¡A gobernar!

Si hay ya Gobierno, lo que toca es gobernar. Habrá personas, como yo, que aprecian un abarcar demasiado con tanta nueva denominación ministerial. Aunque me conformo, si ha de servir para asegurarnos lo principal: estabilidad económica y territorial, trabajo, pensiones, justicia social, y una educación y sanidad salvaguardadas y hasta mejoradas.

Los españoles sabemos ya suficiente de todo lo relacionado con convocatorias de elecciones, campañas para ganarlas, perderlas o el debacle, sondeos erróneos, los debates televisivos entre candidatos, repetición de elecciones y pactos posteriores, para conseguir investir presidente a un candidato, conformando de antemano unos acuerdos inconfesables que algún día serán desclasificados, como esos secretos que guardaban los Gobiernos de Kennedy, Churchill, Stalin y Franco. De acuerdo: todo esto es agua pasada, porque ahora toca ya gobernar. Tenemos encima suficientes problemas, de envergadura, como para que la veintena larga de ministerios puestos en marcha los encaucen.

Con las denominaciones ministeriales conocidas, que son de un entendimiento de andar por la calle (Economía, Hacienda, Interior, Exteriores, Industria, Agricultura, Trabajo, Sanidad, Educación, Cultura, Ciencia, Universidades y Defensa), conviven otras nuevas como memoria, derechos sociales, Agenda 2030, igualdad, reto demográfico, movilidad y agenda urbana e inclusión social y migraciones. Suenan bien, pero han de tener y percibirse un contenido real de competencias y actuaciones a poner en marcha, para que verdaderamente la sociedad se percate de que hay cambios y movimientos respecto a cada una de estas nuevas cuestiones con las que se crean ministerios. Si se me permite la licencia, yo al Ministerio de Hacienda le hubiera añadido lo de la solidaridad entre las comunidades autónomas, y al de Industria un consultorio para comprar coche y acertar entre eléctrico, híbrido, gasolina o gasoil, contrarrestando así la caída de ventas tan grande en un país tan potente en la fabricación de vehículos de automoción como es España.

“Denominaciones ministeriales como Agenda 2030, reto demográfico y agenda urbana han de tener y percibirse un contenido real”

Mayormente, voy a centrarme en un par de temas, empezando por el reto demográfico. Con crear un ministerio al efecto no se van a repoblar los pueblos abandonados que hay en toda España. Es la economía y las decisiones realmente valientes las que recuperan territorios. Las grandes ciudades quieren todo para ellas, compiten incluso por tener los mejores museos y los grandes centros culturales y, sobre todo, de ocio. ¿Y para los municipios medianos y pequeños? Pues nada. Habría que empezar por cambiar esta vieja forma de pensar, y el Gobierno de España es lo suficientemente potente como para hacerlo posible, empezando por tomar alguna decisión de este tipo que esté en sus manos. Las áreas despobladas españolas no han de servir solo para instalar grandes complejos para guardar los residuos peligrosos. Tienen derecho a ubicar en su suelo nuevos y potentes proyectos atractivos.

Otra nueva área gubernamental que aparece en escena es la Agenda 2030. ¿Qué es? Pues tiene que ver entre otras cuestiones con la pobreza en el mundo y las consecuencias del Cambio Climático. A este último, el calentamiento global, si de verdad queremos concienciar, yo hubiera creado un ministerio específico para ello, porque al hablar de agendas la gente no se va a creer nada, y sé muy bien lo que digo. Las agendas de la ONU se hacen para no cumplirlas. Europa, que es más que España, persiguió también conseguir los 8 Objetivos del Milenio para el 2015 y nada de nada respecto a cada uno de ellos: pobreza, enseñanza, igualdad de género, mortalidad infantil, salud materna, Sida, medio ambiente y desarrollo. Es más, se ha ido a peor en todos los supuestos. No nos engañemos, hablar de cambios en estas cuestiones sin el visto bueno previo de Estados Unidos, China, Rusia y demás G-8, no sirve para nada, solo para la falsa propaganda, que es la que impera mayormente ahora.

Sin abarcar tanto, España tiene hoy cinco objetivos muy concretos, que son los que hay que echar mano de verdad. 1. Equilibrio de la economía, especialmente en el gran desfase creado entre ricos y pobres. 2. Trabajo para los jóvenes, justo y remunerado adecuadamente. 3. Pensiones, presente y futuro. 4. Financiación de las comunidades autónomas, y reparto equitativo para cada una, se llame Cataluña, País Vasco o Cantabria, es decir, recuperar con más fuerza el equilibro interterritorial. 5. Afianzar, frente a las exigencias amenazadoras de la Comisión Europea, nuestro bienestar social, representado ante todo por la educación y la sanidad. En este sentido, cabe mejorar, y mucho, la educación que reciben nuestros alumnos, sin adoctrinamientos, como pasa en Cataluña, y encauzar debidamente la sanidad, por el desajuste que supone que ricos y pobres tengan las mismas prestaciones, tirando todos de un mismo sistema sanitario cada vez más escaso de recursos. Dentro de estos cinco objetivos se pueden añadir  perfectamente otras muchas cuestiones que nos preocupan, desde más apoyo a la investigación de las enfermedades raras, a que nuestros hijos se formen de una vez por todas en el bilingüismo que supone que, sin saber inglés, no se va a ninguna parte. En definitiva, a todo esto se le llama gobernar y tomar decisiones que favorezcan al conjunto de los españoles.  

“España tiene cinco objetivos concretos: equilibrio de la economía, trabajo, pensiones, financiación autonómica y afianzar el bienestar”

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