Al sillón de pensar

La diferencia entre contar con un Gobierno o no es precisamente el rumbo adecuado que proporciona distribuir y gastar unos presupuestos. Va siendo tiempo en España de que los que deciden se sienten en el sillón de pensar, y tomen los acuerdos que el país necesita en leyes, empleo, bienestar y territorialidad. De no actuar así, se irá perdiendo la confianza de los ciudadanos.

No es que con sentarse en un buen sillón, a uno le vengan ideas geniales e irrechazables. Los sillones de muchos mandatarios actuales, y no me refiero exclusivamente a la política, dan fe de que esto no es así. Corren malos años para el pensamiento y su conversión en soluciones. Prueba de ello es que las palabras sillón y pensar suelen juntarse cuando se está a la espera de dar un importante paso, pero los interlocutores encargados de llegar a algún tipo de acuerdo no son capaces de suscribirlo.

El caso más urgente que tiene ahora entre manos España es investir a un presidente y,  a continuación, nombrar de manera oficial un Gobierno, pero los asuntos para el desencuentro no hacen más que acumularse.  El consenso, que tan bien funcionó durante la última etapa del siglo XX no está ni se le espera, y ningún tema, pongo por caso las pensiones, se queda al margen del debate político, al existir insalvables discrepancias sobre la manera de asegurar la jubilación de los españoles.

“El consenso no está ni se le espera, y ningún tema, pongo por caso las pensiones, se queda al margen de insalvables discrepancias”

A lo de nuestros mayores le podemos sumar un buen puñado de cuestiones no menos importantes, relativas en buena medida al estado del bienestar, con la educación y la sanidad de inicio, sin que podamos descuidar un ápice el empleo, la derogación de la Reforma Laboral, la presión fiscal, la financiación autonómica, la inmigración, todo lo que pasa en Cataluña, y los frentes soberanistas que se abren en el País Vasco y Navarra

Con decir que la política debe dar un giro radical hacia el entendimiento ya no es suficiente porque, como la economía, se ha vuelto global y un tanto anárquica. Estados Unidos, la primera potencia mundial, está abducida por un Donald Trump que diariamente se mete en el jardín de la polémica. En Inglaterra ha surgido de repente un clónico como Boris Jhonson, coincidente en este nuevo virus anti unidad europea que se propaga, más dentro que fuera. El poder siempre ha contado con sus comodidades, pero a lo mejor hay que encargarle a Ikea una nueva línea de sillones de pensar, hablar, y ponerse de acuerdo, al menos en lo esencial.

Es cierto que todo está cambiando de prisa y profundamente. Hoy hay muchas diferentes formas de pensar y actuar, representadas en el poder. No es malo, es sencillamente la expresión más amplia de la democracia. Pero si algo requiere específicamente la democracia es el entendimiento, sobre todo cuando hay millones de parados, y nuestros jóvenes en España trabajan en unas condiciones laborales indefendibles. Precisamente hay que ponerse en la piel de todos aquellos que lo pasan mal o esperan su oportunidad, para buscar salidas a sus situaciones en los sillones de pensar (me gusta más que rincón de pensar). Que no haya aún Gobierno en España es malo para todo. Desde unas autonomías que no cuentan con recursos suficientes porque no hay presupuesto nacional, a todas y cada una de las políticas de mayor emergencia social como planes de empleo, dependencia, y la seguridad empresarial necesaria para ofrecer nuevos empleos, en especial a los jóvenes. Si todo esto no es merecedor de llegar a acuerdos, no sé lo que las fuerzas políticas, sociales y económicas entienden por lo prioritario para un país.

“A lo mejor hay que encargarle a Ikea una nueva línea de sillones de pensar, hablar,  y ponerse de acuerdo en lo esencial”

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