se da más hacia las profesionales sanitarias, ¡ya nos vale!”

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Arremetidas machistas en Twitter

No nos podemos acostumbrar a que se digan burradas de mujeres dedicadas a la política, al igual que las redes sociales no pueden permitir que los insultadores habituales utilicen sus plataformas para difamarlas. TV3, con razón, ha apartado a un colaborador por ofender gravísimamente a una política catalana. Las redes, como Twitter, deberían tomar ejemplo.

Como quiera que cada uno y cada una es dueño y dueña de sus pensamientos, actos, conversaciones, apreciaciones y, por supuesto,  ideología, no hay manual ni recomendación posible sobre lo que no es pertinente escribir en cualquier red social. Quien no está educado en el respeto por los demás (yo diría que el valor humano esencial), tiene en sus manos la posibilidad de decir lo que quiera, de quien quiera y cuando quiera, en alguna de las 106 redes sociales reconocidas, según la última lista puesta al día, que empieza por la red Instagram y termina en otra que se llama Redalyc.

La mala educación se extiende a todos los terrenos de la vida, pero no exagero si digo que últimamente es la política y, concretamente, las políticas, las que se llevan la peor parte de los disparates diarios que circulan por las redes. El último ha afectado a una política catalana (Inés Arrimadas) y a un actor, Tony Albà, asiduo de TV3. Con motivo de un viaje relámpago de la primera a Waterloo, donde acampa permanentemente el escurridizo Puigdemont, el segundo la deseo en Twitter esto: “Buen viaje a Waterloo (Vigila no pases de largo y vayas a parar a Amsterdam… allí estarías como en casa y además tendrías todos tus derechos laborales respetados“. No hace falta ser un lince para entender lo que es una clara referencia al ejercicio de la prostitución en Holanda. A lo que se ve, una cosa es hablar del autocontrol en el ejercicio profesional de muchas actividades vinculadas directamente con el público, y otra muy distinta saberlo poner siempre en práctica. Y es que este país atraviesa por un momento que yo denomino como rabioso, porque es precisamente la rabia la que pone en la boca y la pluma de muchas personas los desatinos fuera de lugar pronunciados al hilo de una actualidad que, como se ve, les supera.  Lo mismo le pasó a Piqué al término del partido de Copa del Rey entre el Madrid y el Barçá, recomendándonos a los periodistas que prestemos más atención al Juicio del Procés, que a las malas interpretaciones que pueda hacer el VAR sobre un gol concedido o anulado. También es verdad que los excesos son muchas veces producto de la vanidad y querer tener un permanente protagonismo, lo que motiva en ocasiones que muchas figuras públicas no sepan lo que dicen.

“Los excesos son muchas veces producto de la vanidad, lo que motiva en ocasiones que muchas figuras públicas no sepan lo que dicen”

Hoy, ahora, hay división sobre si resulta exagerado el debate sobre la igualdad, el machismo y sus consecuencias más terribles, con la violencia sexista a la cabeza. Mientras hay partidos que llevan años intentando ponerse de acuerdo sobre las reformas legales pertinentes que España necesita al respecto, hay otras formaciones nuevas que lo cuestionan y lo llevan en su programa electoral. Me da la sensación de que se ha perdido un tiempo muy valioso tiempo atrás, porque el ahora no pinta bien respecto a lo que puedan ser retrocesos en derechos y, de ahí, de igualdad. Los grandes dirigentes deberían ser los primeros en asumir la gran pluralidad de sus naciones, y no caer en el error de hacer extravagantes afirmaciones en asuntos tan delicados como el sexismo, el racismo, la migración, los muros o los nacionalismos. España también tiene su propia lista de metepatas habituales. No se les puede dar bola, ni mucho menos buscar excusas a sus impresentables declaraciones. Desde luego, sobre las mujeres, sus ideas, su labor, su trabajo, su dedicación al campo que sea…, no se puede pasar ni una. Que una televisión pública como TV3, tan cuestionada por dar voz solo a una parte de Cataluña, aparte a un colaborador por llamar poco menos que prostituta a una política, es la consecuencia lógica de insultar tan gravemente a una ciudadana que merece todo el respeto a su persona. Los medios son los primeros que deben dar ejemplo a este respecto, ya que las redes sociales no lo hacen, ni tampoco tienen intención de cambiar. No es la primera vez que ocurre ni será la última. Facebook, Twitter, Instagram y demás pueden mejorar aún mucho. Creerse autopistas de la comunicación mientras se degrada todo aquello que no cae bien a alguien, es un mal uso de la información y, sobre todo, de la libertad de expresión. Por eso, aunque sus propietarios lo pretendan, las redes no son medios de comunicación. Les separan muchas cosas, pero voy a terminar con la principal: el insulto es el arma del ignorante, para defender su incapacidad de dialogar (sacado de la red social Pinterest).

“Facebook, Twitter, Instagram se creen autopistas de la comunicación, mientras hacen un mal uso de la libertad de expresión”

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