Ahí va un simpa

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Muchos no saben que canapero significa intruso dentro de un cóctel social en el que se ha colado para llenar el estómago, pero no sucede lo mismo con el calificativo de simpa. Al simpa le gusta el buen yantar, el buen beber y dormir en hoteles de cinco estrellas, para finalmente irse sin pagar la cuenta. No es que la crisis, la corrupción y las malas conductas sociales tengan la culpa de todo, pero creo que con los simpa cabe hacer una excepción para proclamar que de aquellos lodos vienen estos fangos.

El jeta del siglo XXI se ha cambiado el nombre por el de simpa. Irte de algún sitio sin pagar, en especial de bares y restaurantes, es el significado más al detalle de esta expresión que cobra cada vez más actualidad. El dicho popular de que quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón, nada tiene que ver con estos nuevos piratas de ciudad, que se dan a la fuga del negocio donde comen, beben, duermen o hacen como que compran, a nada que se descuidan quienes han cometido el pecado venial de permitirles el acceso al local y atenderles. El simpa es una especie social que ha vivido en todas las épocas. Lo que sucede es que la crisis también ha parido todo un ejercito de pasotas que quieren vivir bien a costa de los demás. Alguna diferencia entre el pasado y el presente sí que hay. Antes lo normal es que se fuera sin pagar del restaurante una pareja a lo más, pero ahora el grupo puede llegar a ser de cien a la vez, cada fin de semana, lo que hace concluir que son simpas organizados.

Serán los sociólogos los que tendrán que estudiar la conexión simpa-corrupción. Porque los que consumen sin pagar son coetáneos de los que entran y salen de la cárcel por dar sablazos y mordidas o saquear cajas de ahorros. Todo lo que  los mayores hacemos mal pasa en herencia a nuestros jóvenes. Lo canta Fito Paez cuando dice que “hay algo en el mundo despiadado y brutal que nos afila la mirada”, en especial la de los violentos, mangantes, estafadores, ruines y acosadores de todo pelaje. Los que corren para no pagar no tienen nada de bueno, pero correr riesgos hace gracia a mucha gente a la hora de alcahuetar malas conductas. A los simpa les gusta el lujo porque prefieren escapar de la factura durmiendo en cama de cinco estrellas, y como tentempié nada mejor que merluza o solomillo, todo ello bañado con un buen vino. Otra clase social perjudicada por los simpa son los que lo hacen por auténtica necesidad, por hambre, aunque estos no eligen hoteles de lujo ni restaurantes de estrella michelín para salir por pies sin abonar las consumiciones.

 “Los simpas conviven con quienes entran y salen de la cárcel por dar sablazos y mordidas o saquear cajas de ahorros”

En el siglo XX había una cierta educacion para tener el carné de simpa. Incluso  entornos sociales de lujo como Marbella, Palma, Mónaco o Niza contaban con sus propios simpas que hacían gracia porque, aunque no tenían donde caerse muertos, se veían sus buenas maneras en la clase por vestir y, por supuesto, sabían amenizar con anécdotas y chistes cualquier fiesta. Antes de conocerse más el término, lo que imperaba e impera mucho en España son los que jamás echan mano a la cartera para pagar una ronda de vinos. Ellos y ellas creen que no son detectados, pero de ingenuidad vive la humanidad. Cuando el agarrado entra al bar, la cuadrilla de amigos se agrupa más como para no dejar sitio en la barra al recién llegado. Al final, cualquier estrategia de defensa ante el tiñoso resulta inútil y lo mejor es cantarle las cuarenta a la cara. No se le volverá a ver por ese bar, ya que lo más seguro es que pruebe suerte en otros locales donde sea menos conocida su tacañería.

Cuando se organiza una comida de amigos en la que hay simpas detectados, lo mejor es cobrar el cubierto de antemano pero, en muchas ocasiones, ¡ni por esas! Siempre encuentran excusa para no abonar el dinero porque no conocen la expresión “pagar a escote”. También están los que quedan contigo para hablarte de algo, prefieren hacerlo en una comida o cena, y encima dan por hecho que les tienes que invitar. Los nuevos simpas están quebrando la fama ganada a pulso por los engañifas de toda la vida, y lo demuestra el hecho de que los medios de comunicación cada vez hablan más de estos casos de irse sin pagar, y también que la policía les estrecha el cerco como nunca antes. Ahora, tampoco se trata de demonizarlos, porque con todo lo que pasa en este bendito país donde los auténticos chorizos siguen en la calle, no podemos cebarnos en exceso con los que se han bebido un simple vermú que luego no apoquinan. La evolución o nacimiento de nuevos términos de calle surgen sin parar. Están los millennials (generación que se hizo mayor con la entrada del nuevo milenio e iba a cambiar el mundo). Están los Nini (ni estudia, ni trabaja), también los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparado) e incluso los JESP (Jóvenes Emigrantes sobradamente Preparados). Y, ahora, los Simpa (sin pagar). ¡Estamos apañados!

  “Cuando los auténticos chorizos siguen en la calle, no podemos cebarnos  con los que se han bebido un simple vermú que luego no apoquinan”

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