CON LA EXTRA NO SE JUEGA

Click here to find out more!Publicado en el Diario Montañés el 9 de octubre de 2011
Dentro de las teorías posibles del aprendizaje y el conocimiento hay una que se denomina estructuralista. La saco a colación, entre otras más raras, porque me explica que las cosas tienen que suceder como una cadena de procesos interrelacionados dirigidos a las formaciones de estructuras de actuación, creo yo que lógicas y explicables. Cuando el desconcierto impera, y las cuentas no salen, no sé yo si será bueno echar mano de las matemáticas, que tanto están fallando -sobre todo por el lado de las restas- a sociedades enteras instaladas en la crisis y sin visos de solución. Cómo explicar si no la actuación económica en la Europa actual, que en sus origines se llamó tan acertadamente la CEE, Comunidad Económica Europea. Han cambiado mucho las cosas desde entonces. La UE pide (no, mejor, exige) a sus Gobiernos asociados que contengan su déficit; no gasten; no inviertan; reduzcan y recorten; y, encima, creen empleo y riqueza a través de las empresas y sus trabajadores, mientras ponen a dieta estricta a todas sus administraciones públicas. Inteligentemente para una ocasión como ésta, Oscar Wilde pensó una vez que «el hombre puede creer en lo imposible, pero no creará nunca en lo improbable». Europa está más pérdida que un pulpo en un garaje. Se tiene en jaque a si misma porque se debate entre llegar a ser un verdadero Gobierno político, social y económico para todos, mientras al tiempo imparte doctrina férrea de que, para salir del atolladero en que nos encontramos, la solución es ahorrar y no gastar en los próximos años. En general, los ciudadanos, y los españoles somos un ejemplo destacado, hemos creído a pies juntillas lo de blindar la cartera, y somos capaces de no salir de casa por no caer en la tentación de hacer una parada en el paseo para tomar un simple café.
Y es que los hechos y las decisiones que se toman se imponen sobre lo que nos gustaría realmente hacer. El 2 de julio de este año fue un sábado negro para nuestros hermanos portugueses. Su Gobierno, por sorpresa, anunciaba que los trabajadores lusos que ganan más de 1.000 euros mensuales perderán este año una cuarta parte de la paga de Navidad. ¡Menudo hachazo en la línea de flotación de los consumidores, en la época del árbol, las bolas, el pavo, los turrones y los regalos! Si acabas así un año, ¿cómo empezará y discurrirá el siguiente? Europa y sus socios más tocados por la crisis han convertido simple y llanamente la recuperación en pedir el esfuerzo más gordo a los trabajadores. Ahora tenemos un nuevo ejemplo que surge en Cataluña, que le pide a sus médicos y personal sanitario que renuncien a la mita de su paga extra navideña. ¿No es bastante con el esfuerzo que se ha llevado a cabo ya? La respuesta tendría que ser sí. Para las matemáticas lógicas, intentaré demostrarlo con medidas muy drásticas ya adoptadas. España, Portugal, Irlanda, Reino Unido, Francia, Italia ahora, y no digamos Grecia, han hecho los recortes presupuestarios más duros de esta grave crisis, no iguales para todos sus ciudadanos, donde no todos aportan, y donde unos se sacrifican y otros muchos no (grandes fortunas).
Hablemos de esos recortes. En mayo de 2010 se bajo un 5% de media el sueldo de los empleados públicos españoles, con un ahorro de 4.400 millones de euros, dentro de un paquete más amplio de hasta 15.000 millones en gastos, que supusieron congelar las pensiones y acabar con los 2.500 euros del cheque bebé, que recibían por igual ricos y pobres (¡muy mal, por cierto!). Al lado, en Portugal, han llegado a la extra de Navidad, pero antes rebajaron el salario de los funcionarios entre el 3,5 y el 10% para ahorrar 3.240 millones de euros, recortando de todos los lados: educación, sanidad, pensiones y hasta desempleo. En Irlanda la rebaja a los empleados públicos fue del 15 por ciento y un 5% a los pensionistas (¡lamentable, por cierto!). Lo del Reino Unido es salvaje: eliminación de 500.000 puestos en las Administraciones y rebajar 19.000 millones de libras en políticas sociales. En un país de honda tradición militar, no se salva ni el Ejército, que licencia a 42.000 de sus efectivos.
¿Y Grecia, la madre de todos los recortes por aire, mar y tierra? Con lo que sigue haciendo Grecia daría para escribir un libro de diez mil páginas. La cuna de la democracia empezó suprimiendo pagas extraordinarias para funcionarios, también la perdieron los pensionistas, y en eso siguen. ¿Sólo se puede hacer esto para ahorrar?, es más, ¿es el momento de ahorrar tanto y tan duro en Europa cuando Estados Unidos acaba de decir se acabó a esta política? En el viejo continente hemos tocado techo, y ya no cabe meter más la mano en los bolsillos de los de siempre. Mientras aquí gastamos mucho en doblar más películas al catalán o no se han suprimido las llamadas embajadas autonómicas en el exterior, no es razonable pedirle a un trabajador que entregue sin protestar la mitad de su paga extra de Navidad. Si en esto se ha truncado el viejo milagro económico europeo, habrá que apelar al refrán que dice «más vale buena queja que mala paga».


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