Adiós a Pablo Milanés, que nos deja en este siglo maldito

Adiós a Pablo Milanés, que nos deja en este siglo maldito

El martes, 22 de noviembre de 2022, fue el día que murió Pablo Milanés. Subí a Facebook su foto, con una concisa frase: “Gracias por tanto que nos has dado”. Como en este siglo no ocurre nada bueno, hemos tenido que asumir también la fatal noticia del adiós de un trovador único, quizás el último. En un momento en que se nos va la cabeza por todo, aunque no lo reconocemos y seguimos viviendo de espaldas a los problemas, a mí me sucedía que, escuchando una canción de Milanés, ¡allá penas! De él también aprendí algo: sin compromiso, no se logra nada. Así vamos, tan cuesta abajo.

Siempre te propones escribir mejor, de manera emotiva, cuando se despide de este mundo alguno de sus grandes referentes, como es para mí Pablo Milanés. Hasta ahora, este nuevo siglo tiene muy pocas cosas buenas. Una de las peores es que no hay hacia dónde mirar a la hora de destacar ejemplos personales, nombres concretos, dentro del campo o terreno que se quiera. Los valores, diferenciar perfectamente lo que está bien de lo que está mal, lo honesto, justo, acceder a puestos de responsabilidad por méritos propios, todo ello ha perdido fuerza dentro de una sociedad que se muestra inerte, acomplejada, egoísta, irrespetuosa, que además aguanta lo que le echen, aunque parte importante de ese caudal diario de noticias que nos arrojan sean simplemente mentiras y falsedades. 

Hoy falta paz, respeto, amor, educación, solidaridad, compromiso social y conformarnos con lo que tenemos, en especial los poderosos, que están dando un pésimo ejemplo a la hora de abordar los verdaderos y urgentes problemas del planeta, como es su propia autodestrucción, impulsada por quienes lo habitamos y contaminamos a diario. Pues bien, sobre todo lo anterior, podemos encontrar canciones de Pablo Milanés, a lo largo de una extensa carrera musical, donde nunca perdió de vista la revolución, la verdadera, en la que él creía, porque la otra le decepcionó en muchos momentos, siempre por lo mismo dentro de una de las características humanas más deplorables: la avaricia.

Pablo ya no nos cantará más en este siglo maldito. Sí, pésimo. Por un Covid provocado y aún no investigado (no interesa). Tampoco le veremos encima de un escenario repudiando la guerra, como la de Ucrania, que mata a miles de personas en una parte del mundo, sin que importe un carajo a la otra, la que vive cómodamente, mirando para otro lado con el rearme y la militarización general, como hace la mismísima España (¡ver para creer!). Con todo lo que habíamos logrado en el siglo XX, lo principal entendernos dentro de algo tan hermoso llamado concordia, quienes pueden propiciarla, lo han echado todo por la borda, aunque los mayores culpables somos los ciudadanos que, con nuestra pasividad, permitimos que se practique un lenguaje lleno de agresividad dentro de la política, la economía, el periodismo o la cultura, tan desaparecida esta última. No sería necesario añadir más al respecto, pero conviene igualmente ahondar en lo intolerable de que nos hablen, como si nada, de posible “Armagedón” nuclear.

“Con todo lo que habíamos logrado en el siglo XX, lo principal algo llamado concordia, quienes pueden propiciarla, lo han echado todo por la borda”

De las tantas canciones de este trovador universal, que conocemos una inmensa mayoría, en 1976 entonó por vez primera “Para vivir”. Habría que introducirla en el sistema educativo de cualquier país que se respetará a sí mismo, e hiciera igual con los demás, no como Estados Unidos, Rusia o China, y el resto de naciones que les jalean. Porque como lo expresaba Milanés, bien cierto es que “la vida no vale nada cuando otros se están matando, y yo sigo aquí cantando, cual sin no pasara nada”.

Durante la pandemia del Covid, principalmente en los años 2020 y 2021, se oyó hablar mucho de nuestros cambios interiores. El cantante cubano presentó en 1983 la canción “Cuanto gané, cuanto perdí”. El laberinto tan oscuro en que se encuentra la decadente sociedad actual, en todo el mundo, además, tiene mucho que ver con que no valoramos y salvaguardamos lo realmente importante. “Dónde estarán los amigos de ayer, mi carro de jugar, mi calle de correr… Cuánto de niño pedí, cuando de grande logré, qué es lo que me ha hecho feliz…

Sentirnos afortunados y conformamos con todo lo que sucede hoy es absolutamente hipócrita, aunque es lo que hacemos. Metidos en nuestro cascaron, y mientras me vaya bien a mí, los demás, el resto de las cosas que suceden alrededor, que las solucione otro. Esto es lo peor, que no hay solucionadores. Y cuando emergen, nos encontramos con los Trump, Putin o Musk, el nuevo dueño de Twitter, que está haciendo peligrosos experimentos con la red social más utilizada. Así que me gustaba escuchar a Pablo Milanés, muchísimo, desde bien joven. Creo que poco sé de todo, pero hay cosas que me han calado, como cada una de las canciones de mi cubano preferido. Temas como “El amor de mi vida”, “El breve espacio en que no estás”, “Yolanda”, “De que callada manera” o “Amo esta isla”. Uno se forja de lo que le enseñan y aprende. Me siento orgulloso de haber nacido en la época de figuras tan extraordinarias. Cada cual tiene sus preferencias, no pretendo, por favor, imponer las mías, pero no atentemos a la inteligencia comparando si quiera estar todo el día pegado a un puñetero móvil, jóvenes y mayores, a escuchar tranquilamente una canción como “De qué callada manera”. En silencio, en un hospital de Madrid, a los 79 años, Pablo nos ha dejado. No quisiera terminar simplemente bien este artículo, señalando que alguien así no muere nunca, ya que pasa a ser eterno, como sus canciones. Si algo ha de dolerme, es que dentro de 20 o 25 años, preguntemos a un joven por el trovador, y conteste que no sabe quién fue. Y es que así vamos de mal en este siglo maldito.

“Mientras me vaya bien, las cosas que suceden que las solucione otro. Esto es lo peor, no hay solucionadores. Y nos encontramos con los Trump, Putin o Musk”

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