5 COSAS QUE NUNCA HARÉ

5 COSAS QUE NUNCA HARÉ

Publicado en el Diario Montañés, 4 de marzo de 2012

Es una pena, pero muchos son así. La mala educación se impone sobre el civismo normal y corriente, que ha pasado a ser como una rara virtud, y da fe que los ayuntamientos redactan cada vez más bandos sobre comportamientos y normas de conducta, que debieran ni exigirse por lógicas, pero insensato es igual a necio, y tener poco o nada de sentido. Hay cinco cosas que yo nunca haré y que tenía ganas algún día de compartir con los demás. Son las siguientes. Una. Darme el lote con mi pareja en una piscina pública. La diferencia entre cariño y estar salido se encuentra mucho en el agua donde nos bañamos más personas. Piensas, ¿me acerco y les digo algo? Al final no haces nada por si se monta follón en la piscina y el agua se tiñe de rojo, pero la grosera imagen tardará en borrarse del disco duro natural que es tu memoria. En resumen, que una cosa es el amor y otra las cerdadas que violentan lo público de uso común. Dos. Poner el móvil encima de la mesa de un restaurante. El teléfono se ha convertido en un cubierto más que se sitúa junto al plato, los cubiertos y la copa de agua o vino. Cuando te sientas a comer hay que disfrutar  primero de la compañía, segundo de la comida y tercero de la conversación. Comer y entrar en el facebook o tuitear tendría que ser un delito de mal gusto y por aburrir a quienes te acompañan a la mesa. Conozco personalmente casos de enfermos tecnológicos que no distinguen el pollo del pavo,  porque están únicamente a poner chorradas por el móvil. Jamás he vuelto a quedar con ellos para almorzar.

imagesCAXEKV6CTres. Aparcar en una plaza reservada a discapacitados. Aquí sí que la policía nunca está cuando se la necesita porque habría que dar una lección de lo que es no sentir las piernas al infractor que por sistema hurta la plaza de aparcamiento reservada a los conductores con discapacidades. Uno no se puede llamar ciudadano de nada cuando hace algo así. Queda por señalar que cuando va a recoger su coche y alguien le indica amablemente que esto no se hace, va y se pone gallito. Sí, caracartón, la calle es de todos, pero seguramente más de las personas con problemas físicos serios que necesitan de facilidades por su situación. Cuatro. Poner al niño a mear en mitad de la calle. Puedo admitir pulpo como animal de compañía con el árbol o unos arbustos, pero se me pone el vello como escarpias cuando veo poner a un niño a hacer pis en plena calle, de manera natural si no fuera porque unos instantes después alguien va a pegar a la suela e sus zapatos el líquido asqueroso, como la caquita de perro no recogida con la bolsa por el dueño correspondiente. Cinco. Ir a pecho descubierto cuando hace calor. Esta es de las mejores. En Barcelona lo han prohibido, porque es una auténtica asquerosidad y de pesadilla ver al macho velludo, sin camiseta, paseando en un día de auténtico calor. ¡Machote, pues escoges mejor la tela de la ropa según el día, pero espectáculos así los das en el salón de tu casa y no por los paseos de las ciudades! A algunos, les das la mano y te cogen el pie. La idea de sociedad actual no ayuda mucho. ¿Qué por qué? Porque aumentan los insensatos que creen que la democracia es poder pasarte las normas por el arco de triunfo, y basurear al vecino, con gestos, actitudes y manifestaciones sencillamente repugnantes.

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