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¡Se busca esclav@!

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Hay condiciones laborales que avergüenzan por lo esclavas que son en la forma y en el fondo. Antes de que alguien acceda a uno de estos penosos trabajos se ha dado la correspondiente oferta laboral que, por poder, puede exigir una ingeniería aeroespacial a cambio de repartir en moto comida rápida. Entre elegir que el empleador busque conejillos de indias para cuando se instalen “burgers” en Marte, o que la legislación actual facilita la injusticia y la explotación, me quedo con lo segundo por ser culpable de lo primero. 

“Se buscan repartidores. Requisitos: Carné de moto o coche, estudios superiores, conocimientos en literatura, matemáticas, geografía, política, deportes, más cultura general”. Sigue: Se realizará prueba de nivel y se valorarán aptitudes de música y canto”. Nada dice este reclamo sobre contrato y seguridad social, sueldo y horario. Pese a que me propongo que sientan indignación tras leer lo que tengo que decir, no se apresuren, porque este texto inicial forma parte de una campaña publicitaria de una gran multinacional de la hamburguesa grasienta, que ha buscado así el efecto de que se hable de ellos y llegar a ser trending topic en Twitter.

Me da en el olfato que el creativo de semejante anuncio no ha tenido que devanarse los sesos, tal y como es la economía postcrisis, especialmente para los jóvenes en busca de empleo.  Tan solo ha hecho que aplicar el consejo de David Ogilvy, el padre de la publicidad moderna, cuando aconseja a los del gremio que hablen con el lenguaje utilizado cotidianamente. Y es que los contratos basura se han convertido en algo habitual, al igual que las condiciones que se exigen para ocupar algunos de los contados puestos que se ofrecen dentro del mercado laboral. Digo yo que para repartir pizzas a domicilio no haga falta ser periodista; y lo mismo pienso sobre haber leído a Cervantes a la hora de cuidar un rebaño de ovejas. Ciertas demandas de trabajo deberían juzgarse en base al articulo 20 de la Constitución, ese que habla del derecho al honor y a la propia imagen. Una cosa es exigir mucho y pagar poco en un determinado puesto, y otra bien distinta hacerlo además ofendiendo.

 “Ciertas demandas de trabajo deberían juzgarse en base al derecho al honor y a la propia imagen”

Las redes sociales no son medios de comunicación, pero hay ocasiones en que lo hacen incluso mejor, porque sacan a la luz cacicadas, injusticias o estúpidas peticiones, que ponen de manifiesto el nivel tan bajo y preocupante que hay en torno a la explotación humana. La publicidad siempre podrá cometer deslices, pero son las leyes y su aplicación las que deberían impedir la vergüenza de tener que leer obscenos anuncios laborales, y da igual que provengan de una gran multinacional que tiene recursos de todo tipo para dar y tomar. Si la situación está difícil, especialmente para nuestros jóvenes, no la hagamos más cuesta arriba aún. La última reforma laboral llevada a cabo en España nunca ha tenido buena prensa, porque contribuye a que se cometan muchos excesos a favor de las malas condiciones laborales de determinados trabajos. La crisis ha pisado demasiados callos, y ahora te encuentras con que se recula a la hora de devolver ciertos derechos a los trabajadores, los más castigados en un largo periodo de diez años para olvidar.

Pero olvidar no es sinónimo de recuperar y mejorar. No tiene calificativo acostumbrarse a hablar de empleos que suponen 400 o 500 euros mensuales para quienes los llevan a cabo. Lo que hacen con ese dinero y para lo que les da es un misterio. Bajo ningún concepto se puede permitir que haya españoles de primera, de segunda o de tercera, y la clave son los sueldos y las condiciones laborales. El 2007 frenó en seco la locomotora del bienestar social y Europa, para su propia subsistencia, ha de tener claro que ya no es momento para economías intervenidas, hombres de negro, recortes ni pasajes lamentables dentro de cambios laborales que, a la postre, se ha visto que favorecen siempre a los mismos. Antes de la crisis tenia claro que había ricos y pobres. Ahora, hay ocasiones en que tiendo a ampliar la lista con otro supuesto, el de los nuev@s esclav@s.

 

“Bajo ningún concepto se puede permitir que haya españoles de primera, segunda o tercera, por las condiciones laborales”

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Reparar el logro más universal

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Lo importante en el transcurrir de la vida es mantener intacta la esencia humana tan apartada hoy. Junto al rápido relevo que se dan los años, hay que preservar como valores primordiales la defensa de nuestra juventud, la protección del planeta y disfrutar de una cultura tan amplia como las ideas. Frente a poderes y poderosos empeñados en poner palos en las ruedas de la convivencia, la conservación y el desarrollo sostenible, hay que anteponer el deseo común de alcanzar el logro más universal posible como es la justicia social en la forma en que demande ser reparada en cada momento.  

Infancia, juventud, madurez y tercera edad son los epígrafes de la vida. Cada uno de estos tramos puede definirse como una estrella fugaz en razón de lo pronto que desaparecen. Victor Hugo pensaba que los cuarenta son la edad madura de la juventud y los cincuenta la juventud de la edad madura, aunque en cuestiones de sumar años me inclino por el pensamiento más práctico de Woody Allen cuando señala que interesa más el futuro porque es el sitio hacia el que nos dirigimos. Parece que fue ayer cuando se inicio el 2017, y ya estamos a las puertas de un año más. Así que, definitivamente, voy a hacer caso a la siguiente máxima del filósofo Schopenhauer: “Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario”. Y si el problema de la humanidad es la humanidad en sí, deberíamos frotar la lámpara maravillosa que supone la vida con tres deseos que nos permitan hacer ese buen comentario del texto de historia que está por escribir.

El primero de estos tres afanes es apostar por los jóvenes. Heredan los fracasos de los mayores, incluido su desempleo, y al tiempo les exigimos  ilusión y tenacidad para solucionar viejos problemas. Creemos que ya les hemos dado todo mediante una buena formación, lo que nos lleva a asegurar que la educación es la mejor (y única tras la crisis) herencia posible. Pero no es así. La educación, como la sanidad, la justicia o la igualdad, es un derecho que se transmite generación tras generación. A lo que siempre cabe aspirar es  a que cada día sean más los niños que se educan debidamente, y con ello mejoran sus oportunidades de una vida sin penalidades. Los jóvenes que empujan nos han de dar mejores lecciones sobre cómo hay que tratar a unos Refugiados, y también cómo debe ser la convivencia entre diferentes culturas que ahora están en choque frontal.

 “Los jóvenes nos han de dar lecciones sobre  tratar a Refugiados y también sobre convivencia entre culturas”

Segundo afán: Cuidar de verdad el planeta. Cuando los mayores decimos que hay que preservar el medio ambiente para las generaciones futuras, entran ganas de llorar, porque no se puede mentir más y con peores consecuencias. Actualmente no hay voluntad política de parar la agresión permanente a la Madre Tierra. El espacio exterior es un estercolero de chatarra, la Antártida peligra, y la corteza terrestre ha dejado de avistar para concretar con un cambio climático en toda regla, que muchos magnates metidos a políticos, como el presidente de Estados Unidos, niegan por intereses muy concretos de multinacionales de todo tipo, aunque al frente están las insaciables energéticas. Hace mucho tiempo que el medio ambiente se disfraza de huecas campañas publicitarias que no aportan nada en favor de la conservación de lo mejor que se nos ha dado en forma de paisajes, aire, agua, bosques, montañas, mares, fauna y flora.

Tercero. Lo mejor que tenemos es la cultura. La cultura es un viento permanente que sopla siempre a favor de lo que soñamos y merecemos alcanzar. Al tiempo, es también un grito positivo en contra de lo que nos enfrenta. En el panorama actual destaca un medido inmovilismo excusado en la falsedad de que los ciudadanos queremos la tranquilidad que supone que todo siga igual. Crece así el descontento, aumenta su poder la extrema derecha, surgen presidentes crea problemas como Trump o Putin, mientras el papel de la ciudadanía queda un tanto depauperado para alzar su voz contra el alarmante aumento del desequilibrio económico. Pero la cultura siempre pone voz a todo y a todos. Se abre camino entre los nuevos muros que se levantan en el mundo, y grafitea paredes con la frase pertinente o la imagen de algo o alguien que denuncia lo injusto del momento. Por eso la edad es solo una excusa cuando queda tanto por hacer y no importa quien lo acometa, mientras sea una inmensa mayoría la que se beneficia de los cambios sociales. Tampoco  importa que un año dé el relevo al siguiente, tanto en cuanto se mantenga la llama de esperanza de muchas personas que estudian, trabajan, sueñan, anhelan y envejecen pacíficamente. Vale que la vida se clasifique en infancia, juventud, madurez y tercera edad, siempre que se de valor a los rostros representados en cada una de estas etapas, dicho de otra manera, son las personas las que importan. Vengo a resumir, como aconseja Schopenhauer, que lo importante siempre será la esencia humana para hacer valer lo bueno e intentar erradicar lo peor.

 “La cultura se abre camino entre los nuevos muros que se levantan y grafitea paredes con la frase pertinente que denuncia lo injusto”

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Celebración de días mundiales, ¿par qué?

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Los días de celebraciones internacionales establecidos en el calendario son de dos categorías: absurdos e importantes. Eso si, ambos tienen en común que discurren sus 24 horas y, al día siguiente, si te he visto no me acuerdo. Todo sigue igual frente a la falta de decisiones drásticas contra la hambruna, las peores enfermedades, los refugiados, o la mayor agresión posible contra el derecho a la igualdad que es la violencia de género contra las mujeres. ¿Es que todo esto interesa que siga así?

Hay tantos días conmemorativos de algo como casi los 365 días del año. Hasta este artículo, no tenía ni idea de que el 10 de mayo es el día de limpiar tu habitación, el 6 de junio el día del Yoyó, el mismo día, pero de julio, el de los besos, o que en un 12 de diciembre se celebra el día de los pensamientos inconfesables. Aplicándome este último día mundial, voy a eludir la tentación de insultar a nadie y pasar página hacia cuestiones más constructivas. Por eso me dedicaré a enunciar otros días que son muy importantes para millones de personas, los celebran bajo penalidades muy diversas, sin encontrar las respuestas necesarias que buscan y que tan justamente reclaman, no un día, sino todos.

A los estúpidos días del comienzo, se contraponen otros que casi todos conocemos, y de los que casi todos pasamos si no nos afecta directamente.. El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer; el 21 de marzo el de la Discriminación Racial; el 7 de abril se reserva a la Salud; el 12 de junio es de lucha contra el Trabajo Infantil y ocho días después se está a favor de los Refugiados; al 10 de octubre le toca la Salud Mental y al 17 la Erradicación de la Pobreza. Ya en noviembre, el 25, hay una jornada dedicada al Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. De todos los meses del año, diciembre, quizás por la llegada de las Navidades que son el preámbulo de un nuevo año, concentra muchos días y muchas causas: SIDA, Esclavitud, Discapacidad, Corrupción, los Derechos Humanos, el Migrante, para terminar con el Día Internacional de la Solidaridad Humana que se celebra cada 20 de diciembre. Asumo que va a resultar muy contradictorio reivindicar la importancia de estas fechas, para, a renglón seguido, interrogar: ¿Y para qué sirve?. Depende del asunto que se trate, para nada, no sirve para nada. En casi todos los temas de reivindicación humana y social vamos para atrás en vez de avanzar. Y lo mismo sucede con las enfermedades, porque los Estados, que son los que tienen el poder y la pasta, están ensimismados con la tecnología militar y el espacio, en vez de dedicar a la ciencia y a la investigación los recursos necesarios para dar más prontas respuestas a las preocupaciones corrientes que nos invaden, caso del cáncer, que a tantos familiares y amigos se nos lleva al cabo del año, mientras la rabia y la impotencia nos crece por dentro.

 “En casi todos los temas de reivindicación humana y social vamos para atrás en vez de avanzar”

La jornada posterior a cada día internacional es una más. Es cierto que se refleja en los titulares de los medios, pero la conciencia social, especialmente cuando se vive en la opulencia, escasea cada vez más. El periodismo libre tiene aún mucha labor por delante para denunciar todo lo que no se está haciendo, incluida la penosa y deficiente labor que llevan a cabo los importantes organismos internacionales como la ONU, junto a todopoderosas ONGs vinculadas a la riqueza, que tienen más presupuesto que cualquier país de la Asía pobre. Con tanto dinero como se ha dedicado a la pobreza en el mundo, ¿cómo es posible que cada vez haya más? No crean que caigo en la sensiblería típica del momento prenavideño, porque esta y otras muchas preguntas hay que hacérselas durante todo el año, y denunciar la creciente insolidaridad dominante frente a los grandes problemas de la humanidad como el clima, la hambruna, la sanidad, la educación y el desencuentro total entre religiones y culturas, que se da en la actualidad y que lleva a lo que todos sabemos.

Jamás debiéramos de haber entrado en este siglo con la misma mochila cargada de problemas arrastrados durante todo el XX. Estamos como al principio, y la prueba más palpable es que año tras año se repiten los mismos días internacionales contra esto y aquello, dentro de una labor que resulta más mediática que efectiva. Es cuanto menos curioso que cuando un país poderoso quiere resolver un problema, caso del ébola que podía haber llegado a Europa y  Estados Unidos proveniente de África, se resuelve casi de un plumazo. Todo lo demás, que no es poco, parecen Expedientes X sin solución a la vista. Nada nos saldrá gratis cuando dejamos a su suerte a refugiados, hambrientos y enfermos, que muy bien podría ser, todo junto, el titulo de otro día internacional, y establecer para ello una fecha que no esté ya ocupada en el calendario por otra de estas conmemoraciones que no sirvan para casi nada.

 “Con tanto dinero como se ha dedicado a la pobreza en el mundo, ¿cómo es posible que cada vez haya más?”

 

 

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Trabajo para jóvenes y perder oportunidades

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Barcelona ha perdido la Agencia Europea del Medicamento por considerarla una sede inestable.  Señalar a los culpables ya no arregla nada, por lo que vamos a dejar que sean los libros de historia quienes pongan nombre y apellido a tanto cretino. Entretanto, lo que no acepta mas espera es propiciar trabajos y sueldos dignos a nuestros jóvenes, tan pendientes como están de oportunidades dentro de su propio país. Una nación que siempre ha ido de sobrada, tanto como para ahora perder este organismo europeo con un presupuesto anual de 340 millones de euros y 1600 empresas farmacéuticas asociadas.  

 ¿A quién importa el futuro de los jóvenes españoles que buscan una oportunidad dentro de su propio país? Entre que decidimos o no decidimos salir definitivamente de la crisis económica, sin sumar otras como la catalana, España debe dejar de mirarse al ombligo y dar una salida a los millones de  aspirantes a encontrar un trabajo seguro y decentemente remunerado. Ni creo que la Unión Europea haya presentado aún un auténtico plan de choque a favor de la juventud, ni tampoco pienso que los países miembros, caso del nuestro, estén haciendo todo lo debido para la creación de primeros empleos, cuando a este debate que debiera ser central se anteponen tantas cuestiones baladíes que deprimen más que alientan.

No doy por hecho tampoco que la Unión se haya percatado que la profunda crisis en que está inmersa proviene, en primer término, de que el panorama laboral ya no se parece ni por asomo al que había en los años 80 y 90 del siglo pasado. ¿De qué sirve una Unión Europea si cuando un joven irlandés, portugués, italiano, polaco, rumano, griego y, por supuesto, español, quiere trabajar, ha de probar suerte en Marruecos o Dubai? La brecha europea, que es la distancia que cada vez separa más a ricos y pobres, se amplia en sueldo, bienestar, sanidad y educación. Es decir, todo lo contrario de lo que siempre se pretendía en Europa, como tierra de oportunidades donde las democracias debían hacer visible (en todo momento) los valores de concordia, igualdad y oportunidades. Que la UE amplíe ahora los derechos sociales, pero sin que los jóvenes tengan trabajo, es papel mojado. Ciertamente, está muy bien suscribir “un salario justo que permita condiciones de vida decentes”. Pero como dijo el propio presidente de la Comisión Europea en su presentación, “los derechos sociales no son un poema”.

 “Que la UE amplíe ahora los derechos sociales, pero sin que los jóvenes tengan trabajo, es papel mojado”

Y creo que en esta frase encierra en sí misma mucha de las claves de los problemas europeos actuales. Cataluña, que es decir España, lleva tiempo sumida en el poema épico de la política que zancadillea un despegue hacia la realidad y los hechos. Que Barcelona haya perdido, cuando lo tenía en su mano, ser la sede de la Agencia Europea del Medicamento es el mejor ejemplo de este relato fatídico que tanto daño está infringiendo a la economía de una región y de un país. La EMA, como es también conocida esta agencia de patentes médicas, tiene un presupuesto anual de 340 millones de euros, con 900 empleados fijos, 1600 empresas asociadas y 40.000 visitas anuales, con lo que hubiera supuesto todo esto para una economía como la barcelonesa. Se lo lleva Ámsterdam, Holanda, que no tenia ya poca sede de la Unión y ahora suma este portaaviones, que reforzará aún más su puerto frente a los principales españoles, que da la casualidad que son Barcelona y Valencia. Estoy esperando a que salga Guardiola a dar una explicación a tantos jóvenes que le admiran como jugador y entrenador de fútbol, primero en el Barça y ahora en el Manchester City. Tiene que decirles por qué las instituciones europeas dan la espalda a Cataluña, esa que él y los Artur Mas, Puigdemont, Junqueras, Lluis Llach y la TV3 les aseguraban que iban a vivir como marqueses dentro de la UE.

Poco consuela ya a estas alturas del daño infringido el hecho de que todo fuera una patraña o que la Declaración Unilateral de Independencia formara también parte de un relato épico, pura poesía también. Porque la inyección de optimismo que hubiera supuesto albergar esta agencia conllevaría para España una segunda luna de miel de la consecución de aquellas Olimpiadas de 1992 en Barcelona. Quienes nos lo han hurtado, con nombre y apellidos, pasaran a la historia por su mal fario. Se escribirán muchos libros del octubre español de 2017, y esta pérdida será un hecho esencial dentro de toda la patraña del desafío soberanista. Miembros de un Govern y un Parlament que solo pensaban en ellos y nada más que en ellos. Las empresas, la economía, lo que vendieran las tiendas, la huida de bancos y de capital, lo que se enseñara en los colegios o la sanidad que se ofreciese, todo daba igual. Han puesto en serio riesgo el futuro de una juventud que reclama paso, porque las insensateces de los “indepes”, como hacer perder la sede de la Agencia Europea del Medicamento, les hurta empleo y sueldo, algo que desgraciadamente en la vida tiene poco de poema y vivir del aire.

 “La inyección de optimismo de albergar esta agencia hubiera supuesto para España unas nuevas Olimpiadas de 1992 en Barcelona”

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Ni líderes, ni luces

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Hay como una veintena de problemas mundiales gravísimos, que requieren de liderazgo y luces en el horizonte. La irrupción de muchos pesos pesados de la política actual es producto del marketing rápido y efectivo, pero que luego nada aporta, al contrario. Para bien o para mal, dependemos de la relación de amor-odio entre los dirigentes de Estados Unidos, Rusia o China, a lo que hay que sumar una vieja política enfrentada al nuevo populismo. Desde luego, el panorama es como para apearse del mundo.

Nos hemos acostumbrado a que no llueva igual que a opinar sobre que el mundo puede seguir tan panchamente su vida, aunque escaseen los lideres inteligentes y con luces suficientes para llevarlo por el buen camino. Nada es un problema si la alta política internacional así lo asegura, por lo que no hemos de preocuparnos si la Antártida se derrite o el Mediterráneo se ha convertido en un mar gigantesco de refugiados balseros, huyendo de las guerras imperiales que se excusan desde siempre con mentiras.

Quitando que se cuele de por medio Cataluña y el plomo de Puigdemont, todo lo que sucede en la etapa actual de la historia gira en torno a cinco cuestiones esenciales, que son las que a fin de cuentas inclinan la balanza a la hora de decir que no hay ni lideres ni sagacidad (comprender con claridad). Se trata de EE.UU/Trump, Rusia/Putin, China/Xi-Jinping, la vieja política/Europa y el populismo/nuevos partidos y el resurgir de los nacionalismos.

El presidente estadounidense Donald Trump no lleva un año cumplido en el cargo, y ya está reñido con medio planeta. No sabe lo que es la diplomacia, y no la asumirá jamás, porque a él lo que le pone es pasar la noche viendo la televisión y durante el día usar Twitter para meterse en todos los charcos posibles. No se conoce que haya entablado amistad estable con otro dirigente mundial, y está sacando a Estados Unidos de todas las organizaciones internacionales que puede. Lo malo no es que borre a su país de la Unesco, es que nos meta a los demás en líos morrocotudos. Clinton firmó le Guerra del Golfo, Bush hijo la de Irak y Obama las de Afganistán y Siria. Es como si poco o nada hubiere que predecir respecto a lo que hará Trump.

 “Nada es un problema para la alta política, ni que la Antártida se derrita o que el Mediterráneo se llene de refugiados balseros”

Alemania se rehizo bien tras la caída del Muro, pero no ocurre lo mismo con la antigua Unión Soviética. Rusia no se acomoda a su nueva situación en el mapa, y su nombre sale a relucir en manipulación de elecciones, apoyar nacionalismos trasnochados como el de Artur Mas, injerencias a través de Internet y las redes sociales y demás. Parece sentirse cómodo en su papel de chico malo del barrio, sino fuera porque la estabilidad política de muchos países, incluida España, se ve afectada por supuestas conspiraciones que se fabrican en el laboratorio del Kremlin.

China está cercana a Rusia; aspiró a ocupar su papel de segunda superpotencia mundial; aunque la contradicción habla mandarín. Las amenazas bélicas más serias se localizan en Asia, y los intereses geoestratégicos chinos impiden disipar estas advertencias. Dejar que se enzarcen dialécticamente un Donald Trump y un Kim Jong-un, mandatario de Corea del Norte, es una temeridad global. Tarde o temprano, China tendrá que decidir con quién está. Los dirigentes actuales de Estados Unidos, Rusia y China tienen una peculiar opinión de lo que es y cómo debe funcionar una democracia. Aquí radica el problema principal y las incertidumbres para lo que pude o no puede pasar el día de mañana.

La vieja política, pongamos que hablo de Europa, está muy descolocada frente a estos escenarios. El Viejo Continente llevaba medio siglo pegado a las faldas de Estados Unidos, pero ahora, el Washington de Trump y su gobierno de magnates, va por libre. Lo mismo le pasa a Londres, que pagará muy caro el Brexit y todo lo que conlleva. Pero sucede que Bruselas ha perdido el papel de árbitro de las peleas entre gallos planetarios (Estados Unidos, Rusia y China); la ONU, como Naciones Unidas que es, se muestra un proyecto agotado, y nunca pensé que yo mismo iba a reivindicar cumbres mundiales por el entendimiento en lo que sea. No vamos a ninguna parte con el similar sentir de cada bloque, el América para los americanos, Europa para los europeos (y los refugiados recluidos en Turquía previo pago), Rusia para los rusos y China para los chinos.

Todos son tumores que propician nuevos populismos desafiantes a la vez que desconcertantes. Desafiantes porque presentar cambios, sobre todo frente a la vieja política, no está mal de partida. Pero cuando el contagio de lo ya existente (privilegios del poder) se hace patente, y afloran nacionalismos que conllevan ideas totalitarias que nos retrotraen a pasados desastrosos, ¡apaga y vámonos! El orden mundial siempre ha sido cuestión de buenos o malos líderes, intereses económicos, y del balance de beneficios de la industria militar. La población, el clima, los alimentos, las energías, el agua, la contaminación, la migración, los avances en la ciencia y la medicina, las enfermedades, el control del poder, el impulso a las democracias, frenar las desigualdades y la corrupción, por supuesto el empleo, estabilizar las economías, en especial las más pobres, cuidar los mares y velar mejor por el espacio exterior… ¡Anda que no hay cosas que hacer para que nuestros líderes estén tan reñidos!. Ni están, ni se les espera, ni tampoco demuestran olfato para atajar los problemas amontonados. Para ninis, ellos.

 “El orden mundial siempre ha sido cuestión de buenos o malos líderes, intereses, y del balance de beneficios de la industria militar”

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