Adoctrinamientos o lo mal que hemos educado

El término adoctrinamiento nos es más común hoy por todo lo que está sucediendo en Cataluña, con su Govern, su ANC, sus escuelas y universidades. Pero el adoctrinamiento es tan viejo como el mundo. No me voy a parar en si existen mejores o peores. Pero sí en que hay que combatir todo adoctrinamiento que inculque intolerancia y  violencia.

Semejante pensador como fue Adous Huxley explica como pocos (incluso a pesar de no haber conocido las potentes tertulias de radio y televisión) lo que es el buen adoctrinamiento: “La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido en lo que sea“. En España hubo que esperar hasta año 1854 para ver en un diccionario este término, adoctrinamiento. En este punto, y ya que cito lo académico, procede clarificar que la palabra significa, exactamente, el conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda, encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.

No hay libro en el que, sin llegar a convertirse en enciclopedia de tomos, quepan todos los adoctrinamientos habidos a lo largo de la historia de la humanidad. Los  más conocidos toman la forma de bloques contrapuestos en defensa de pensamientos y maneras concretas de vivir y actuar. Como el  capitalismo o el comunismo. Ser de derechas o de izquierdas. El cristianismo, el islamismo y demás religiones. Lo que representa ser de oriente u occidente. O, nacido en este nuevo siglo, el Cambio Climático o que la tierra está mejor conservada que nunca. Y también del XXI es Unión Europea o Brexit. Pese a todos los ejemplos citados,  hoy en día nos paramos más en la forma de adoctrinar por influencia de populismos, nacionalismos y lo que se enseña e inculca en escuelas, institutos y universidades.

“Hoy nos paramos en la forma de adoctrinar por influencia de populismos, nacionalismos, y lo que se enseña e inculca en escuelas”

He procurado ser siempre precavido a la hora de expresar una opinión propia sobre escuela y adoctrinamiento, algo que se subraya especialmente al referirse a lo que sucede en Cataluña con el independentismo. Sin obviar todo el franquismo, los españoles conocimos a finales del siglo pasado el papel de las Ikastolas en el País Vasco, y resulta harto imposible reorientar estas situaciones cuando la educación forma parte tan esencial de la política y las ideas que se defiendan, en ausencia de una ley referencial de obligado cumplimiento para todas las comunidades autónomas, donde pasa que la forma de educar se ajusta principalmente a los programas que establecen los gobiernos regionales de turno, con competencia en la materia.

De esta manera hemos llegado a una EBAU (antigua Selectividad) diferente, según la región española donde te examines. Y así hemos vivido recientemente la aberración de que algunas universidades catalanas tomen partido por el independentismo, se pronuncien sobre la Sentencia del Procès, o den facilidades mediante una evaluación diferente para los alumnos participantes en las manifestaciones y disturbios que tienen lugar en las principales capitales catalanas, con Barcelona a la cabeza. 

El peor adoctrinamiento es el que se puede estar dando hoy por parte de determinadas instituciones y representantes que hacen llamamientos a la violencia (Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC), el enfrentamiento o incumplir las leyes que nos hemos otorgado, para la mejor convivencia y no el caos que se deriva de movilizar para que, por ejemplo, los disturbios formen parte del día a día en Cataluña. Las palabras siempre han sido un buen antídoto contra la intolerancia, se dé en la forma que sea, política, económica, en lo social, racial, la igualdad o la violencia sexista. Sin salir de Cataluña, en la escalada peligrosa que pilota principalmente el Govern de la Generalitat, con Torra en cabeza y Puigdemont en la retaguardia, ahora se reparten pasquines con las fotos de los periodistas que, según los independentistas, no lo cuentan como ellos quieren. No resulta difícil hacer comparaciones con el fascismo o el nazismo, porque las formas que adquieren determinados nacionalismos meten el miedo en el cuerpo, por los términos agresivos que se entonan, el intento de fabricar bombas para actuar (CDR), o lo grotesco que resulta maridar las palabras tsunami y democracia, para llamar a una movilización en las calles que contempla incendiarlo todo, incluidas las casas de los vecinos. Tener que llamar a esto adoctrinamiento, pone de manifiesto la necesidad de dar un paso al frente para reconocer lo mal que todos lo hemos hecho, en tantos y tantos aspectos, empezando por lo más básico como es educar en condiciones.

“Grotesco maridar las palabras tsunami y democracia, para una movilización que contempla incendiarlo todo, incluidas casas de vecinos”

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