2020 y más de lo mismo

Cada nuevo año supone incertidumbre, porque quién sabe lo que traerá de bueno y de malo. Me huelo que en 2020 seguirá la crisis de identidad que nos acecha, representada mayormente por el desacuerdo con el Cambio Climático. ¿Y España?, ¿continuaremos instalados en el estrés territorial que genera Cataluña? Lo dicho, la incertidumbre nos espera.

2020 va a ser una calcomanía de todo lo que hemos vivido anteriormente, porque el mundo está inmerso en un bucle que recrea, una y otra vez,  las mismas discusiones. Ocurrirá lo de esa expresión tan francesa, déjà vu, como algo ya visto, ya vivido. Nos hemos o nos han vuelto unos muermos. Antes se destacaba la cultura, las corrientes artísticas, la pintura, la literatura, los personajes interesantes, por novedosos, que ahora no dan un paso al frente. ¡Qué tiempos aquellos, cuánto se añoran!

En cambio, se habla de revoluciones, achacado casi siempre a un interés político concreto, como sucede ahora con el auge de los nacionalismos destructivos, pero no con respecto a las ideas, las respuestas y las soluciones para que la gente mejore. Para explicarlo mejor, quiero apoyarme en lo que escribió hace tantos años Aristóteles: “Las revoluciones no se hacen por menudencias, pero nacen por menudencias”. Ciertamente, estamos bloqueados con demasiados interrogantes para los que no hay una respuesta fácil, pero lo peor no viene de aquí, no, sino por el hecho del desacuerdo imperante por casi todo. La Cumbre del Clima de Madrid, por ejemplo. Ha sido un rotundo fracaso a la hora de acordar otras reglas que protejan mejor al planeta de las agresiones a las que lo sometemos, porque está en nuestro ADN humano.

No se le mete mano al problema del calentamiento global por los intereses económicos de países, multinacionales, multimillonarios, y demás organizaciones bien posicionadas en el plano político y social. Una gigantesca mentira se ha construido bajo el pretexto de que rebajar los índices de contaminación acarrearía más crisis y desempleo. Pero lo cierto es que la suerte de trabajar o estar parado se decide más por las medidas de grandes compañías que gozan de protección gubernamental, para que en un momento dado introduzcan radicales cambios tecnológicos, de robotización de las industrias y empresas, o fulminan al comercio tradicional a favor de adquirirlo todo a través de Internet.

“Trabajar o estar parado se decide por grandes compañías que robotizan industrias o fulminan al comercio tradicional a favor de Internet”

Sí, por aquí va la cosa, y 2020 será un año de jaquecas por el dinero. Primeramente, porque cada vez se concentra más y más en manos de unos pocos. A continuación, porque los Estados se muestran desbordados por su endeudamiento, de ahí que la agenda económica y de reformas impopulares se imponga a la agenda social, que es la que más nos interesa a todos, ya saben, educación, salud y bienestar general. La ayuda al desarrollo de los países más necesitados lleva camino de desaparecer de las cumbres en las que se venía hablando de ello, sobre todo aquellas que empiezan con la letra “G”, de grandes potencias.

Son las menudencias las que nos preocupan a usted y a mí, de las que ya se hablaba en la Academia de Atenas, esa de Platón, Sócrates o el mencionado Aristóteles. Sería buen presagio que la política se fijara preferentemente en las menudencias, porque el malestar creciente cobra cada vez más forma de radicalismo, y como muestra hay unos cuantos países importantes que se  llevan la palma: Reino Unido, Francia, Italia y España. En muy poco tiempo, nuestro país ha pegado un notable bajón: falta de Gobierno, presupuestos, Cataluña y una ausencia casi total de entendimiento sobre estos y otros muchos temas por parte de la acción política.  Sería fácil hablar de lo que quiere realmente la ciudadanía, pero cuando se analiza el gran número de partidos que forman parte del Congreso de los Diputados tras las últimas elecciones, aprecias muchas cosas que se nos han escapado, que no hemos sabido leer, entender, ni mucho menos solucionar. El tiempo dirá, pero desde luego 2020 va a seguir siendo un año más dentro de la larga crisis de identidad en que lleva inmerso el mundo actual, desde que entramos en este desagradable e incierto siglo XXI.

“Nuestro país ha pegado un notable bajón. Muchas cosas se nos han escapado, no hemos sabido leer, entender, ni mucho menos solucionar”

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