PUNTO Y FINAL EN AFGANISTÁN

Publicado el día 14 de julio de 2011 en el Diario Montañés

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Hace poco me mandó un buen amigo dos vídeos a mi correo electrónico. En el primero de ellos se veía a soldados norteamericanos en la terminal de un aeropuerto estadounidense, y cómo a su paso los ciudadanos les aplaudían en un claro signo de agradecimiento por su labor en el frente. El otro vídeo era más trágico pero a la vez enternecedor y emocionante. A una base canadiense llegaban los féretros cubiertos con la bandera de los soldados muertos en Afganistán. Desde su llegada a los cementerios de destino, había algunos cientos de kilómetros. En todo el recorrido, ciudadanos de toda clase y condición, a un lado de la carretera, esperaban el paso del cortejo fúnebre para aplaudirlo, saludar, llorar o mostrar con honor la bandera por la que dieron su vida. Afganistán nos ha arrebatado a nosotros dos soldados españoles más: Manuel Argudin Perrino y Niyireth Pineda Marín. Descansen en paz, con todos los honores, el primero el de nuestro propio reconocimiento como ciudadanos a su labor, a su trabajo, a sus familias, y al resto de nuestros militares destinados en misiones de guerra.

La guerra en la que estamos en Afganistán, sí, la guerra en la que estamos en Afganistán, ha de tener ya un pronto punto y final. Los países comprometidos en este callejón sin salida no paramos de tener bajas en una misión difícil de calificar hasta para nuestros militares, que piden atacar cuando los acontecimientos así lo aconsejen, en vez de atrincherarse de los disparos a bocajarro de los talibanes, que poco a poco, a fuerza de desgaste, van recuperando el país. Nuestros dos últimos soldados murieron al explosionar su blindado, seguramente bien equipado, pero en una guerra no hay tanque que no pueda ser volado por los aires porque siempre hay un arma que supera en potencia a otra. Ni España ni nadie, incluido los Estados Unidos, quieren estar ya en Afganistán. Es una guerra que no se puede ganar, como antes les pasó a los rusos. Al final, los talibanes terminarán por hacerse de nuevo con el control, o volverán en todo o en parte a gobernar este país, tradicionalmente ingobernable. De hecho, las bases militares de países extranjeros siguen en pie mientras no se deja de hablar con los líderes talibanes sobre el futuro inmediato afgano, contando con ellos y con lo que supone su ideología y sus creencias. ¿Para qué entonces tanto esfuerzo y tantos años de presencia militar extranjera?

Es una pregunta importante para una sociedad que tradicionalmente recela de las guerras, por lo que son y suponen en sí, pero también por la forma en que se cuentan, los porqués que se dan y la manera de zanjarlas cuando confluyen intereses que a veces se apartan de la lógica. Hay otro asunto no menos relevante para dejar atrás Afganistán. En los años en que los aliados llevamos allí, hemos enterrado millones de dólares y millones de euros, que nunca han sobrado, pero es que ahora con la grave crisis económica mundial produce indignación que el dinero se emplee en esto en vez de otras cosas que, con toda razón, reclaman los ciudadanos: menos paro, no a los recortes sanitarios o mantener las ayudas sociales a aquellos sectores que más lo necesitan. España está, hoy por hoy, destinada en demasiados lugares bélicos, empleando recursos económicos y humanos muy valiosos, y la siguiente pregunta es ¿para qué? Estamos no por capricho, es cierto, porque formar parte de la Unión Europea, de la ONU o de la OTAN acarrea que te ayuden y que ayudes. Aunque todo tiene un límite y lo

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de las misiones humanitarias ha pasado ya a la historia, aunque nunca tuvo mucha credibilidad que digamos porque nuestros soldados, hombres y mujeres, morían en el campo de batalla. Ha vuelto a suceder en los casos del sargento Manuel Argudín Perrino, natural de Gijón, y de la soldado Niyireth Pineda Marín, natural de Colombia. En Afganistán ya no pintamos nada y hay que poner punto y final a esta sangría de recursos humanos y materiales que se pierden. Es un clamor también en el resto de países participantes en la misión, a la espera de recoger los campamentos e irse. La diplomacia está haciendo sus deberes de forma rápida para que los ejércitos aliados regresen a casa, todos juntos, lo más pronto posible. Afganistán será entonces una incógnita, pero eso ya ha ocurrido antes con otros lugares como la antigua Yugoslavia o Irak. Los países deben aprender a salir adelante por sí solos, aunque esto sea mucho decir cuando hablamos de talibanes. La palabra talibán se usa hoy con mucha frecuencia para definir a una persona o un hecho irracional. La guerra lo es en sí misma, y nuestros hombres y mujeres lo han dado todo. Cuando el blindado salta por los aires tras pasar por encima de la mina asesina, se rasgan familias enteras, y es obligado mostrar orgullo y reconocimiento de país a nuestras tropas que defienden la libertad en lugares tan lejanos e inseguros.

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ODIADORES PROFESIONALES

Publicado el 10 de julio de 2011 en el Diario Montañés

Escuchando por la radio los últimos datos sobre las detenciones en la Sociedad General de Autores, la famosa SGAE, me llama la atención una expresión que nunca antes había oído, la de odiadores profesionales. Decía el presentador del programa que en este país hay muchas personas dedicadas a odiar a otras, sin conocerlas y, en algunos casos, sin haberlas visto nunca o cruzado una sola palabra con ellas. En la lista negra de odiados hay muchos nombres de toda clase y condición, y me temo que las manías persecutorias tienen mucho que ver con la envidia a la española. Artistas, escritores, periodistas, famosos de la tele y, por supuesto, ricos y premiados por su trabajo, están en el punto de mira de la crítica destructiva que en la mayoría de los casos no se basa en hechos objetivos. Cuando alguien hace dinero, es que lo ha robado. Cuando alguien sufre un traspiés, enseguida sale otro con la frase tan al uso de “ya lo decía yo que iba a acabar así”. Al revés, pero también sucede con el maltratador, a quienes muchos en su calle alcahuetan porque “nunca dio mal ejemplo y era una persona muy trabajadora y buen vecino”. A lo que se ve, tener buen ojo no es cosa de todos, y caer bien o mal al prójimo tiene mucho de suerte y de casualidad.

La envidia está dentro de nosotros desde que llegamos al mundo. Hablar de envidia sana siempre me ha parecido una idiotez. La envidia es la envidia y punto. Pero odiar por odiar, eso ya es otro cantar. Nuestro sistema educativo es deficiente por muchas cosas, pero cuando no sabemos controlar el odio porque sí desde el mismo colegio, ¡malo! Por la misma regla de tres, cuando a alguien en nuestro país le dan un cargo, todo son enhorabuenas y palmaditas en la espalda. Pura hipocresía, porque cuando te quedas sin él, el teléfono no suena, los emails no llegan y los tarjetones de despedida y buenos deseos escasean tanto como escribir una carta hoy en día. La cortesía muere más cuando queda superada por la envidia y el odio.

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EL CURRICULUM

Publicado en el Diario Montañés el 26 de junio de 2011

Lo mejor que tengo de mi currículum es haber leído el pregón de mi colegio cuando cumplió cien años, pero el dato no aparece y me temo que tampoco interesa. En los curriculums profesionales de muchas personas hay excesiva frialdad. Abundan también las medias verdades que se aprecian más en la autovaloración que hacemos de los idiomas extranjeros hablados y escritos. ¿Nivel de su inglés? Casi siempre, la respuesta es media-alta. Cuando en las notas de los niños de primaria ya nos vienen con eso de “progresa adecuadamente”, no puede extrañar nada de lo que se ponga en un currículum y la manera de escribirlo. El francés, o se habla bien o se habla mal, sin medias tintas. Luego, cuando por h o por b, te hacen una prueba hablada en la entrevista de trabajo, resulta que el medio alto es en realidad ni puñetera idea.

 No nos reflejamos muchas veces en nuestro currículo como somos realmente. Hemos trasladado a nuestra ficha personal de datos académicos y profesionales el mismo lenguaje falseado que se usa en nuestra sociedad en tantos otros casos. En la carta de un restaurante de alto nivel, para comer dos huevos fritos (si te los dan), el menú lo refleja así: “huevos de gallinas que habitan a pie de montaña criadas en la acaricia del clima”. ¡Oiga, que son dos huevos fritos, no se pase usted de listo! Además, así queda mejor clavarte 20 euros en la factura, sólo por el plato con dos huevos. De vuelta al currículum, se tiende a exagerar que queda mejor que decir mentir. Suavizando los hechos no se va ninguna parte y, al final, te delatas o te pillan. Lo de que el que no se consuela, es porque no quiere, aquí no vale.

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REINVENTAR EUROPA

Publicado en el Diario Montañés el 13 de junio de 2011

Para comprobar lo delicada que está ahora la salud política de Europa, basta comparar el hecho de que ha caído primero la libre circulación sin fronteras que el mismísimo Festival de Eurovisión. ¡Quién lo iba a decir!: el primer país de la Unión que ha vuelto a instalar fronteras y pedir pasaporte es Dinamarca. El resto de socios no han dicho ni esta boca es mía, mientras los viejos países del gran proyecto común europeo racanean con el dinero, el bienestar y la inmigración. La aparición de la crisis y las revueltas en todo el norte de África y un poco más allá, han metido el miedo en el cuerpo a Europa que se aparta de los valores esenciales que son nuestras señas de identidad democráticas y que dan sentido a esta unión de países dentro de un mismo continente. El flujo migratorio, especialmente a Italia, ha sido la puntilla a esta unidad política, unidad económica y sobre todo legislación común. Dinamarca no esperó siquiera a la reunión de ministros de Interior para cerrar su frontera con Alemania, esgrimiendo que así se lucha mejor contra la inmigración ilegal. En realidad, el poder danés ha dado un vertiginoso giro, y la inmigración es la primera moneda de cambio para cerrar cualquier pacto de gobierno. La pregunta es si el contagio se extenderá. La pregunta es es si la Unión puede permitir esto, sin más. La pregunta es si Europa tiene futuro con volantazos tan drásticos como cambiar las reglas a conveniencia del momento, y con una parte de Europa que tira del carro de sus propios intereses (Francia, Alemania e Inglaterra), y otra muy distinta donde los ciudadanos están en la calle gritando no a los recortes: Grecia, Irlanda y Portugal. España está haciendo unos deberes económicos tan duros que nos dejan sin posibilidad de inversión pública en casi nada.
¿Así, cuál es el porvenir de Europa?; ¿cuál será el siguiente paso si ahora se consuma la vuelta a las fronteras interiores?; ¿qué pintamos los ciudadanos europeos en todas estas decisiones que se toman y las que puedan venir? Las dudas crecen en torno a Europa, pero no sólo por las maltrechas finanzas o la flojeza del euro. A Europa se le ha juntado todo de un plumazo: crisis, bancarrotas, división, crecimiento de la ultraderecha, de la xenofobia, también de la inmigración, y la contestación interna en muchos países ante los diversos problemas, con el paro y el adiós al estado del bienestar que se entona en muchos países. La UE se ha puesto a recortar y se ha pasado con el tijeretazo. Ya no se habla para nada de la solidaridad interregional. Es lógico que se controlen más las finanzas en medio de una crisis que no cesa y de una recuperación que no termina de llegar. Pero los principios europeos, entre los que se encuentra la libertad de circulación, están siendo puestos en cuestión sin que tampoco las voces se alcen porque la crisis enmudece y genera la opinión de una Europa arrodillada y más individualista. Sólo hay que ver cómo se ha llevado a cabo la acción contra Libia, y concretamente contra Gadafi. Cómo va a ser la Europa de los próximos años es una incógnita. Como la crisis económica, esto que pasa ahora ya se vaticinó antes. Lo apuntaron antaño los líderes europeístas pioneros. Hace muchos años pensaron que lo que no se hiciera a tiempo sería más difícil llevarlo a cabo en el futuro, porque Europa será más grande y con ella las ambiciones interiores, sin olvidar a los antieuropeístas. Aquellas predicciones se han cumplido.
Cuando más falta hace una gran cumbre europea para impulsar la UE, todo gira en torno al dinero, a los rescates, a la crisis, a la inmigración o a cerrar las fronteras. De lo que menos se habla es de Europa, de su consolidación, de sus avances políticos y sociales, de sus apuestas por un mundo más equilibrado, más unido, de unos estados más comprometidos con sus ciudadanos, de derechos comunes, de nuevas oportunidades, de un medio ambiente necesario y, especialmente, de apoyar la instauración de la democracia en aquellas sociedades oprimidas. No creo que nuestra preocupación prioritaria sea cerrar fronteras con todos los problemas pendientes que tenemos. Las Instituciones europeas siempre se han mostrado sensibilizadas con la identificación de los ciudadanos con el concepto Europa y lo que significa. Parece aparcado también tanto esfuerzo por hacer sentir todo lo que es la Unión, lo que anhela, y lo conseguido desde su constitución. De la voracidad por la ampliación a más y más países, en algunos casos incomprensible, hemos pasado a este ¡sálvese quien pueda! Dicho de otra manera: que cada país va a lo suyo en razón de sus propios intereses y de su política interior. Es algo así como si mis ciudadanos están preocupados por la inmigración, pues cierro mis fronteras; si un grupo está preocupado por las centrales nucleares, pues las elimino; o si hay una manifestación a favor de la industria contaminante, pues dejo de cumplir los compromisos medioambientales. Hay que reinventar Europa, sí, porque peligra hasta el propio Festival de Eurovisión.

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CRIMINALES DE GUERRA

Publicado el 5 de junio de 2011 en el Diario Montañés
No importa los años que hayan pasado mientras los genocidas de cualquier guerra sigan cayendo y terminen con sus huesos en la cárcel.
Ha habido que esperar 16 largos años para arrestar al conocido como el ‘carnicero de los Balcanes’, acusado de asesinar a 8.000 musulmanes, incluyendo a mujeres y niños, que fueron matados a mazazos. Sólo con escribirlo me entran escalofríos. Ratko Mladic, este es el nombre del asesino, visto aún por muchos serbios como un héroe. Como lo he visto sobre el propio terreno, el odio sigue patente en estos territorios, porque no se puede olvidar ni la guerra, ni la destrucción, ni los asesinatos, ni tampoco el papel que jugo allá por 1992, yo diría que el mundo entero, con una Europa que miró para otro lado, y ¡de qué manera miró para otro lado!
Dejamos que en pleno corazón del viejo continente tuviera lugar una guerra civil en la desguazada Yugoslavia, y que incluso durara años, y eso que no me quiero parar en lo de guerra igual a negocio de armas, pero lo cito, porque si no me quedaría cojo en todo lo que se puede contar a cerca de los desmanes de la humanidad, y este es para nota. Ahora se abre un proceso para poner al asesino en su sitio. Una detención como esta no contrapesa nada. Estoy pensando en los muchos nazis que aún siguen libres tras la Segunda Guerra Mundial y los campos de exterminio.Hay voces, que apoyo, que siguen pidiendo justicia. Otras prefieren olvidar, tapar, pasar página. De pasar página, nada. El sitio de Mladic es la cárcel, y así, hasta el final de sus días.

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