ALARMA Y ALARMAS

Como beneficiario directo de la Constitución de 1978 se me hace raro disfrutar de tanta libertad a la vez que se decreta un estado de alarma. Esta alarma por los controladores aéreos no es tan real como la que padecen millones de ciudadanos que sufren problemas reales. Me refiero al paro, los desahucios, la falta de crédito bancario (tan alto y desproporcionado además), o tener que acudir a los comedores sociales para llevarse una sopa caliente a la boca. Ahora estamos en el debate de por qué esta alarma general y lo que dicen unoss y otros al respecto. El estado de alarma pasará, pero las más preocupantes son todas las demás alarmas, las individuales de cada día, de carne y hueso. Es una lástima que, por decreto, no se pueda dar carpetazo – con solución incluida- a una crisis económica que provoca al segundo tantas alarmas, sollozos y desalientos personales.

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CONTROLADORES 0, USUARIOS 10

Los controladores españoles se comunican fatal. Quieren que la opinión pública comprendamos cómo cada vez se recortan más sus sueldos y sus derechos laborales, y mientras dejan a los pasajeros tirados como pingajos en terminales de aeropuertos o en ciudades que no eran su destino vacacional sino que estaban sólo a mitad de camino. Con una crisis tan gorda y peligrosa como tiene este país, no se hace lo que han hecho los controladores aéreos. Con lo que ya tenemos encima, España tiene ahora peor imagen en el resto de Europa y quién sabe si del mundo. Los controladores, como otros gremios privilegiados de nuestro país, han ido siempre a su bola. Lo que han hecho en el puente de la Constitución ha sido la gota que ha colmado el vaso. Además de controlar en las torres de los aeropuertos, les recomiendo que den un curso rápido de comunicación y se hagan entender. Los resultados no se harán notar de un día para otro, porque poniendo a todo un país en estado de alarma, el perdón les va a costar sangre, sudor y lágrimas. El partido está ahora en controladores 0, usuarios 10.

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ÚLTIMO MES DE UN MAL AÑO

A casi nadie he oído hablar bien del año 2010. Empezábamos el nuevo siglo estrenado moneda, el euro, y con la misma moneda nos ha pagado diez años después en forma de crisis, de paro y de problemas dentro de muchas familias. La esperanza es lo último que se pierde y la salud hay que anteponerla a todo lo demás, pero si algo deseo fervientemente en adelante es trabajo para los que no tienen la suerte de contar aún con uno o lo han perdido en este periodo de crisis. Tengo buenas sensaciones para el 2011, aunque también he oído a una gran mayoría que va a ser peor que este año diez. Por lo pronto, que se vaya este a tomar por el…, y, luego,  ¡ya veremos!

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NOS QUIEREN ACOJONAR

Estos mercados a los que no tengo el gusto de conocer nos quieren acojonar. Cuando parecía que la economía española empezaba a remontar vuelo, desde fuera, no sé quién o quiénes, nos emparejan con Grecia, primero,  e  Irlanda, después. Parece como si tuviéramos que pedir (sí o sí) un rescate multimillonario que no queremos. Se meten con España porque aquí vamos cada uno por nuestro lado. Hasta para responder sobre nuestra economía, hay demasiadas voces cuyo eco proviene de demasiados sitios, algunos de poco fiar. En el desconcierto, con la guardia bajada, y el pesimismo creciendo con todo lo que se habla y se dice por demás, esos mercados están al acecho para cobrarse en algún momento una presa llamada España, que no les vamos a entregar.

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¡¡¡BUENOS DÍAS HAITÍ!!!

¡Buenos días Vietnam! es una película que protagonizó Robin Willians, en la que hacía de locotur radiofónico, y al sentarse diariamente frente al micrófono y abrirlo, gritaba: ¡¡¡¡buenos días Vietnam!!!, país desde el que emitia su programa principalmente para el ejercito noarteamericano. Sin tener nada que ver un lugar con otro, me viene a la memoria aquella buena película porque a Haití, ninguna radio le da diariamente los buenos días, nada más abrir sus micrófonos para informarnos de lo que pasa por estos lares y en el resto del mundo.

 La prensa de papel reproduce esta semana imágenes terribles de Haití, de sus ciudadanos, tirados en la calle como desperdicios, desnudos, muriendo de cólera, sin asistencia, con viandantes que pasan junto a estas personas abandonadas, aunque nadie se para a prestarles la mínima ayuda. Haití vive en el olvido, en la desidia, y los haitianos se sublevan cada día más contra la ONU. Yo ya lo estoy hace años, pensando como pienso que mejor cerrarla y abrir algo más eficaz, menos burocrático y también más transparente en datos, números y personas que dicen lo que van a hacer, y comprobar después que, efectivamente, lo hacen. En la mayoría de las veces…, simplemente, palabras y más palabras. Mientras, la gente se muere. Hay un terremoto, la llegada de la ayuda es dudosa, a quién se la entregan: como siempre, y los supervivientes enferman de cólera. Se empieza por varios casos; se dice que no va a ir a más; y ya es una epidemia de aupa con más de 1.100 ciudadanos del mundo, en este caso haitianos, muertos, dejados y olvidados a su suerte.

 En realidad, esta es la situación. Por eso no se dice ¡buenos dias Haití!, en ninguna radio. Es un país que no tiene nada que aportar, salvo la miseria. Con razón creen que están apestados: Que todo lo que les ha pasado es malo, y lo que pueda seguir irá a peor. ¡Que ejemplo estamos dando de nuevo! Los Gobiernos y los gobernantes, demasiado ocupados con la crisis, para pararse a ver dónde cae en el mapa Haití.  Me voy a oblitgar a empezar de cuando en cuando mis escritos con ese grito de ¡¡¡buenos días Haití!!!

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