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De mentiras y odios en Cataluña

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Entramos en una fase decisiva del desafío autoritario del Govern catalán, ya que Puigdemont, Junqueras y Forcadell van a declarar la independencia, que durará lo que un caramelo a la puerta de un colegio. ¿Y luego qué? Estos personajes se sentirán próceres dentro de  una farsa repleta de mentiras y odios propagados entre niños y jóvenes principalmente. Son las mismas trolas que pintaban una Arcadia feliz imaginaria, de la que se apean bancos y empresas catalanas, por miedo a boicots, su ruina total, y al corralito que impondrían a los ciudadanos al día siguiente de proclamar su DUI.

 Había pensado inicialmente titular este artículo de forma más impactante: Cataluña se autoinmola. Los talibanes, destructores de toda la belleza y riqueza que les rodea, son especialistas en aniquilar el desarrollo acumulado con tanto trabajo y esfuerzo de años, y Oriol Junqueras, que irónicamente lleva como consejero de economía las cuentas catalanas, está poniendo a los ciudadanos de esta autonomía a los pies de la ruina. Bancos como el Sabadell o Caixabank, pero también aseguradoras, farmacéuticas, energéticas, de telecomunicaciones o automovilísticas, huyen por la inseguridad política, jurídica y en las propias calles tomadas por la CUP, gracias a las mentiras que han formado parte de un relato independentista idílico que se cae a pedazos. Lo mas intolerable de este trágico panorama es que a los Puigdemont, Junqueras, Mas, Puyol o Forcadell les da igual la situación en que han metido a sus conciudadanos, porque están únicamente a su propia historia personal que hable de que un día intentaron una independencia a las bravas. Hasta Codorniu y Freixenet saben del colosal boicot en que las Ana Gabriel de turno pueden meter a los productos catalanes. ¿Qué tipo de gobernantes son estos? Con razón, Alfonso Guerra habla de una Cataluña de prefascistas, apoyados sólo, ¡qué casualidad!, por líderes fascistas europeos.

Tras las palabras del Rey Felipe VI en la noche del 3 de octubre (como en aquel 23F de golpe militar), y los editoriales de La Vanguardia y El Periódico de Catalunya dos días después para que se abandone esta locura,  el relato de las mentiras del Govern ha cambiado, aunque el talante de alguien lleno de odio e intolerancia no es dar marcha atrás sino explosionarlo todo. En el jueves 5 de octubre el Banco Sabadell, emblema mismo del catalanismo, anunciaba su intención de cambiar de inmediato su sede social fuera de Barcelona. La fuga de capitales se habían ya disparado, y el pánico a la quiebra apoderado de los banqueros, empresarios y  ahorradores catalanes en general. Pues bien: la misma jornada, cuando lo del Sabadell era un hecho, Oriol Junqueras hablaba en distintas televisiones, por supuesto en la sectaria TV3, negando este extremo y asegurando que ninguna firma abandonaba Cataluña. La mentira se hacía una patente una vez más, y se añadía a cientos de otras pronunciadas anteriormente, como esa de que Europa no pasaría factura. En cambio, lo que sí es verdad es la subida de la Prima de Riesgo y el serio aviso del Fondo Monetario Internacional sobre que la economía española puede pinchar su buena marcha tras la crisis.

 “El pánico a la quiebra se ha apoderado de banqueros, empresarios y ahorradores catalanes”

Conscientes del golpe de Estado, y que los actuales gobernantes catalanes atentan contra la convivencia, el empleo y el bolsillo de todos, pocas veces se ha visto una respuesta ciudadana que va a ir en aumento a medida de que pasan los días y que el presidente catalán, forzado ya por marrón personal y judicial, declare la independencia con la excusa de un referéndum de pucherazo, que ni las dictaduras más bananeras se atreverían a esgrimir como prueba democrática de nada. Es cierto que el castillo de naipes con cartas marcadas de múltiples mentiras se va cayendo, pero el daño infringido a la fracturada sociedad catalana es tremendo porque el odio se palpa en colegios, universidades, iglesias e instituciones de todo tipo. Siento orgullo de ser español pero mucha vergüenza a la vez de que en una democracia tan avanzada pueda haber personajes tan deleznables, capaces de alentar la confrontación violenta en las calles porque su nombre se recuerde mediante  episodios totalitarios como los que se produjeron en el Parlament de Catalunya los días 6 y 7 de septiembre de 2017. El sistema democrático y jurídico español es tan garantista que muchos españoles se preguntan por qué no se ha intervenido aún a la autonomía catalana (el famoso 155) y encarcelado a golpistas en potencia. Es el tiempo el que va a decir si el Estado ha actuado con excesiva prudencia o no, aunque se debería haber ahorrado a los ciudadanos tanta ansiedad acumulada, que reconocía incluso Felipe VI en su inesperada intervención televisiva.

España, Cataluña, no se merecen todo esto, mucho menos tras diez años de crisis económica en la que muchos españoles lo han perdido todo. Ada Colau ya lo ha olvidado, y Piqué, un jugador de fútbol multimillonario, despotrica desde un púlpito manipulador  que pinta una realidad de abundancia que solo vive él, pero no el pueblo a base de sueldos y recursos escasos. Es cierto: durante casi todo el 2017 los animadores de este “Procés”, como Òmniun Cultural o la ANC  que estarían mejor disueltos como antes pasó con Herri Batasuna, han manejado un relato lleno de mentiras que ha hecho mella en muchas personas convertidas en odiadoras de todo lo español. La DUI, Declaración Unilateral de Independencia, será un esperpento más abocado al súbito fracaso. El odio en cambio llevará mucho más tiempo erradicar. Entre tanto, para ello es imperioso apartar del escenario político a todos estos personajes que han demostrado que su auténtico talante es sólo autoritarismo (sinónimos: dictador, tirano, opresor…)

“Siento orgullo de ser español y vergüenza de personajes capaces de alentar la confrontación violenta porque su nombre se recuerde”

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Ley de atracción, Cataluña y el hartazgo

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Una cascada interminable de propaganda puede terminar por desgastar los nervios de unos ciudadanos agotados por la crisis catalana. Se habla ahora mucho de democracia y las opiniones van por barrios, aunque son los partidos políticos, especialmente las nuevas formaciones, los que deben de estar a la altura de lo que se espera cuando un país tiene tan serio problema. Ni se aprecia atisbo de solución, ni se propone a la población un cambio del hartazgo por la serenidad y la concordia.

Para hallar una respuesta lógica a tanta pesadez y agotamiento mental del  Cataluña para acá y el Cataluña para allá, encuentro que parte importante de culpa pudiera tenerla algo que se llama la Ley de atracción. Se lo explico. Resulta que imaginas algo que deseas con fuerza, actúas como si lo hubieses conseguido, y “el universo” hará el resto para que lo obtengas. En realidad, es la tabarra constante la que te lo puede proporcionar, como ese quinceañero que pide a sus padres que le compren la moto, le sueltan un no tajante, pero es tal la insistencia del chaval, casi las 24 horas del día, que se la terminan por comprar. El Govern de Cataluña, Puigdemont y Junqueras, han venido a hacer lo mismo en los últimos meses, y los ciudadanos españoles estamos al borde de un ataque de nervios, desorientados por ver hasta donde hemos llegado, y por la desconcertante actuación del Gobierno central, que ha querido echar agua fría sobre un tema tan caliente que, al final, nos tiene quemados a la mayoría.  Desde luego, quien se enfrasca en una Ley de atracción, no tiene tiempo para hacer nada más, y este es también el caso catalán con el referéndum ilegal del 1-O, donde parece no haber otra cosa,  desde la sanidad a las mejoras en infraestructuras, aunque sí se ha notado especialmente en la competencia de educación el adoctrinamiento independentista de los escolares, más presentes en estos días en las calles que en las aulas.

El tsunami de noticias y propaganda que venimos digiriendo los ciudadanos sobre la crisis catalana se nos ha indigestado. Que si sedición, desobediencia, golpe de estado, insurrección, las urnas made in China, las papeletas, el Tribunal Constitucional, de jueces, Mossos, Guardia Civil, Policía Nacional, y también la prensa extranjera, que aquí siempre importa demasiado, aunque nosotros a ellos mucho me temo que nada. Veo en todo caso un mal periodismo (el nacional está a gran altura) cuando se habla de falta de democracia en España, del derecho a decidir, se utilizan términos de represión o se nos compara con la Turquía de Erdogan, pero veo también que la mano del lobby de la burguesía catalana allende los mares ha dado sus frutos, mientras la comunicación del Gobierno de Madrid ha seguido a la baja altura a la que nos tiene acostumbrados. Hasta el 1 de octubre y me temo que después, el estado de excepción lo estamos padeciendo los ciudadanos en forma de angustia, que es la intensa intranquilidad causada por algo que amenaza peligro o desgracia. La situación de deterioro generalizado por el que atraviesa ahora España va más allá de Cataluña, y lo que piense sobre su  independencia Forcadell, Serrat, Roures, Piqué o los curas catalanohablantes.  Cada uno es libre de opinar sobre cualquier tema, aunque debemos fidelidad a eso que dijo Jean Paul Sastre acerca de que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Por eso creo que los paganos de esta historia estamos siendo una ciudadanía, que parece importar poco a las partes en conflicto, y aquí quiero situar en el cuadro de honor a los catalanes y catalanas que no son independentistas.

 “La situación de deterioro va más allá de Cataluña, y lo que piense sobre su  independencia Piqué o los curas catalanohablantes”

Cuando aterrizaron en el panorama político nuevos partidos, muchos votantes pusieron ilusión y esperanza en lo que se proclamaba como un cambio necesario. El tiempo está demostrando que se han añadido problemas a los problemas, y que tras salir de una crisis económica durísima, con despidos, desahucios o timados por las Preferentes de la banca, nos encontramos de sopetón con este gran desencuentro nacional, donde las posiciones políticas son tan dispares a la vez que desconsoladoras. Colau, alcaldesa de Barcelona, antes se ponía en frente de los secretarios judiciales que acudían a comunicar embargos, y ahora declara a los medios extranjeros que en España no hay democracia. La gente no sabemos qué pensar, nos sentimos perdidos. El término unidad ante los problemas parece estar herido de muerte, y lo que pase a partir de ahora es una incógnita, pero no después del 1 de octubre, sino que nos tenemos que ir más allá en el tiempo. Yo no tengo una respuesta a lo que hay que hacer con Cataluña, aunque pienso que la actuación de su Govern ha traspasado todos los límites imaginables hasta llegar al esperpento. Lo que ocurra allí será una acción en cadena para el resto de España, y por eso el Gobierno del Estado ha de mejorar mucho el relato, la acción, la decisión y la convicción. Cuando se habla de diálogo – pero el que hay es de sordos – no es creíble. El Estado se basa en sus poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero son los partidos la catapulta a las soluciones, imposibles ahora porque no se entienden y están en las antípodas. El futuro no es halagüeño porque, unos y otros, están a lo suyo, a su propia Ley de atracción, agotadora para el común de los mortales.

 “El gobierno del Estado ha de mejorar mucho el relato, acción,  decisión y convicción”

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Al gato y al ratón con la democracia

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Quienes a la fuerza impulsan el independentismo en Cataluña se permiten al tiempo dar lecciones de democracia, sin asumir por un momento lo que es legal, ya que su razonamiento democrático consiste solo en  desobedecer. Rostros conocidos aportan su opinión favorable a tanto desatino, sin caer en que su mentira no les saldrá gratis a la hora de hundirse en el descrédito moral y la indiferencia social.

Antes de darles mi valoración sobre lo que pasa en Cataluña, si es un golpe político social a la democracia, o bien hurta la libertad de votar como defiende Guardiola, me voy a refrescar con algunas opiniones sobre lo que es el concepto democrático en boca de gente más lista que yo (y que Guardiola). Prometo pluralidad de ideas porque, a fin de cuentas, libertadllibertat en catalán - más respeto y tolerancia, son muros de carga para toda democracia, sin dejarme la igualdad ante la ley desde el sometimiento de todos sin excepción a la misma. Empiezo por algo que leí en cierta ocasión de Victoria Camps, la gran filósofa, que me gustó: “La democracia necesita una virtud: la confianza. Sin su construcción, no puede haber una auténtica democracia”. Sigo con Albert Camus, quien murió en el 60, año en que yo nací: “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.” Y acabo con el periodista socarrón Albert Guinon, francés, nación a la que debemos tres maravillosas palabras: Liberté, Egalité y Fraternité. Por desgracia, nada tienen que ver estos términos con la cascada de insensatas acciones y coacciones diarias que, más allá de provocar, anhelan confrontar en la calle de mala manera. Pero regreso a algo que dijo Guinon en relación al auténtico yo que hay debajo de muchos lobos con piel de cordero: “El peligro de los representantes del pueblo es que con harta frecuencia se limiten a representarlo en sus defectos”.

Toda esta música me suena mucho con lo que está pasando en Cataluña y que traspasa aquella autonomía. Puede parecer una obviedad lo que acabo de escribir, pero a lo que realmente me refiero es que el golpe trata de desestabilizar España entera, a sus principales instituciones de gobierno, rompiendo así la conocida Transición del 78, que es tanto como decir acabar con la Constitución que el próximo 6 de diciembre cumplirá 39 años. Hijo de la democracia como soy, tengo que decir que me invade un gran desasosiego por ver un panorama nacional tan desolador, inestabilidad en Europa,  bronca constante en Estados Unidos, alentado todo por personajes insensatos, nacionales y extranjeros, a la cabeza de los cuales un Donald Trump habla de aniquilar completamente a la Corea de Kim Jong Un.

 “Me invade un gran desasosiego por ver un panorama nacional tan desolador,  alentado por insensatos”

Por eso, en España, con Cataluña, da la sensación de que se está produciendo una tormenta perfecta. Si no gusta esta comparación, lo puedo rebajar a una hoguera peligrosa a la que no se deja de echar leña en forma de sedición, desobediencia, escraches, carteles con fotos, descalificación de jueces y de todas aquellas personas que no piensan como los independentistas. En los años que tengo, pocas veces he sentido tanta vergüenza democrática (el 23- F salí precisamente de Barcelona) con los hechos que se produjeron el 6 de septiembre de 2017 en Cataluña, respecto a la aprobación de las leyes de desconexión, y todo ello sin el necesario legalismo parlamentario, y así acallar y aplastar otras voces y otros votos. A desoir al Estado, al Tribunal Constitucional, a las leyes vigentes que nos obligan por igual a todos, se le llama antidemocrático. A que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluidos los Mossos d’Esquadra, hagan cumplir el mandato de los jueces, se le llama antidemocrático. A intervenir las cuentas de un gobierno que se gasta el dinero en actos prohibidos por los tribunales se le llama antidemocrático, al tiempo que con la mayor de las hipocresías y demagogias se pide amparo al Tribunal Supremo de España para que el consejero de economía del gobierno autónomo insumiso pueda volver a firmar los cheques. Nos hemos hecho tanto a dar rodeos a las cosas, que me da la sensación de que no estamos diciendo lo suficientemente alto que asistimos a una tomadura de pelo que conlleva reírse a la cara de la gente, despreciar el sistema de vida que nos hemos dado, desbordante de libertades que empiezan y terminan en una convivencia en paz, que pretenden romper quienes, como insinuaba Guinon, todo lo retuercen, mienten sin pudor ni moral, confunden, manipulan y provocan altercados callejeros.

A diferencia de las opiniones que se están dando sobre la falta de democracia en España, caso de Guardiola, contamos con un Estado que está haciendo lo que debe. Quienes de verdad creemos en la libertad de expresión (sin libertad de expresión no hay democracia), sin necesidad de cacarearlo tanto, respetamos pero no compartimos los exabruptos de quienes hablan del pasado franquista y llegan incluso a subrayarlo en términos de guerra civil. El daño infringido va más allá de los sucesos que vienen acaeciendo en Cataluña, porque se han tocado muchas fibras, como la de involucrar incluso a escolares para vergüenza que debiera dar a sus educadores y responsables políticos. Incurrir en tanta ofensa es jugar al gato y al ratón con la  democracia. Es también la mayor villanía que nunca pensé ver en mi país, tan agitado como está por quienes demuestran un totalitarismo, que pretenden hacer visible algún día, tras alcanzar una independencia imposible.

  “El daño infringido va más allá de los sucesos en Cataluña, como involucrar a escolares para vergüenza de sus  educadores”

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¿Qué ética?

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¿Qué provoca que una tuitera, en un despreciable uso de su libertad de expresión, desee a una joven política que, cuando salga de la televisión donde está tertuliando, sea violada en grupo? Pues la falta de moral y valores en la que, estoy seguro, no ha sido educada la primera. Nada debe superar el derecho más elemental que tiene todo ciudadano a ser respetado. Lo pensaron los clásicos como Aristóteles, quienes nos estudiaron por dentro para luego dejarnos claro que la rabia, el egoísmo y el desprecio nos asfixia, y que el mejor antídoto es condimentar con ética  todo lo que hacemos.

Me tengo que remontar a mi juventud, cuando todavía tenía pelo, para recordar la última vez que oí en boca de un chaval que hacer tal o cual cosa no es ético. El sistema educativo español tiene muchas goteras, pero hay una muy gorda: los estudiantes salen de los colegios, institutos y universidades sin saber hablar, ni escribir, ni tener asumido un  comportamiento ético y de valores que poner en práctica en lo que vayan a hacer, incluida su futura profesión. El desconocimiento de lo que es ético y lo que no es también muy preocupante. Provoca, como sucede de habitual en este país, discriminaciones, cacicadas, injusticias, agravios comparativos y, especialmente, la acomodación social hacia la mentira. Al joven inglés, sueco o ruso le suena mucho lo de la moral, porque lo aprenden dentro de sus sistemas educativos y luego su inquietud continua con las lecturas de libros al respecto. Aquí haces una encuesta sobre quien es Bertolt Brecht, y lo mismo te salen con que es un jugador de fútbol. Aprovecho que saco al campo al gran dramaturgo y poeta alemán para recordar uno de sus geniales pensamientos: “El peor analfabeto es el analfabeto político; no oye, no habla, no participa de los acontecimientos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas”.

No hace falta que nadie me convenza de que un pueblo sin referentes éticos, es menos pueblo. La India tuvo a su Gandhi y Sudáfrica a su Mandela. Donald Trump se cree un visionario, pero en realidad es un telepredicador de poca monta que quiere levantar un muro entre Estos Unidos y México y devolver a todos los emigrantes a sus países de origen. El presidente norteamericano es un magnate de cuna y quiere pasar a la historia, como los presidentes esculpidos en el Monte Rushmore: Washington, Jefferson, Lincoln y Roosevelt. ¡Ya veremos a dónde nos lleva su política, tan falta de ética y  valores, por lo que vamos viendo hasta ahora! Tampoco olvidemos que millones de norteamericanos han sentado a Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca y que, como él, piensan lo mismo sobre migración, igualdad, xenofobia, solidaridad, medio ambiente, política o economía, donde lo primero es América para los americanos, al más viejo estilo de la Doctrina Monroe, otro presidente norteamericano allá por 1823 (ósea, vuelta atrás).

 “Un pueblo sin referente éticos, es menos pueblo. La India tuvo a su Gandhi y Sudáfrica a su Mandela”.

Europa también tuvo a sus padres constituyentes, y el mejor legado ético y moral que nos dejaron fue el de los Estados del Bienestar. No voy a decir que todo esto haya muerto, pero sí que se ha ido al carajo. A Europa le faltan hoy valores, creer en sí misma y recuperar los principios que la alumbraron. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y hay ocasiones en que el desorden proviene de los empujones, que es lo mismo que imponer el egoísmo por encima de todo lo demás. Lo malo que pasa se achaca en muchas ocasiones a lo que se conoce como pasividad civil. Reaccionar al paro, a la crisis, a los desahucios, a los desmanes de la banca, a la desobediencia del gobierno catalán, al futuro de los jóvenes. Evidentemente, la relación es mas amplia. Aunque, desde mi punto de vista, todas tienen en común la indiferencia que provoca la falta de unos valores que empujen a actuar. Por favor, no confundamos valores con ideas, porque los valores, como la democracia, la igualdad y la justicia, siempre están por encima de todo, sea el que sea el contexto, y sea la que sea la circunstancia concreta. Al fin y al cabo,  es la opresión, en la forma en que se produzca, la que cabe siempre erradicar (y es mejor que piensen en la peor opresión posible, como la pobreza o el hambre). Cuando no hay una educación en valores y moral, lo que más peligra es el respeto.

Lo percibo a diario, y señalemos casos concretos como el siguiente:  ¿Qué provoca que una tuitera escriba sobre una joven política que ojalá que al salir del plató de televisión donde está debatiendo con otros invitados la violen en grupo? Pues el odio, y la falta total de una moral obligada, sí obligada, porque esa moral sustenta la convivencia y evita todos los malos rollos en las que nos metemos de habitual. El mundo va hoy como va porque decrecen los derechos económicos y sociales y con ello la gente vive mucho peor. ¡Oquei! Pero antes de estas culpas está la gran irresponsabilidad de educar sin esfuerzo, sin valores, y sin asegurar el debido respeto mutuo. Esto es lo que produce el laberinto de desorientación en que estamos atrapados.

 “¿Qué provoca que una tuitera escriba sobre una joven política que ojalá la violen en grupo? Pues el odio”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El siglo de los engaños

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Puede ser que una mentira repetida mil veces se convierta en verdad. Depende también de lo que nos dejemos engañar, y de la necesaria pero inexistente reacción social para cortar por lo sano tanta falsedad. He elegido entre algunas de las grandes mentiras como la crisis, el rescate de la banca española, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, lo que pasa realmente con el futuro de Europa, para acabar con el atentado de Barcelona, donde resulta que los Mossos estaban alertados previamente.

A punto de acabar el siglo XX, nos inundaron de anuncios sobre que el nuevo milenio iba a ser diferente a todo lo anterior, haciéndonos creer que nos esperaba una vida repleta de mejoras. Nada se ha cumplido con respecto a lo que se predicó en economía, tecnologías que lo harían todo por nosotros, y el final de la pobreza muy localizada, además de los conflictos permanentes en las zonas ya habituadas a convivir con bombas y disparos. Se lucieron todos estos adivinos de pacotilla, porque, realmente, por lo que destaca hasta ahora este nuevo siglo es por la creciente brecha, el abismo queda mejor,  entre lo que es la verdad y lo mucho que se propaga la mentira.

Llevamos recorridos diecisiete años de este XXI y es ya suficiente tiempo para preguntarse el por qué de tanto engaño de laboratorio. He elegido para explicarme 5 ejemplos, repartiendo mis preferencia entre lo económico y la banca, lo internacional y europeo, por supuesto, me paro en España, y tocaré lo mal que se aborda nuestra seguridad frente a los atentados terroristas de la Yihad. En concreto, estos son los casos que relaciono con el verbo mentir: la crisis, el rescate de la banca española, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la desintegración de la Unión Europea iniciada con el abandono de Inglaterra, y para terminar el atentado en Las Ramblas de Barcelona.

Uno. La crisis económica. ¿Diez años de penurias para millones de familias, sin saber realmente el por qué, han acabado así, sin más? Todavía no sabemos las razones reales. Se cebó especialmente con los trabajadores, aniquiló la clase media, y los ricos se han hecho más ricos, mientras los más desprotegidos perdían su trabajo, casa, coche y ahorros. ¿Estaba justificada? Es curioso que su final coincida con que los trabajadores ganen menos, los jóvenes que tienen la suerte de encontrar empleo cobren una miseria, y los autónomos piensen que necesitarían de otra vida laboral para asentar un futuro que ahora no ven. La crisis económica es la madre de las grandes mentiras, y la impotencia crece en la medida de que no existe una reacción social  que se movilice para exigir explicaciones congruentes para  tanto sacrificio por parte de los de siempre.

 “Diez años de crisis para millones de familias, sin saber por qué, se han acabado así, sin más”

Dos. España ha sido uno de los países donde peor se ha vivido la crisis. No todos, porque una mala, esnob y despilfarradora banca representada especialmente por las cajas de ahorro tuvo  que ser rescatada con el dinero de todos, y nos hemos conformado con la penosa y parca declaración oficial de que ese dinero prestado, casi 100.000 millones, nunca se va a recuperar. Quienes perdieron sus negocios no recibieron ayuda alguna; tampoco los desahuciados, ni muchos menos los clientes estafados con las famosas Preferentes. Aquel rescate multimillonario a la banca se produjo en 2012, pero parece como si no hubiera ocurrido jamás, a pesar de que somos un país más pobre, repleto de ciudadanos igualmente empobrecidos.

Tres. Cuando se asegura que lo peor ya ha pasado, Donald Trump gana las elecciones en Estados Unidos y ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca. Desde entonces, los medios de comunicación más prestigiosos cuentan las  mentiras de un presidente, al que no le produce el menor sonrojo narrar milongas que nunca han existido, salvo en su mente repleta de escenas televisivas de los reality show que ve a diario, y los muchos tuits que, también diariamente, manda sin encomendarse a respeto alguno. Pero de todas las mentiras de las que se habla en Washington, la primera que hay que descifrar es si Trumpo llegó a la Casa Blanca con la ayuda de Rusia, y qué papel jugó el Kremlin y sus servicios secretos en todo este tejemaneje.

Cuatro. Mientras Trump está afiliado a los líos constantes, Europa contrae un ataque de cuernos por el súbito abandono de Inglaterra. ¿Por qué se ha ido realmente?; ¿Es simplemente una casualidad en el tiempo, crisis incluida?, ¿Cuánto va a durar Europa sin uno de sus socios principales, que anhela todo el poder político y económico, y prueba de ello es que negocia su salida con amenazas?

Quinto. Pero lo peor que sufre Europa no es padecer a Inglaterra, sino a los atentados terroristas que se producen cada poco tiempo de la negra mano de la Yihad. Los han sufrido Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Suecia y este verano de 2017 le ha tocado a España, concretamente a Barcelona. En el ataque de Las Ramblas han muerto 16 personas, y la buena reacción policial de Los Mossos se acaba de tornar en total oscuridad, al conocerse que los servicios secretos norteamericanos les avisaron en mayo de ese posible atentado y el lugar concreto donde se iba a producir. ¿Por qué no se hizo caso de este aviso previo, viniendo de donde venía?, ¿Por qué no se hizo público y se tomaron las medidas de seguridad adecuadas?. El Gobierno catalán no dijo nada tras el atentado, porque están a lo que están, y ha sido un periódico el que ha contado la verdad, con pruebas objetivas, para que la mentira, que tanto se propaga, no halle siempre el encogerse de hombros de unos ciudadanos que nos estamos acostumbrando demasiado a los engaños y las falsedades,  cuando lo que debemos demandar, como uno de nuestros principales derechos, es la verdad de todo lo que sucede a nuestro alrededor.

  “¿Por qué los Mossos y el Gobierno catalán no hicieron público el aviso previo que tenían de atentado en Las Ramblas?”

 

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